“Los escritores nos parecemos a Jack el Destripador”

La autora alterna la novela y el ensayo con los libros infantiles. Presentó en Ámbito Cultural ‘La maestra de títeres’ (Espasa), una radiografía de España.

 

¿Qué le debe ‘La maestra de títeres’ a ‘La feria de las vanidades’ de William Thackeray?

Por ahí empieza todo. Cada verano aprovecho para releer las novelas que me han gustado. Hace dos años me tocó esa obra y me dije: “¡Qué magnífica novela!”. Aprovecha para contar 50 años de la vida de Inglaterra a través de una pícara como Becky Sharp.

¿Qué le sugirió esa criatura?

 Becky Sharp es una mujer sin una formación especial, de origen humilde, ni siquiera es muy guapa, pero sabía situarse y se convirtió en una criatura de la corte inglesa. Pensé que se parecía a esos seres de las revistas del corazón que logran vivir del interés que suscitan por más bien poco.

Su personaje es Beatriz Calanda, casada cuatro veces…

En la novela de Thackeray también hay una antagonista, Amelia Sedley, en este caso, y yo la convertí en la madre de Beatriz, Ignacia. Beatriz Calanda es ambiciosa, sabe muy bien lo que quiere conseguir. Su madre es todo lo contrario: soñadora, idealista, comprometida. Pensé que para explicar cómo era Beatriz Calanda me tenía que remontar a la historia de su madre y cómo llega a España. Por eso ‘La maestra de títeres’ sucede en tres épocas: a mediados de los años cincuenta, la Transición y el presente.

También toca los años ochenta…

Sí, claro, con el comienzo del sida… Yo lo que quería, a lo largo de esta travesía, es contar cómo había cambiado España. Llegué aquí en 1965, y tampoco se diferenciaba tanto de cómo era a mediados de los años cincuenta, una España en blanco y negro, pacata, en la que tenía un peso enorme la moral; luego llegaron los años setenta, y España se convirtió en un país en tecnicolor. Descubrimos la libertad, la política, el sexo, y fue un cambio muy grande en un tiempo muy breve.

¿Qué ha encontrado en ese mundo de ligereza y frivolidad?

En España hay muy pocas novelas sobre esa clase social en concreto y siempre lo que hay son como caricaturas o astracanadas. Quería contar la verdad de la burguesía española con sus luces y sus sombras. Luego fui más allá e hice un retrato global de España, no solo de la clase alta, sino de ese país oculto que tiene que ver con la oposición a Franco.

Y ahí aparece el propio Jorge Semprún, que casi podría ser uno de los cuatro maridos de Beatriz Calanda, el intelectual…

Su ‘alter ego’ Federico Sánchez era el hombre más buscado de España; sin embargo, y lo cuenta Javier Pradera, andaba por el sitio más público de Gran Vía, en la cafetería Manila, tomándose un nada proletario Negroni y comiendo con Juan Goytisolo. El hombre más buscado de España estaba en el sitio más público. Y nadie se enteraba. Me fascina Semprún, al que no conocí, pero me pareció un hombre íntegro en una época en que la integridad brilla por su ausencia.

¿Tenía en la cabeza a Isabel Preysler y a Tita Cervera?

La gente piensa que los escritores se dedican a fusilar la realidad. No es cierto. Nos parecemos más a Jack el Destripador que a Pancho Villa, para entendernos. Lo que hacemos es tomar de la realidad los elementos que nos interesan y hacer un prototipo. Detrás de Beatriz están ellas, pero también yo. Beatriz viene de Inglaterra, y yo de Uruguay, pero todo lo que ella siente o le hacen sentir, es la extranjera, la rara, y algo así me sucedió.

Siempre reivindica a Mariano Rubio, todo un personaje. Dicho con licencia literaria o poética, parecían “la bella y la bestia”…

Ja, ja, ja… Vivimos una historia de amor más intensa y más hermosa que las de Beatriz. Mariano era un gran desconocido porque era un tímido, y a los tímidos, y más si tienen poder, la gente los confunde con personas soberbias. Para las mujeres el amor tiene un componente de admiración. Y yo, ya que me invita a decirlo, a Mariano lo amé y lo admiré.

¿Cómo ve usted ahora España?

Estamos volviendo hacia atrás, pero no es algo solo español sino que se está produciendo en todo el mundo. Me inquieta. Es como si se hiciera real esa maldición china: “Ojalá te toque vivir tiempos interesantes”. Estos lo son.

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