“No se puede escribir pensando en lo que le va a gustar al lector”

“La hija de Cayetana” es la última novela de la autora uruguaya nacionalizada española, en la que indaga en la historia de la hija esclava de la duquesa de Alba, musa de Francisco de Goya. Con una obra traducida a 23 idiomas, en esta charla con Infobae Cultura, aseguró: “La historia de los esclavos en España ha quedado totalmente olvidada”.

Uruguaya de nacimiento y española por residencia, Carmen Posadas es una best-seller que no le teme a los desafíos. El último, La hija de Cayetana, es una suerte de biografía novelada donde narra la vida de María Luz, la hija adoptiva de la duquesa de Alba de Tormes también conocida como Cayetana y que la musa para dos famosas pinturas de Francisco de Goya: La maja desnuda y La maja vestida.

A partir de ese personaje pequeño, casi anecdótico —una niña negra en la dinastía de los Silva y los Toledo—, se construye una historia más universal: la de la esclavitud en España.

“Sigo escribiendo para niños —le dice Carmen Posadas Infobae Cultura—; cada dos años, más o menos hago algo para el público infantil. Yo creo que escribir para niños es el mejor banco de pruebas para un escritor. Quien sabe captar la atención de los pequeños, sabe también captar y mantener la de los grandes.”

Efectivamente, su carrera literaria comenzó con la literatura infantil y juvenil pero luego, y pese a que nunca abandonó a ese público, incurrió en otros senderos. Escribió cuentos, novelas, ensayos, guiones de cine y televisión. En 1998 ganó el Premio Planeta con Pequeñas infamias —entre tantos otros galardones, por ejemplo: el Apeles Mestres de Literatura Infantil— y en el 2002 la revista Newsweek la destacó como una de las autoras latinoamericanas más relevantes de su generación.

Sus libros han sido traducidos a 23 idiomas y se publican en más de 40 países. Este fue el diálogo que mantuvo con Infobae Cultura, a propósito de su última novela.

—Cómo llegó a la historia de Cayetana de Alba? ¿Qué fue lo que le atrajo para decir “tengo que escribir una novela”?

Por pura casualidad. Y eso que el cuadro de Goya en la que ella aparece lo había visto muchas veces. Pero siempre pensé que la escena que él retrata, una criada de la duquesa jugando con una niñita negra que le tira de la falda, era producto de su imaginación. Yo andaba muy angustiada sin saber qué escribir cuando una amiga me dijo: ¿Sabías que la duquesa de Alba, la maja desnuda, tenía una niña negra? Entonces me mostró el cuadro y pensé: esta niñita hace años que estaba haciéndome señas y ¡yo sin darme cuenta!

—Hay muy poco material sobre la historia de su hija adoptada, María Luz. ¿Cómo fue reconstruir todo ese lazo maternal tan complejo para la época?

Cuando me contaron que a Cayetana de Alba le habían regalado, como era costumbre en esa época, una niñita esclava, inmediatamente pensé: a otra madre le robaron su hija. Por eso este libro son en realidad dos historias que se entrecruzan hasta confluir. Una es la historia de la duquesa, la Corte, Goya, Godoy y todas las intrigas y escándalos de la corte. La otra es la historia de Trinidad, la madre biológica. Esta es la historia de la esclavitud, no solo en las colonias donde nace María Luz sino también en España. Esta es la parte que más me costó reconstruir. La historia de los esclavos en España ha quedado totalmente olvidada. Y eso a pesar de que había muchos, pero nadie lo recuerda (o prefieren no recordar…)

—Cayetana de Alba fue musa de Francisco de Goya, ¿qué cree que veía en ella el pintor español?

Creo que le fascinaba su personalidad. Era una mujer rica, poderosa y por tanto libre. En contra de lo que hacían otras mujeres de su clase, ella iba contracorriente, se subía a los escenarios y representaba comedias. Era amiga de toreros, de cómicos, de vividores. Lo demostró ampliamente adoptando como hija una esclavita de color, la adoraba. Iba con ella a todas partes. Si eso hoy en día es un escándalo, ¡imagínate en el siglo XVIII!

 —Es usted una escritora muy leída, tiene muchos lectores en distintos puntos del planeta. ¿De qué forma saber que posee esa llegada al público repercute en el momento de sentarse a escribir?

¡Es una gran responsabilidad! Escribir es un ejercicio muy azaroso, uno nunca sabe lo que va a gustar y lo que no. Por otro lado, uno no puede escribir pensando en lo que le va a gustar al lector. Es como el futbolista que, en vez de jugar libre y arriesgar corre siempre detrás de la pelota y no se separa de ella. Lo más probable es que no meta nunca gol. Como yo soy de esos escritores que no tienen ni la más remota idea de lo que va a pasar en sus libros, al final soy la primera y la más sorprendida de mis lectores. Escribir tiene algo mágico y, una vez que uno empieza, la historia empieza a trenzarse sola. Pero hay que dejar que se trence, no obligarla a ir por aquí o por allí. Eso no funciona.

—Por último, ¿la escritura es para usted una necesidad, un placer o un trabajo? ¿Por qué?

Para mí la escritura es como esa copla que dice: “Ni contigo ni sin ti tienen mis penas remedio. Contigo porque no vivo y sin ti porque me muero”. A mí me pasa exactamente esto. Si escribo sufro y me desespero. ¡Pero si no escribo es peor! Para decir toda la verdad, también hay momentos gloriosos. Y entonces uno se siente… espectacular.

>> Ver entrevista en infobae.com <<

 

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