“Repartí octavillas contra Franco por amor”

Cuénteme su libro, adelante.

Creo que es mi mejor novela pero puede que eso no signifique nada.Y sé que es arriesgada porque en España, al contrario que en Inglaterra, no hay costumbre de escribir sobre las clases altas.

¿Quién ha escrito sobre clases altas en España, que no se me ocurre?

Poca gente y desde puntos de vista caricaturescos. Terenci lo hizo, Mendoza también. Y creo que fueron un poco injustos con sus personajes.Yo quería hacer un retrato con una parte de humor pero no sólo hecha con humor. La gente piensa que si escribes sobre un ambiente frívolo sólo puedes hacer novelas frívolas. Pues no. ¿Dónde queda Proust, entonces? ¿Y Capote?

Pues yo la leo más como la novela que una española que no sólo es española escribe para aclararse sobre España.

Esa era la idea. Quien mejor retrata a una sociedad es el outsider. Y yo llevo toda mi vida aquí pero mi mirada durante muchos años fue la de una outsider.

Todavía le saldrá a veces, ¿verdad? Esa sensación de «qué le pasa a esta gente».

Me ocurre con los horarios. Me llevan a cenar a las diez y media y pienso como Asterix: «Están locos estos hispanos».

Cenar tarde será una insensatez pero también es una señal de alegría de vivir.

Pero no es justo. Parece que por cenar a las ocho y media soy una aburrida.

Hay otra novela, ‘Nada que no sepas’, de María Tena, que es lo contrario: Montevideo contado por una española en los 60.

María es amiga.

La conclusión es que la burguesía montevideana era más refinada y mucho más predispuesta al adulterio que la madrileña.

A simple vista, la sociedad española era pacata pero sólo a simple vista. Si se guardaban las formas, la gente podía hacer lo que le diera la gana, incluido tener amantes.

¿Y en Montevideo?

Igual. Bueno: era un país más avanzado. Hay una ley del divorcio muy temprana y muy feminista… Pero llevamos años de crisis y el país se ha vuelto más provinciano.

Entonces, sus amigos españoles de adolescencia le parecían un poco carcas, ¿verdad?

Las relaciones estaban más codificadas: Estaba muy definido a partir de qué momento se podían hacer manitas, cuando te pasaban la mano por el hombro, cuando el beso… Pero yo caí en el Instituto Británico, que era un colegio muy poco convencional y donde había gente de pelajes muy distintos. El primer chico que me rompió el corazón repartía octavillas contra el referéndum de Franco de 1966. Así que yo me puse a repartir octavillas por un amor con 13 años.

¿Qué tal le fue? ¿Funcionó?

Se celebró el referéndum y él perdió todo el interés por mí. Y aún lo llevo clavado, ya ve.Por eso nunca se hizo comunista.No, nunca fui comunista porque mi padre fue embajador en Moscú y yo sabía de primera mano en qué consistía la URSS.

¿Que tal la vida en la embajada?

Rodeada de micrófonos. Tantos micrófonos había que a veces se acoplaban y oíamos gritar a los espías, con sus dramas rusos.

Y cuando llegaron a España los exiliados de la dictadura uruguaya… Onetti, por ejemplo. ¿Tenían relación con ese mundo?

Cuando empieza la dictadura mi padre está en Moscú. Y yo estaba aquí pero… lamento decir que en 1973 ni sabía quién era Onetti.Las mujeres de esta novela son fuertes, no se ven como víctimas de su mundo.Porque detesto el victimismo. Claro que hay mucho que reivindicar, pero sé que lo que ha ido mal en mi vida es culpa mía. Ojalá fuera de esa gente que le echa la culpa de sus problemas al mundo. Debe de ser muy sencillo vivir así.

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