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Casa del Libro: «Cien años leyendo juntos»

La cadena de librerías más antigua de España celebró anoche su primer centenario con un acto presidido por Sus Majestades los Reyes en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Javier Arrevola conduce hoy un proyecto que inició Nicolás María Urgoiti en Gran Vía en 1923.

Un libro es un punto de encuentro, de unión. Un mismo espejo en el que se pueden mirar dos, tres y cien mil personas diferentes y que cada una saque tantas conclusiones como estados de ánimo atraviese en su lectura. Es un objeto fiel. Pasa el tiempo y ahí sigue para ofrecerte las mismas palabras de antaño, aunque ahora, la última vez que te entregas a su universo, lo abordes desde una perspectiva completamente opuesta. Un libro no falla. Y será por ello que un hombre que vio mundo, mucho mundo, como Sir Francis Burton (1821-1890) encontró su patria en las páginas. ¿Cuál es su hogar?, le preguntó al inglés, ya en el final de su vida, un periodista. No dudó en la respuesta: «Siempre, donde están mis libros». Escritor y explorador incansable, su carrera de diplomático le había llevado a residir en tres continentes distintos y a tener vivienda en cuatro ciudades europeas. Sin embargo, su casa, su refugio, estaba en los textos; y es que, cuentan las crónicas, tanto viaje desde pequeño le provocó una crisis de identidad que burló entre historias propias y de otros.

Fue esta la anécdota que empleó, en la tarde noche de ayer, el presidente de los Grupos Planeta y Atresmedia, José Creuheras, para poner en valor el peso de los libros. La ocasión lo merecía: el centenario de la Casa del Libro. Un evento para el que el Salón de Baile del Círculo de Bellas Artes se vestía de gala. La bóveda acristalada y las dos docenas de columnas dóricas de mármol abrazaban a Sus Majestades los Reyes de España a su llegada. Fue con la presencia de Don Felipe y Doña Letizia cuando dio comienzo un acto en el que, por supuesto, no faltaron los culpables de abastecer de historias todas esas estanterías de la Casa del Libro durante cien años: Nativel Preciado, Javier Sierra, Reyes Monforte, Julia Navarro, Fernando Benzo, Espido Freire, Sergio Vila-Sanjuan…

Con los presentes en sus asientos, y con los Reyes escoltados por otras autoridades, como la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, el ministro de Cultura, Miquel Iceta, y el alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida –entre otros–, un violín y un piano en directo tomaban el protagonismo del Salón para acompañar al artista y calígrafo Iván Cuiña, que, sobre el escenario, completaba un gran libro a modo de mural: «100 años leyendo juntos», firmaba en letras verdes. Pero la historia de este enorme ejemplar la iba a comenzar Carmen Posadas unos minutos después.

Javier Arrevola, director de la Casa del Libro, rompió el hielo, fue el primero en dirigirse a la platea en un discurso en el que habló de la «pasión, la humanidad y la creatividad» que han acompañado a la institución desde sus inicios en un país en el que «más de la mitad de los españoles no sabía leer», recordaba, y en la que las librerías «apenas disponían de dos centenas de títulos». Repasó Arrevola parte de la trayectoria de una institución que eliminó la barrera del mostrador entre librero y lector. «Permitió tocar y sentir los libros» en la misma tienda. Una práctica, continuó, tan «innovadora» como lo fue el propio acompañamiento de José Ortega y Gasset.

La Casa del Libro de la entonces conocida como avenida de Pi y Margall se convertía en testigo directo de los acontecimientos de la historia y en un lugar «destacado» en el mundo de la «cultura y el entretenimiento», apuntaba el director; sobre todo, en nexo entre autores y público. «Fue la vocación con la que nacimos y con la que seguimos». Un «ADN inmutable» en el que se mantienen los valores de la fundación: «Pasión por los libros, creatividad, cercanía y compromiso». Principios que le han permitido ser hoy la «única propuesta especializada» consolidada y contar con una plataforma digital que compite de tú a tú con las multinacionales en España e Hispanoamérica. «Estamos en el mejor momento de nuestra historia», destacaba un Javier Arrevola que también aportaba datos: «Uno de cada cinco libros que se adquieren en España, se compran en la Casa del Libro». Y todo, «a pesar de las dificultades que hemos pasado en los últimos años, la irrupción de las grandes plataformas y el abuso de lo inmediato».

Arrevola hacía un brindis por «otros 100 años más» y Esther Vaquero, conductora de la ceremonia y presentadora de Antena 3 Noticias, daba paso a la «madrina» del acto, otro gran nombre ya grabado en la historia de la Casa del Libro, María Dueñas. Frente a Felipe VI, la escritora no dudaba en retroceder unas décadas para recordar que fue Alfonso XIII, bisabuelo del Rey, el que inauguró aquella Gran Vía incipiente donde la revolucionaria librería ya se había hecho un hueco entre los madrileños y en la que el propio monarca no dudó en entrar, como recordaría Creuheras más adelante «para orgullo de la Casa».

