Algunos trucos de seducción

Ahora que alumbra un nuevo año y a saber qué nos traerá (esperemos que no se parezca demasiado a sus dos antecesores) me gustaría inaugurarlo hablando de frivolidades. [El motivo,  es que tengo la impresión de que me estoy volviendo un poco abuela  cebolleta últimamente. O señorita Rottenmeier, sacando a colación semana tras semana algún nuevo dislate del variado repertorio que nos depara la actualidad. Por eso, para darle la bienvenida al 2022, voy a hablar de seducción. Hace varios años escribí para otro medio un artículo sobre el mismo asunto, en el que hablaba de cierto truco que aprendí de una maestra en seducciones   Es tan simple como infalible y consiste en alabar a quien quiera uno camelar su virtud menos destacada, da igual igual que se trate de un ligue, un cliente, un socio, etcétera). A un guapo, o guapa, por ejemplo, le aburre hasta las lágrimas que les hablen de su físico. Es más, les fastidia e incluso les deprime, porque ellos se consideran mucho más que una cara bonita. Lo mismo ocurre con una persona inteligente, hablar de sus dotes intelectuales es otro aburrimiento supino, como si no los  conociera  de sobra. Aun así −y el dato vale la pena tenerlo en cuenta−, como la vanidad anula hasta la inteligencia más preclara   de modo que  el Einstein de turno cae como un pichón cuando se le  dice que es sexi.  ] Aunque sea más feo que pegar a un padre, da igual. Primero porque  en efecto  hay  feos muy sexis y segundo porque, al ser esta una cualidad que depende de los gustos de quien mira, resulta perfectamente verosímil que uno encuentre sexi hasta a Quasimodo. El mismo truco es extrapolable a otros muchos atributos. Así a un tonto le encanta que le digan que es perspicaz, a un inculto que tiene sabiduría natural, a un tipo que solo se interesa por su físico que es un filósofo en potencia y a un empollón que es divertidísimo y súper enrollado. ¿No me creen? Hagan la prueba, la vanidad es el arma más  útil y letal cuando se trata de seducir a alguien. Eso sí, hay que adular de modo  verosímil la gente es fatua pero no tonta. Existe otro truco igualmente infalible a la hora de enamorar a alguien, pero me temo que este es un poco más complicado porque tiene por aliado a la verdad. A la verdad, sí, porque  a pesar  de que todos asociamos seducción con trampa, con camelo, con engaño, los seductores más grandes son los que no recurren  a ninguno de estos tres elementos. Esta lección la aprendí observando a uno de los hombres que más corazones ha roto, Luis Miguel Dominguín. Lo conocí cuando él tenía ya unos cuantos años, de modo que no me afectó su infalible truco ni caí envuelta en llamas. Pero sí pude, con la tranquilidad de ser inmune, estudiar su  técnica  y es esta.  Nada enamora tanto como el amor (siempre que uno sea más o menos querible, se entiende). Luis Miguel las enamoraba  porque él a su vez se enamoraba de todas. De unas diez minutos, de otra un día, de  la siguiente un mes, un año, casi nunca más de eso. Pero durante ese tiempo, durase lo que durase, no existía para él  en  todo el  universo mujer más irresistible ni ser tan angelical, sublime y extraordinario  que el objeto de sus amores. Y, cuando esto ocurría, el Luis Miguel enamorado se convertía en el compendio de todas las virtudes masculinas imaginables. No solo era el hombre enormemente atractivo que siempre fue. También era el más detallista, comprensivo, generoso, entregado y, por supuesto, enamorado hasta las trancas. Me sorprendió hace poco leer que ese amor tan intenso como fugaz era también el arma  de Giacomo Casanova. Así lo confiesa él en sus memorias. Lamento no tener a mano el pasaje para citarlo verbatim, pero dice  más o menos que su mayor gozo en esta vida  no fue ser amado por tantas mujeres sino amarlas a todas. ¿Curioso verdad?  Lástima que  truco tan bueno no se pueda fingir (por muy bien que se finja, no cuela o cuela muy poco rato) pero   al menos puede servir de advertencia a navegantes. Si alguien ve que un hombre o una mujer sensacionales caen rendidos a sus pies, que antes de enamorarse  también revise el currículum sentimental del interfecto. ¿Está lleno de corazones rotos? Mejor huir como la peste, seguro que se trata un Dominguín o un Casanova en potencia:  Hoy te adoro y mañana ¿Cómo era que te llamabas, monina?

