Reseña de «La leyenda de la peregrina» en eldiario.com

Una joya legendaria en manos de mujeres extraordinarias

La novela sobre la historia real de la perla más valiosa del mundo, un obsequio para Felipe II que acabó en el joyero de Elizabeth Taylor.

UNA PERLA ÚNICA Y MUCHAS PREGUNTAS, POR CARMEN POSADAS

Todo empezó con cierta joya familiar olvidada y reaparecida tras la muerte de mi madre, un anillo con una gran piedra azul. Ella la había heredado de mi abuela en forma de colgante, que a su vez la recibió de la suya siendo entonces un broche y que aquí sigue, cuatro o cinco generaciones más tarde, distinta en cada una de sus reencarnaciones, pero eternamente joven después de ser testigo de tantas vidas y pasiones, de tantos sueños cumplidos o plegarias no atendidas.

Si los objetos hablasen. Si fueran capaces de contarnos sus secretos más inconfesables. También los más alegres, divertidos y hasta chuscos porque de todo deben de haber visto estas joyas.

Yo no sé hacer hablar a los objetos, pero La Peregrina, la perla más codiciada de todos los tiempos. habla por sí sola. Lo hace desde los cuadros de los grandes maestros que a lo largo de su existencia la pintaron: Antonio Moro, Pantoja de la Cruz, Van der Hamen, Rubens, Velázquez… Y habla además desde los libros de historia y desde las memorias de ilustres viajeros como la controvertida condesa DʼAulnoy que, al verla un caluroso día del Corpus prendida en el sombrero de Carlos el Hechizado la describió como «Extraordinaria y tan gruesa como una perita pequeña». O el duque de Saint-Simon, que la admiró en tiempos de Felipe V y también la menciona en sus memorias.

Con estos mimbres he ido trenzando su historia. Lo más difícil ha sido resistir los cantos de sirena que intentaban arrastrarme hacia las muchas y falsas leyendas que se han tejido alrededor de La Peregrina, cuyo nombre, por cierto, no se debe al hecho de haber peregrinado de mano en mano a lo largo de tantos siglos, sino que tiene que ver con otras acepciones de la palabra, que sirven para describir aquello que se considera raro, extraordinariamente bello o único.

La Única, la Sola, la Solitaria… con estos nombres se la conoció también en alguna de sus muchas vidas, pero ¿por cuál de todas ellas empezar? ¿Por la primera, cuando un esclavo la encontró en el Archipiélago de las Perlas allá en Panamá? ¿Por el momento en que llegó a manos de Felipe II? ¿O debería tal vez empezar por la (pen)última de ellas, cuando Richard Burton se la regala a Elizabeth Taylor un día de San Valentín?

UN APUNTE ARGUMENTAL

La Peregrina es, sin duda, la perla más famosa de todos los tiempos. En el siglo XVI, el esclavo que la extrajo del mar logró comprar con ella su libertad. No mucho tiempo después, y dada su rara belleza, llegó a manos de Felipe II, comenzando así la leyenda que desde entonces la acompaña y según la cual las grandes perlas propician tanto grandes amores como grandes conmociones.

Reyes y reinas, aventureras, espías, artistas, ladrones, asesinos… por manos de estos y otros muchos notables personajes ha pasado la Peregrina hasta llegar a las de Richard Burton que se la regaló a Elizabeth Taylor, sellando así una de las historias de amor más sonadas del siglo XX.

Carmen Posadas escoge como protagonista de esta ambiciosa novela de novelas a un objeto y, al narrar su azarosa e increíble trayectoria, descubre apasionantes y muchas veces inéditos retazos de quinientos años de historia.

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