Quiso Dueñas hacer hincapié en lo novedoso del formato que introdujo aquel establecimiento que hoy se mantiene en Gran Vía, 29, «junto al espíritu original», añadía: «Contribuye al tejido cultural, estimula la economía local y nos hace mejores personas con sus espacios cómodos y hospitalarios en los que se recogen nuestros trabajos como escritores». Pero más allá de la propia institución, la autora tuvo palabras de agradecimiento para toda la gente que porta los inconfundibles «uniformes verdes», los dependientes, «capaces de deletrear un apellido endemoniado, dar con títulos imposibles o encontrar un libro rebelde que se nos escapa». Son los libreros, en sus palabras, «los que conocen el fondo bibliográfico y las novedades, las tiradas más pequeñas y los clásicos, lo universal y lo próximo, lo efímero que es flor de un día y la gran literatura. Saben lo que necesita un adolescente confundido, un aprendiz de héroe, un poeta que arranca a escribir o un niño inquieto. Aconsejan libros imprescindibles para quienes quieren un refugio», destacó de unos profesionales que «jamás se atrincheraron detrás de un mostrador», terminaba Dueñas.

Tras su intervención, un coro de 23 voces irrumpió en el acto para cantar el himno del centenario: «En la Casa todo pasa», entonaban en una de las estrofas que hacían referencia al año de fundación. Otra embajadora de la Casa del Libro, Carmen Posadas, salió a continuación para abrir ese gran libro del principio. No duraron mucho sus páginas en blanco. El comienzo del segundo centenario daba inicio de la mano de la escritora de «Licencia para espiar»: «Entré en la casa que guardaba más de 100 años de lecturas. Entonces pensé…». Suficiente para que los presentes continuaran la historia una vez finalizado el acto, durante el cóctel.

Pero antes de que el público diera rienda suelta a sus fantasías sobre el papel, como invitó Vaquero, José Creuheras tomó el micrófono en «un día muy especial», empezaba diciendo en una intervención en la que quiso reconocer la labor del padre de todo esto, Nicolás María Urgoiti, fundador de la que es hoy «la cadena más antigua de España». Se dirigió el director de los Grupos Planeta y Atresmedia a Sus Majestades para agradecerles su colaboración en «hacer una sociedad mejor» y por «poner empeño en todo lo que hacen; siempre volcados con las artes y, en especial, con el libro». Además, invitó a Don Felipe a hacerse una foto como la de Alfonso XIII de hace un siglo. «Sería bonito, aunque no veremos la exposición de dentro de cien años», reía. Contó Creuheras que cuando tiene dificultades acude a «un amigo», el libro. De una ayuda fiel e inspiradora. De las páginas le surgió una reflexión que quiso compartir en el Círculo de Bellas Artes. «Una doble etimología», presentaba, de las palabras «casa» y «libro»: «En el siglo VII, San Isidoro de Sevilla definió “casa” como un refugio hecho por ramas. Y nosotros queremos que la Casa sea un refugio para el lector y el libro». Siguió el presidente de los grupos Planeta y Atresmedia con la palabra «liber»: «Tiene que ver con la corteza de la rama con la que se hacía la pasta del papel. Lo que conceptualmente nos lleva al término de refugio, a ese momento mágico en el que el autor escribe en soledad, en el que, aunque muchas veces no lo sepa, contacta con el lector y produce momentos de alegría».

Es ese mismo refugio, hogar, casa, es el que José Creuheras, como máximo responsable de la cadena, junto a las 15.000 personas que conviven dentro de ella, quiere que sea la Casa del Libro para cada uno de los ciudadanos que se introduzcan en ella.

Aprovechó José Creuheras la ocasión para hacer una petición. Delante, entre las muchas personalidades que se dieron cita en el Círculo, estaba un hombre recién llegado del Congreso Internacional de la Lengua celebrado en Cádiz, el académico de la RAE Víctor García de la Concha, y a él quiso dirigirse, en especial,

el presidente de los Grupos Planeta y Atresmedia. «Me gustaría que se incorporara un acrónimo en la próxima reunión de la Academia. Una mezcla de dos palabras: “Colega”, persona que tiene la misma profesión que otra y persona con la que se mantiene una relación de amistad, según la RAE; y “competidor”. Acepten “colpetidor”», incitó Creuheras sobre un término que «a los políticos os sonaría muy bien y a todos nos iría mejor», dijo, ahora sí, mirando a los mandatarios. Se cerraban así unas intervenciones que dieron paso a un pequeño recorrido por la exposición conmemorativa del centenario.


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