Conferencia en la Casa del Cordón

«Apuesto por la serenidad, no por la felicidad»
La autora uruguaya ofrecerá hoy una conferencia en la Casa del Cordón

No se fía del éxito porque «es un gran impostor». Tampoco busca la felicidad «que es muy fugaz y una causa absolutamente perdida». La escritora Carmen Posadas (Montevideo 1953) apuesta deliberadamente por la serenidad: «sin ella, no tienes nada».

Premio Planeta en 1998, está convencida de que «a pesar de lo que creemos, estamos viviendo una edad de oro de la lectura». Hoy, se acerca a Vitoria, invitada por la Fundación Mejora, para impartir una charla moderada por el periodista de EL CORREO Ángel Resa. Será a partir de las siete y media de la tarde en la Casa del Cordón.

-Premio Planeta en 1998, libros traducidos a una veintena de idiomas , publicados en 40 países, no sé si ésto acarrea cambios, al menos en la autoestima.
-No me ha hecho cambiar en lo fundamental. Yo en mi vida he tenido muchos altibajos; así que ya no me creo nada, en ese sentido. Pero cuando miro hacia atrás, soy muy consciente de mi suerte, básica para todo en la vida.

-¿Y para escribir?
-Yo diría que aún más porque no triunfa quien tiene más talento ni el más inteligente sino el que está un poco tocado por la mano de la fortuna. Por eso, lo primero que yo digo todas las mañanas es: gracias.

-¿Por qué cree que gustan sus libros?
-Pienso mucho en el lector, en lo que le gustaría leer y luego, como buena sudaca, tengo una literatura muy oral. Es algo así como&hellip ven que te voy a contar un cuento. Esa es mi diferencia.

-Y en el otro lado, ¿qué debe tener un libro para que le guste como lectora?
-Una buena historia; no hay que olvidar que la literatura se inventó como entretenimiento.

-¿Le ha costado mucho llegar donde está?
-Ha sido una carrera muy larga porque yo empecé escribiendo con 15 años y publicando con 24 años. Comencé con la literatura infantil y me costó saltar a la de adultos.

-¿Por qué?
-Yo no tengo una educación formal, nunca fui a la Universidad. No me atrevía a escribir una novela; me parecía que estaba fuera de mi alcance. Y luego estaba mi padre.

-¿Le influyó?
-Mi padre era un gran lector, era ese tipo de persona que aprende ruso para leer a Tolstoi y griego para leer a Homero. Él siempre dijo que después de lo que habían escrito Shakespeare y Cervantes, no tenía nada que añadir. Por ello, me parecía una temeridad que la niña, de repente, se descolgara diciendo que quería ser escritora.

-¿Cómo se gestiona el éxito?
-No creyéndoselo (se ríe). El que se cree el éxito tiene que saber que es un gran impostor. El éxito es un espejismo. El verdadero éxito es estar contento con uno mismo y llegar a una cierta serenidad. Lo otro, es agradable, pero si no tienes serenidad, no tienes nada.

-¿Ayudan los años a conseguirla?
-Yo, deliberadamente, he hecho la apuesta por la serenidad, a diferencia de la mayoría de la gente que apuesta por la felicidad.

-¿Son incompatibles?
-No, pero buscar la felicidad es una causa absolutamente perdida, para empezar porque se limita a pequeños destellos; es fugaz. Además uno es feliz porque ha logrado algo y en cuanto lo consigues, ya dejas de serlo porque lo que quieres es otra cosa. En cambio, la búsqueda de la serenidad es distinta y más eficaz.

-Y los fracasos, ¿cómo se digieren cuando llegan?
-Los fracasos los he intentado catalogar como experiencias para aprender. Cuando me pasa algo digo Carmencita, vamos a aprender para que no vuelva a ocurrir.

-¿Se consigue?
-La vida te va pasando lecciones todo el tiempo y si no las aprendes, te las vuelve a pasar. Entonces más vale ser alumna aplicada.

-¿Qué se puede hacer con las nuevas generaciones, por dónde se les agarra para que lean?
-A pesar de lo que creemos, estamos viviendo una edad de oro de la lectura. En los autobuses, metros, tranvías&hellip todos leen. Luego está internet y gracias a ello todo el mundo no sólo lee sino que escribe, por ejemplo en los blogs. Es otra expresión de lo que ha sido siempre la literatura y las ganas de contar historias.

-¿Tiene futuro el libro de papel?
-Van a coexistir durante un tiempo y después, no lo sé. Estamos en el inicio de una revolución. En cualquier caso, el libro es un invento perfecto. Es cómodo, transportable, lo puedes subrayar&hellip y también tiene un carácter fetichista. Yo no me imagino teniendo una biblioteca virtual.

-Ahora mismo, el mundo tiene puestos sus ojos en Japón. Desgracias como ésta nos recuerdan que somos vulnerables.
-La Naturaleza, que es tan sabia, de vez en cuando nos da un toque de atención y, como le decían a César al oído, nos susurra aquéllo de ´Recuerda que eres mortal´.

-¿Qué se aprende con los años?
-A banalizar en el mejor sentido de la palabra. Lo interesante es hacer lo que te gusta sin molestar al prójimo. No creerte nada y valorar lo que tienes.

-¿A qué tiene más respeto?
-No tengo miedo a la muerte, sí al sufrimiento.

-¿Algún proyecto en mente?
-Estoy pensando en escribir una biografía, pero todavía no he elegido personaje.

-¿Y dentro de diez años?
-Seguiré escribiendo.

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