“Todos tenemos un poco de ángeles y de demonios”

La escritora Carmen Posadas no cree “ni en lo malísimo ni en lo buenísimo”, sino que considera que “todos tenemos un poco de demonios y un poco de ángeles”, un rasgo que también define a Beatriz Calanda, la protagonista de su último libro, La maestra de títeres. Esta novela hace un recorrido por la España de los últimos 60 años de la mano de Beatriz Calanda, una gran dama de la jet-set madrileña, casada en cuatro ocasiones y carne de las revistas de la sociedad, de quien, sin embargo, muy pocos conocen sus orígenes.

La autora, que la semana pasada participó en el ciclo Diálogos de Medianoche que organiza la Fundación Caja Navarra, asegura que su nueva obra “es una apuesta arriesgada” porque ha tratado de hacer “un fresco de la sociedad” de la manera “más equilibrada posible” y, debido a ese equilibrio, “corres el peligro de no gustar a nadie”. Explica que hace dos años leyó La feria de las vanidades, del fallecido novelista inglés Makepeace Thackeray, quien trató de plantear “un fresco costumbrista” de la Inglaterra de principios del siglo XIX. Así, Posadas pensó en escribir una feria de las vanidades que abordara cómo era España en los años 50, en los años 70 y en la actualidad mediante tres personajes femeninos que representan esos periodos.

Nacida en Uruguay en 1953 e hija de un diplomático y una restauradora, Posadas llegó a Madrid en 1965, cuando tenía 12 años y, como ella dice, se encontró con una España en la que “la moral y la religión tenían un peso muy grande”. “Había un contraste entre esa España de apariencia muy religiosa, pero en la que también había fiestas y diversiones”, remarca. Asimismo, indica que en La maestra de títeres hay un componente autobiográfico en el sentido de “la mirada de una persona que viene de fuera” ya que ella, en esa época, veía la sociedad madrileña “con unos ojos nuevos”.

Considera que “las apariencias y la hipocresía social juegan un papel en todas las relaciones sociales”, no solo en las clases altas y añade que, a su juicio, “incluso es necesario”. No obstante, precisa que en la burguesía de esos años estaba “más acentuado” y que ella ha tratado de retratar “los protocolos sociales”. Por ejemplo, apunta, al respecto, que “más o menos te teledirigían para que te casaras con quien tenías que casarte”. Comenta, en lo referente a las infidelidades de esos años, que “estaba aceptado que, más o menos, cada uno hiciera su vida mientras no montaras un escándalo”. Sin embargo, indica que se produce “un cambio muy grande en los años 70”, cuando se da “un rechazo a todo lo que había sido la sociedad anterior”. “Fue como una explosión de libertad, sexual y de pensamiento”, subraya.

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