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«Mata-Hari no sale en los libros más serios porque fue una espía pésima»

¿Cuál es el oficio más antiguo del mundo? Para Carmen Posadas, que lo ha estudiado, puede ser el espionaje. «El ser humano es bastante débil y necesitaba tener información sobre todo: los pasos más fértiles, qué los enemigos y sobre todo los amigos».

Esta tarea la hacían los espías y a este trabajo, y en concreto a las mujeres que lo ejercieron a lo largo de la historia, se dedica ‘Licencia para espiar’, el libro que el pasado miércoles presentó la escritora Carmen Posadas en el Foro Cultural de ABC Córdoba.

La cita, patrocinada por la Fundación Cajasur con la colaboración del Ayuntamiento de Córdoba llenó el Auditorio Cajasur de un público expectante por escuchar a la autora.

En su conversación con el director del Foro Cultural, José Calvo Poyato, Carmen Posadas ha insistido en que su libro, publicado por Espasa, es «una asignatura pendiente con los espías», y es por su temperamento de niña tímida.

«Siempre he sido más observadora que participante. A los extrovertidos les gusta ser centro de atención, pero mirar lo que hace el prójimo me ha interesado. Los que nos dedicamos a la literatura somos espías», ha resumido la autora.

Por si fuera poco, conoció el espionaje de primera mano cuando se estableció con su familia en la Unión Soviética, en 1972. Su padre era embajador de Uruguay y les llamaba la atención un personaje llamado Sergei: «Sólo tenía que limpiar la nieve del tejado, pero, ¿qué hacía el resto del día?».

El resto del día ponía micrófonos con los que las autoridades soviéticas obtenían información de la legación diplomática uruguaya. El relato de Carmen Posadas se ha basado en estas pequeñas historias contadas en forma de anécdotas.

Por ejemplo, la famosa Mata-Hari «no sale en los libros porque fue una pésima espía». Contó su historia, la de una mujer perteneciente a una familia holandesa arruinada que se casó con un hombre que puso un anuncio. Desde ahí se fue a Oriente, aprendió a bailar y forjó una leyenda que no se corresponde con ser la mejor de su oficio.

La escritora ha hecho un recorrido por muchas de las más importantes que la historia ha documentado. La primera, Rahab, que logró información para que los israelitas hicieran caer las murallas de Jericó, pero también se fijó en las doncellas venenosas de India.

La redacción del libro le ha deparado historias que nunca hubiera imaginado: «Desde niñas tomaban veneno en pequeñas dosis para inmunizarse, aunque muchas morían. De mayores, un solo beso bastaba para matar a una persona».

Su conversación ha pasado por Julio César y por Servilia, que sabía que planeaban asesinarlo, pero que dudaba de si delatar a su hijo, Bruto, o proteger a su amante, a sabiendas de que en cualquier caso moriría uno de los dos.

Se ha asomado también Malinche, la amante de Hernán Cortés, que le ayudó para comprender el idioma de los mexicas, y su hijo, Martín Cortés, que fue paje de Felipe II. «España es el país menos racista del mundo, y lo digo yo que nací en Urugay», ha afirmado la autora.

Y eso porque un rey podía ser amigo de un mestizo, como era el hijo de Hernán Cortés. Así, ha recordado que Fernando el Católico promulgó en 1514 una ley que permitía los matrimonios de españoles con nativas de América. «Los matrimonios mestizos no se permitieron en los Estados Unidos hasta 1967», ha revelado.

José Calvo Poyato le ha preguntado por el ‘sexpionaje’ y ha contado cómo en la historia fueron muchas las que recibieron el encargo de seducir a hombres para obtener información. «A la Unión Soviética le gustaba ‘divorciar’ a los embajadores para emparejarlas con las llamadas ‘gorrionas’, que eran espías», ha dicho.

De la Edad Media a Catalina de Medici, Carmen Posadas se ha referido también a dos grandes agentes españolas para la Unión Soviética. África de las Heras era «la espía perfecta y montó la red para toda Latinoamérica». Como Caridad Mercader, venía de familia acomodada.

Mercader había nacido en Cuba y tras casarse con un empresario catalán se dejó seducir por la utopía comunista y fue «un personaje de Shakespeare» por su crueldad y frialdad. Acompañó a su hijo, Ramón Mercader, al asesinato de Trotsky, pero cuando se dio cuenta de que lo capturaban lo abandonó.

>> Leer la reseña en sevilla.abc.es <<

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