Un talento muy osado

No soy muy fan de las efemérides. Ya saben: hoy es el día internacional de los zurdos, mañana el de la papiroflexia; el mes que viene el de las flores, y luego viene el año de jugadores de petanca y/o el centenario del nacimiento de tal o cuál prócer. Aun así, estoy encantada de que este turbulento 2021 me haya regalado la posibilidad de redescubrir a Emilia Pardo Bazán. O descubrirla por vez primera porque, a pesar de que leí Insolación hace años, solo me pareció entonces una novela divertida y picante, sobre todo, si se lee en clave autobiográfica. Frívola y obtusa que era yo antes, porque todas las obras de Pardo Bazán, incluida esta, tienen una carga de profundidad considerable. Tengo que confesar también que ella como persona no me resultaba demasiado atrayente.  Demasiado metomentodo, invasiva y desbordante para mi gusto. Como también es contradictoria: conservadora, católica a machamartillo y muy elitista por un lado, pero por otro es todo lo contrario:  vanguardista, cachonda (en la acepción decimonónica del término) e igualitaria. Todo esto y más he ido aprendiéndolo en los meses que llevo fascinada por su personaje. O mejor dicho, no por ella – dudo que hubiéramos sido amigas de haber coincidido en el tiempo- pero sí por su obra. Quizá su personalidad tan flamboyante unida a la tan injusta como circunstancial asociación que se hace de ella con Francisco Franco hayan sido las responsables de que, al menos para el gran público, Pardo Bazán fuera hasta el momento poco más que un nombre que los alumnos aprendían de memorieta en clase de literatura sin leer jamás una línea de su obra. Una obra, por cierto, que trasciende la meramente novelesca porque fue una estudiosa, una intelectual, en el más amplio y bello sentido de la palabra. Podría ahora hablarles de sus ensayos, de su controvertida La cuestión palpitante y de cómo su predicamento en esta área traspasó fronteras. Pero me interesa más hablar de sus novelas, porque, quien se acerque a ellas ahora, sin duda se llevará una sorpresa. No solo por su inmenso talento literario sino por su no menos descomunal osadía. Ignoro si sus novelas llegaron a figurar en el Índice de los libros prohibidos de la Iglesia católica, pero imagino a más de un cura escandalizándose hasta los tuétanos al leer a esta nada santa matrona de provincias. Temas tan tabú como el incesto o la libertad sexual femenina recorren casi toda su obra. Peor aún, en el caso de la libertad sexual de las mujeres, Pardo Bazán se permite un lujo al que jamás se atrevieron coetáneos suyos como Flaubert, Zola o Tolstoi. En efecto, mientras que en la obra de estos tres genios las mujeres que “caen en pecado” acaban debajo de un tren, como Ana Karenina, o recurriendo al arsénico, como Madame Bovary, las heroínas de Pardo Bazán no reciben castigo alguno. Al contrario, al menos en el caso de Asís, la protagonista de Insolación, acaban por encontrar el amor después de caer en los entonces tan funestos y prohibidos libertinajes. En cuanto al incesto, éste obviamente no es explícito, pero planea sobre sus deslumbrantes novelas Los Pazos de Ulloa y La madre naturaleza, de un modo similar al que lo hace sobre la no menos deslumbrante Cumbres borrascosas de Emily Brönte.  Me ha divertido mucho descubrir además en la obra de Pardo Bazán ciertos trucos literarios que ya habían usado con éxito Balzac, Zola o Flaubert. El famoso revolcón de Madame Bovary con uno de sus galanes en un carruaje mientras éste, con las cortinas bajadas, da vueltas y más vueltas por Rouen, tiene su contrapartida en una escena   parecida en la antes mencionada Insolación. Para esquivar la censura, tanto Flaubert como Pardo Bazán, nada describen de los trajines amorosos de los personajes sino que es el lector quien, con la información en banal que se le da de lo que ocurre fuera del recinto en el que se desarrolla la escena, imagina todo aquello que sus autores omiten. Si no se han asomado aun a la obra de Pardo Bazán no pierdan la ocasión de hacerlo. Las tontas efemérides sirven al menos para eso, para recordarnos que, más allá de las modas, de los prejuicios y también de deliberados olvidos, hay mucho talento por redescubrir. Y si este es cachondo, mordaz y tan osado como el de ella, mejor que mejor.

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5 Respuestas

  1. Bixen dice:

    Llévese al todo y cuánto su entendimiento, mas por eso mismo exijo humildemente, una subvención a dichas escuelas, por parte del Estado, de España que ni duda quepa.
    El fin justifica los medios, Carmen, que de Posadas hablamos a bien ver.

  2. Bixen dice:

    «Si me preguntasen cómo podrá España seguir existiendo, qué hacer para conseguirlo, diré que lo primero, instruirse, lo segundo, instruirse, lo tercero, instruirse, y después, desenvolverse con arreglo a su naturaleza, y con variedad y libertad, reconociendo, respetando, cultivando la intimidad de cada región.»
    Emilia Pardo Bazán

  3. Bixen dice:

    Vivo entre las avenidas Homero y Horacio. Vivo entre las calles Benito Pérez Galdós y Luis Vives. Vivo frente a la Cruz Roja más grande de México. ¡Quién dice que no vivo cerca de Emilia Pardo Bazán?
    Todavía por aquí queda algún colegio con su nombre, de hasta condesa.

  4. Edesio Doreste dice:

    A pesar que difieren, confundimos en muchas ocasiones talento y osadía. El talento natural, procede del interior, no se exterioriza ruidosamente. Ni rivaliza, ni lo necesita. La persona talentosa, suele ser introvertida. La osadía, no va sola, la acompañan la vanidad, el afán de figurar. El verdadero talento, se caracteriza por su nobleza, lealtad, no entiende nada de las miserias humanas, ni conoce la envidia. La osadía engaña al pensamiento con su malicia.

    El talento artístico, nace del esfuerzo para alcanzarlo. Un claro ejemplo, Emilia Pardo Bazán. Tuvo el privilegio de acceder a la cultura desde su infancia, algo vetado a las mujeres de su época. Que su obra no sea tan conocida, puede ser debido a su dispersión, a los muchos géneros que abarcó. Periodismo, novela, poesía, cuento, ensayo, crítica literaria, teatro. Su obra más notable, los pazos de Ulloa, se puede encuadrar en la corriente naturalista del realismo español, que sucedió al romanticismo, aplicando las teorías positivistas a la literatura. Coetánea de esta insigne escritora, otro grande de nuestras letras, Benito Pérez Galdos, que muchos estudiosos se lo han encasquetado como su pareja sentimental, sobre todo, a raíz de la correspondencia que intercambiaron. Algo discutible, porque Don Benito, fue siempre un furibundo misógino.

  5. Susana dice:

    Gracias por la recomendación. Un saludo

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