¡Qué vivan los tópicos!

Al morir, Gustave Flaubert dejó dos obras inacabadas. Una cuenta la historia de dos burgueses tan obvios como absurdos, Bouvard y Pecuchet; la segunda, que pensó incluir como apéndice de la primera, lleva el título Diccionario de las ideas recibidas. Bajo el subtítulo  Catálogo de ideas y opiniones elegantes, Flaubert fue recogiendo a la largo de su vida un compendio de todos los topicazos, lugares comunes y bobadas que la gente repite y hace suyos. A veces para quedar bien o darse pisto o porque están de moda, otras simplemente porque los clichés evitan pensar. Como digo, el catálogo tenía forma de diccionario, y he aquí algunas entradas: Bajo el epígrafe “Incendio”, por ejemplo, Flaubert escribe:  Úsese siempre antecedido de “pavoroso”. De “Fiat lux”, frase latina que significa “hágase la luz” y remite a la primera orden que da Dios cuando está en proceso de crear el mundo, el autor de Madame Bovary aconseja: Úsese siempre y en exclamativo al encender un quinqué o la iluminación a gas: ¡Fiat lux! “Erección”: Mencionar solo al hablar de monumentos. Y, por fin, cuando se hable de un aristócrata” y/o un “noble Flaubert explica que lo preceptivo es despreciarlos y luego envidiarlos. A través de estos y otros muchos términos y expresiones, realizó él un interesantísimo retrato de la burguesía de mediados y finales del siglo xix, una sociedad pacata, hipocritona y con aspiraciones cultistas que se maravillaba ante lo que creía que debía maravillarse y denostaba todo lo que le parecía poco elegante o, simplemente, no entendía. Como las palabras son grandes delatoras y perfectas traidoras de todo lo que queremos ocultar y, sin querer, acabamos proclamando a los cuatro vientos, modestamente intentaré hacer el mismo ejercicio que Flaubert. He aquí mi lista de topicazos flaubertianos del momento. “Distopía”: Úsese para todo lo que tenga visos de novedad no deseable: una sociedad distópica, una ley distópica, una idea distópica, incluso un gazpacho o unos huevos con jamón distópicos. “Negacionista”: Antes se aplicaba solo a aquellos que negaban el Holocausto. Ahora se puede ser negacionista de todo lo bueno y todo lo malo: del cambio climático, de las vacunas, de la democracia, de los impuestos… Utilísimo vocablo porque sirve para hacer bandera de cualquier creencia por muy imbécil que sea, pero también puede usarse de arma arrojadiza para acusar a otros de bordes e insolidarios: ¡Eres un negacionista! “Sostenible”: Otro término fundamental para los Bouvard y Pecuchets de estos tiempos. Úsese para todo. Nadie sabe exactamente qué significa, de modo que se puede aplicar a cualquier cosa. Un jersey puede ser sostenible pero también puede serlo un país, una iniciativa, un chicle de menta, un consolador, una petunia. “Relato”: Donde antes se decía “verdad”, ahora se dice “relato”. No es lo mismo, de hecho relato se parece más a una mentira que a una verdad, pero da igual, úsese a discreción, nadie va a llamarle mentiroso. “Reto”: Alguien descubrió que cuando un problema es gordísimo (la paz mundial, el hambre en el mundo, etcétera) en vez de intentar solucionarlo basta con cambiarle el nombre. Reto suena más elegante y políticamente correcto que problema. Curiosamente, a los problemas con los que nos enfrentamos cada día también les hemos cambiado el nombre, ahora se llaman la problemática. “Nuestra problemática es que no sabemos dónde ir de vacaciones” o “Tengo una problemática con mi asesor fiscal”. Podría seguir enumerando palabros pero se me acaba el espacio y quiero reservar estas últimas líneas a mi bobada favorita, el término fascista. ¿Han visto ustedes palabra más útil que esta? Llama uno fascista a alguien y queda inane, catatónico, sin poder de reacción. Incomprensible, realmente. Porque ¿quién es un fascista según la jerga actual? Simplemente todo aquel que no piensa como usted, de modo que úsese con profusión. ¿Por qué será que nos gustan tanto los lugares comunes, las ideas recibidas y los topicazos? Estoy buscando mi propia explicación a la “problemática” pero mientras tanto aquí les dejo la de Flaubert. Él decía que se trata de mecanismos de economía cerebral que evitan el esfuerzo de pensar, leer o investigar. Yo añadiría que son una bendición para políticos y formadores de opinión a los que le viene de perlas que no hagamos ninguna de estas tres cosas.

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1 respuesta

  1. Edesio Doreste dice:

    El uso del término fascista, está anticuado. Los socialistas o comunistas, lo utilizan peyorativamente para desprestigiar a sus oponentes. En tiempos republicanos, se denominaban antifascistas, para no identificarse como marxistas y captar voluntades, sobre todo entre los intelectuales. Podrían utilizar en su lugar, el término capitalista, pero se retratarían ellos mismos. No conozco a ningún político de ideas comunistas, que sea pobre. Me parece antidemocrático. Se deben respetar las ideas de los demás, vivimos en una democracia.

    Se entiende como tópico, una idea, opinión o expresión estereotipada y poco significativa, que pierde su valor por utilizarse con frecuencia, o por ser demasiado conocida. No debe confundirse con tópico lingüístico o literario.

    Los tópicos se suelen utilizar también para simplificar una idea o para disimular una verdad, especialmente en un discurso político. Casi todos los párrafos de los textos informativos comienzan con una oración tópica, que adelanta lo que se va a explicar. Detestable, su uso en la actividad política. Algunos ejemplos: «Voy a ser breve», expresión que precede a una perorata infumable. «No pretendo ofender a nadie, pero …», preludio de algún comentario altamente ofensivo. «Me alegro que me haga esa pregunta …», para luego responder lo que venga en gana. «Esto lo digo alto y claro», expresión absurda. «Líneas rojas que no hay que traspasar», en política deven existir tantas líneas rojas que no hay manera de moverse sin traspasar alguna. «Está en su ADN», las ideologías, las aficiones o los comportamientos no se encuentran en las moléculas de información genética. «Al final pagamos los de siempre», altamente demagógica. «Con esto se abre el melón de …», puede producir la sensación de que existe una plaga de melones. «La excepción confirma la regla», usada desacertadamente por políticos y no políticos, traducción errónea de una frase en latín , «la excepción prueba la regla», en el sentido de que la pone a prueba, no que la confirma.

    Interesante artículo. A veces, sin querer, no nos percatamos que caemos en este vicio del lenguaje. Hay que procurar erradicarlo. Gracias y saludos,

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