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3 Respuestas

  1. Joaquín Andúgar dice:

    Buenas tardes Carmen Posadas….

    Vaya por delante que a nadie le gusta que le roben…

    Por tanto la Ley del copyright es legítimo el reclamarla…

    Pero Internet es una Cueva de ladrones… Con las galletas… Estudios de Mercado según gustos personales casi siempre inducidos… Te venden hasta Sexo por Internet…

    Por supuesto que también hay cosas buenas faltaría más…

    Pero hay tanta pobreza en España… (Más después de 2 años de Pandemia)… Que hay miles de Conexiones a Internet que por barato que esté… en qué se ven de pagar sus dueños…

    Y claro ante tanta Precariedad de un País Bananero que ha Vivido el Espejismo del Estado del Bienestar…

    Los pobres no podrán leer tus libros… Si no los piratean…

    Yo no lo Voy a hacer…

    Además quiero hablarte de una Inmoralidad de la Red…

    Para acostumbrar a la gran Masa a ser consumidores de Internet… Se colgaban contenidos de todo tipo en determinados portales… con enlaces de Descarga….

    Luego cuando ya estás acostumbrado a Consumir… Cerraron el grifo de las Descargas…

    Es un poco el juego del Malo y el Bueno… el Bueno y el Malo… En Relación a un Estallido Bélico en Ucrania…

    ¿Quién es el bueno y quien el malo?…

    Si hay guerra los dos malos…

    Aprecio mucho tu pluma… y aunque no te sigo diariamente… No quisiera que me bloquearas…

    Un Saludo… y que Jesucristo Vivo y Resucitado… El que Puso el copyright… No Robarás… Te bendiga a ti… y a los pobres que quieran leerte para que lo puedan hacer sin piratear…

  2. Susana dice:

    Halagar a la gente para manipularla es muy cínico.

  3. Edesio Doreste dice:

    Sin lugar a dudas, uno de los factores más importantes en nuestra vida, es la necesidad de sentirse valorado, deseado y querido por los demás. Sobre todo, lo que piense la persona que nos atrae, ayuda o perjudica, o nos hace sufrir de una forma muy significativa.

    Por regla general, cuando una persona nos atrae de forma casi misteriosa, intrínsecamente, aunque a simple vista no lo parezca, dicha persona también siente atracción por nosotros. Bien es cierto, que las interacciones sociales y las relaciones afectivo sexuales fluctúan, acercándonos o alejándonos de esta persona. La solución a esta incertidumbre es la autoestima, empezar por seducirse a uno mismo para seducir a los demás.

    El autoconocimiento, nos ayudará a ofrecer a esa persona, lo que somos de una forma atractiva y sin trucos. Primeramente, se ha de identificar nuestras cualidades, el por qué se gustamos a uno mismo, y cómo gustar a los demás, respetando la identidad de cada uno, así como de las situaciones que se van a generar. Además, hay que comunicar con precisión los apetitos e intereses de forma adaptada a la persona y al contexto o historia que se tiene delante, para intentar abastecer las tres necesidades que compartimos: la sexual, la emocional y la racional.

    A tener en cuenta también, que la obsesión por seducir, es sinónimo de fracaso. Tenemos que aprender a salir a divertirnos y no a ligar. Ligar sin ligar, debería ser nuestro eslogan. Tener miedo a los resultados hará que le demos demasiada importancia a una cosa tan simple e inofensiva como conocer a gente nueva. 

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