Remedios para adicciones

Como les contaba el domingo, pienso dar vacaciones a la política en mis artículos hasta el 2 de diciembre. Para combatir adicciones hay que tomar medidas eficaces. Por ello decidí empezar el lunes tomando un libro. El día otoñal, lluvioso, se prestaba a buscar un sitio cómodo; luz de lecturas, copa de buen brandy, taza de té y unas buenas pastitas. Con todo el decorado preparado, una vez acomodado, abrí el libro. Por cierto, es la última novela de Carmen Posadas: «La maestra de títeres». Desde el comienzo supe que es uno de esos libros que se lee de un tirón, porque te puede parecer un texto sobre personajes del mundo del corazón, que lo es, pero hay una ironía, unas buenas maneras, una forma de contar, de construir el personaje protagonista, que la convierten en un libro social. Sí, porque nos expone una sociedad que existe y que se refleja constantemente, aunque sea desde un lado frívolo y glamuroso, en casi todo el mundo. Si se tuviese que adivinar quién hay detrás de Beatriz Calanda, protagonista del relato, no tendrían mayor problema en reconocer de quien hace un retrato Posadas, pero siempre sería un retrato más de una mujer que es posiblemente la más retratada de los últimos treinta años, detrás de toda foto está la vida. La citada Beatriz Calanda es una mujer que viene de tierras remotas, se instala en Madrid, donde con rapidez y con la ayuda de un amigo se hace un sitio en la alta sociedad. Si les añado que en su vida ha tenido cuatro esposos, que tiene hijos de tres, ya saben el nombre del original, pero como la autora le da otra identidad, no tiene uno nada que corregir. Lo importante es que el libro te entretiene y además aporta un estudio sobre los personajes que son portada habitual de «¡Hola!». Mañana contaré alguna historia por ese submundo de personajes del corazón cuyo mayor mérito es contar con quien se acuestan, incluso con quien se levantan.

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1 respuesta

  1. juan esteban dice:

    Carmen,

    Acabo de oír tu entrevista en Onda Cero y de repente los recuerdos de la infancia me han inundado.
    Comentabas tus impresiones al llegar a la España de los sesenta y por razones familiares me ocurrió lo mismo pero en sentido contrario,
    Pasé parte de mis primeros años saltando entre Madrid y Montevideo y esas vivencias me marcaron profundamente.
    Las Navidades eran en verano, algo muy extraño para mi, el acento que me jugó malas pasadas tanto en Montevideo como cuando volvía a Madrid.
    Los carnavales que en España eran impensables.
    Me llevaron a Punta del Este, donde pasé una larga temporada debido a una epidemia de polio, y recuerdo los lobos de mar en la Playa Brava, los asados que hacía el vecino, y en fin multitud de recuerdos que ahora estoy reviviendo.
    Por supuesto ahora mismo voy a salir a comprar tu libro.
    Un abrazo,
    JEC

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