Maestros del eufemismo

En la espléndida película El vicio del poder, sobre la vida de Dick Cheney (uno de los más arteros príncipes de las tinieblas nuestro tiempo), se cuenta la siguiente anécdota. George W. Bush estaba por lo visto preocupado por las cada vez más numerosas voces que se alzaban desde los medios de comunicación denunciando el calentamiento global. “Unos bienintencionados bobalicones que no hacen más que dar la lata, ¿qué podemos hacer, Dick?”. Dick entonces decidió poner a trabajar a un grupo de expertos en lingüística que rápidamente dieron  con   la  solución al problema. “Calentamiento global” es un término a desterrar de inmediato. Implica que está produciéndose un efecto nocivo debido al mal uso de la energía y a la negligencia de los gobernantes. Démosle otro nombre al fenómeno. Llamémosle “Cambio climático”, que es más neutro y, en realidad, no significa nada de nada porque el clima cambia constantemente. Estos mismos gurús de la palabra regalaron a Cheney y a Bush otro magnífico eufemismo a cuenta de la embarazosa guerra de Afganistán. A partir de ahora debía hablarse de ella como Contingencia operacional de ultramar. “Suena divinamente” –argumentaron– “y así  la gente se olvidará  a) de que es una guerra; b) de que es un fiasco”. Y funcionó, porque el mimetismo con el poder es tal que, al cabo de un par de semanas, los términos habían hecho fortuna y eran aceptados por todos. De la Contingencia operacional de ultramar ya nadie habla tras la retirada de  tropas de Afganistán  pero cambio climático es un  concepto que todos manejamos a diario. En realidad todo en esta vida es cuestión de semántica. Las palabras existen para que podamos distinguir una cosa de otra. Las palabras moldean y modifican nuestro pensamiento. El término “discriminación”,  por ejemplo, hasta ahora siempre ha implicado injusticia. Si uno discrimina a alguien está cometiendo una arbitrariedad, un perjuicio. Pero en cambio si uno “discrimina positivamente”, abracadabra, lo que hace es aplicar políticas encaminadas a favorecer a ciertos grupos minoritarios que a su vez  han sufrido discriminación, sigue siendo un  arbitrariedad pero  una políticamente correcta. El uso de eufemismos es viejo como el mundo pero, con los medios de comunicación de masas, su utilidad se ha multiplicado  por mil. Los políticos son maestros en eufemismos. Ellos saben, por ejemplo, que, a pesar de significar exactamente lo mismo, no es igual hablar de gasto público que de inversión, como no es lo mismo hablar de impuestos, tasas y gravámenes que hacerlo de la redistribución de la riqueza. No hace mucho el diario británico The Independent elaboró la lista de los diez eufemismos políticos más notables y la palma se la llevó estas palabras del emperador Hirohito: “La trayectoria de la guerra no ha evolucionado necesariamente  en beneficio del Japón , pronunciadas el 15 de agosto de 1945 con motivo de la rendición total de su país a los aliados en la Segunda Guerra Mundial. Aquí, en suelo patrio, también hemos tenido nuestros gloriosos y memorables eufemismos. Quién no recuerda, por ejemplo, a María Dolores de Cospedal viéndoselas moradas para explicar cómo había sido la “indemnización en diferido” a Luis Bárcenas; o a Mariano Rajoy ilustrándonos sobre los “hilitos con aspecto de plastilina” que escapaban de los restos del Prestige. Algunos eufemismos como estos son tan chuscos e inverosímiles que caen por su propio peso y se vuelven en contra de quien los pronuncia. Pero, aun a riesgo de que esto ocurra, los  políticos, impasible el ademán, nos los siguen regalando y a ver si cuela. El último que hemos oído (y lo digo corriendo el riesgo de que desde el momento en que escribo estas líneas hasta que lleguen a  manos de ustedes  se hayan producido media docena más) es el del gobierno de cooperación que se proponen formar Sánchez e Iglesias. ¿Qué es un gobierno de cooperación? ¿Será un gobierno de  cohabitación?  ¿De coalición? ¿De colisión quizá? Nadie lo sabe, porque he aquí grandes ventajas de los eufemismos. Son tan polisémicos que pueden significar una cosa y su contraria, son como un gran cajón de sastre que permite cualquier interpretación, hasta la más inesperada. La más estúpida (o peligrosa) también.

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3 Respuestas

  1. Susana dice:

    El cambio climático es de origen natural. Un saludo

  2. Joaquín Andúgar dice:

    Buenas noches Carmen Posadas…

    A la Verdad no sabía el significado de Eufemismo… he seleccionado con el ratón y he buscado en Google… Y este es el resultado….

    nombre masculino
    Palabra o expresión más suave o decorosa con que se sustituye otra considerada tabú, de mal gusto, grosera o demasiado franca.
    “‘trasero’ es un eufemismo de ‘culo’”

    Al leer tu artículo uno piensa::: ¿Cuál es el Eufemismo de Diablos Hijoputas?

    ¿Cuál el de Cabrones asalvajados… que mal emplean el poder sin tener en cuenta ni siquiera que por medio no solamente hay adultos que puedan tener algún grado de culpabilidad… sino niños que vienen al mundo y cuya herencia ambiental quien lo conoció hace 50-60 años puede apreciar la Huella de la Ingeniería Social del Infierno… que está abocando al Mundo a un Apocalipsis sin precedentes…? ¿Cuál eufemismo buscar para decir que somos unos irresponsables de tan alto grado que gastamos los recursos y el tiempo en búsqueda de planetas habitables… para seguir haciendo el cabrón en ellos?

    Jesucristo está bien Vivo y viene con sus Ángeles… Y entonces el Eufemismo de Cabrón… Será el Infierno… Es decir ver por la Eternidad… lo bien que vivirán las buenas personas… y joderse… los que ahora fastidian…

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