El fin de los Romanov, visto por los ojos enamorados de un criado.

Cuando en 1991 se descubrieron los cuerpos de la familia imperial rusa, con la excepción de los del zarevich Alexis y la Gran Duquesa Anastasia, todo indicaba que se cerraba uno de los grandes misterios del siglo XX. Los Romanov caían abatidos por los bolcheviques en el sótano de la Casa Ipátiev ante los balbuceos de Nicolás II, ya no había manera de volver a los años de Tsárskoye Seló.

Parte de esa etapa, entre 1912 y 1918, es el núcleo central de la última novela de Carmen Posadas, «El testigo invisible» (Planeta), con la que la escritora teje una trama desde los ojos de un pequeño deshollinador. «Es un periodo de tiempo sobre el que se han vertido ríos de tinta, aunque en muchos casos se desconoce qué es lo que sucedió realmente», cuenta la autora, quien conoce bien aquel país pues vivió varios años en Moscú, ciudad en la que se casó en 1972. Los ojos de un anciano que una vez fue niño son los que vuelven al pasado para recordar a las hijas del zar, de quienes se enamoró mientras limpiaba sus aposentos. Unas chicas de las que se conocen sus diarios íntimos, las cartas que se escribían, lo que le ha permitido poder entrar en el interior de sus vidas. Según Posadas, «se trata de una historia en la que suceden muchas cosas y en la que he tenido que utilizar la perspectiva de un hombre de más de 90 años para contarla».

«El testigo invisible» no era la novela que tenía pensado escribir en un primer momento, ya que su intención era una biografía de Marie Bonaparte, discípula de Freud. «Preparándolo, me pareció muy buena idea tomar el punto de vista del criado. La gente que pertenece a una clase social no tiene demasiada cercanía con sus hijos y son los criados quienes de verdad tienen más trato. Yo sabía que quería contar una historia desde este punto de vista, pero a medida que fui investigando en la vida de los zares descubrí a este personaje, Leonid Sednev, que vivió en realidad». De fondo, los inquietantes ojos de Rasputín, otro de los personajes que dan forma al relato. «Es uno de los grandes villanos de la historia junto a Hitler y Judas, sin embargo, él nunca mató a nadie. Era alguien muy controvertido porque la gente o lo odiaba o lo adoraba, no había nada intermedio. Hubo un momento en el que pasó a ser como el zar en la sombra. Era un tipo muy brillante pese a ser analfabeto y se convirtió en uno de los eslabones de esa cadena de catástrofes», señala.

Con este nuevo trabajo, Posadas también quiere hacer una suerte de homenaje a los grandes autores de la tradición literaria rusa. «Me he dado cuenta de que es un país de grandes contrastes, de grandes pasiones y grandes odios. Todo es a lo grande y miras a tu alrededor y ´Ana Karenina´ se escribe sola». Dos años de estudio y documentación para entrar hasta el fondo del alma de los personajes e ir descubriendo aspectos paralelos entre ambas personalidades. Como ejemplo, asegura que aunque en un principio le «tenía manía a la zarina», se dio cuenta de que compartían mucho de esa «timidez extrema», aunque en la corte pensaban que era una estirada.

fuente: larazon.es

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1 respuesta

  1. Juan Pablo dice:

    Maravilloso. Como toda la obra de Carmen Posadas. No puedo menos que agradecerle este terrible viaje al pasado.

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