Antes los escritores eran bastante más combativos

Sandra Ivorra Su última novela se titula El testigo invisible, ¿quiénes podrían ser actualmente esos testigos de los que habla?
Ahora me parece que todos los testigos son demasiado visibles. El protagonista de mi libro es un caso especial porque es un niño deshollinador que se podía colar por orificios imposibles para escuchar lo que estaba pasando.

¿Podría repetirse en España la historia de la Rusia imperial?
La historia nunca se repite exactamente igual, pero sí que es cierto que hay cosas parecidas.

¿Cómo cuáles?
Por ejemplo, el movimiento 15M es similar al que surgió antes de la revolución rusa. Tanto el 15M como los soviets, que significa asamblea, tenían una dificultad. Como todo se decide por votación, son muy inoperantes y al final no se toman muchas decisiones.

¿Tienen algo más en común España y Rusia?
Yo creo que los rusos son como los españoles con todas las virtudes y todos los defectos elevados al cubo. Son muy apasionados, por eso les gusta tanto España y vienen muy a menudo. Se encuentran como en casa.

Usted vivió una temporada en Rusia, ¿sentía que tenía alguna deuda pendiente con ese país que le ha llevado a escribir sobre él?
Yo me casé en Moscú y tuve la ocasión de conocer a bastantes rusos y una vez que conoces a uno normalmente no se te olvida porque, como digo, tienen esa forma de ser tan apasionada. Yo sabía que algún día iba a escribir sobre Rusia, pero no sabía que iba a escribir sobre la familia Romanov.

¿Por qué contar la historia desde el punto de vista de un criado?, ¿es por lo fisgones y cotillas que se dice que son?
Los criados son los verdaderos testigos invisibles. La gente incluso habla delante de ellos sin darse cuenta de que están ahí y se enteran de intimidades increíbles.

¿Qué hay de mito y qué hay de realidad en su novela?
El personaje central existió y, aunque no estuvo presente en todos los acontecimientos, yo he utilizado otros narradores para que sea más verosímil. De lo que él no pudo ser testigo directo, se lo contaron y así he rellenado los huecos.

¿Ha sido difícil no centrarse en el personaje de Anastasia?
En la historia hablo de la falsa Anastasia porque era una mujer que era un genio. Consiguió engañar a todo el mundo durante 60 años y murió haciendo creer que era la verdadera anastasia. Tuvo la mala suerte de que sus parientes hicieron cotejar una muestra de ADN extraída de una operación de apendicitis, con los restos que aparecieron en la mina de Ekaterimburgo y así se descubrió que era falsa. Pero si no, hasta el día de hoy pensaríamos que la verdadera.

¿Es un reto escribir sobre acontecimientos históricos?
Es verdad que me he tenido que documentar mucho, pero es una época tan apasionante que incluso ahora que he terminado el libro sigo leyendo sobre ella. Me he enganchado.

Hace poco el escritor Antonio Muñoz Molina afirmó que los literatos de este país no se implican en la crisis española actual, que están ausentes ¿Está de acuerdo con estas declaraciones?
Es verdad. Ha habido otras épocas en las que los escritores han sido mucho más combativos. Por ejemplo, en los años sesenta los intelectuales tenían una conciencia social más importante que ahora.

Dentro de la literatura es considerada un mito erótico…
¿Sí? no tenía ni idea, pero me encanta saberlo.

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