«Lo vanguardista y rompedor, hoy en día, es decir cosas normales»

La escritora ha sido la protagonista del último de los encuentros culturales de este verano del Club El Buzo

Un cierto aire británico se ha instalado en la tarde de este jueves en el Club El Buzo, que ha acogido el último de los encuentros del Aula de Cultura del Real Club de Golf de Vista Hermosa. Británico por la iluminación, por el fino humor que desplegaron sus dos protagonistas, la escritora Carmen Posadas y la columnista Yolanda Vallejo, y por la exquisita puntualidad con la que se inició, las 19.31 horas.

El salón estaba lleno de un público que quería compartir los tres temas que Posadas y Vallejo habían propuesto para el encuentro. ‘Amor, literatura… y otros demonios‘.

Más que una conferencia, lo advirtieron desde el principio, el encuentro se ha planteado como una charla entre dos mujeres que de letras, y de cómo juntarlas saben mucho. Y sobre las letras empezó tomando la palabra la columnista de LA VOZ Yolanda Vallejo, que ha comenzado dando gracias a los patrocinadores ( ABC, LA VOZ de Cádiz, el Banco Santander, Cruzcampo y la Fundación Cajasol) «que son los que han hecho posible este encuentro».

«Lo único que me ha pedido Carmen es que le sorprenda pero, ¿cómo puedo hacerlo con una persona que ha vendido más de un millón de copias de sus libros y que ha sido traducida a 25 idiomas… ?» Y le sorprendió empleando, para presentarla, palabras prestadas por Joan Manuel Serrat. «Es menuda como un soplo y tiene el pelo marrón y un aire entre tierno y triste como un gorrión… Y le da pena el canario pero no envidia a un halcón. Le gusta volar bajito como un gorrión». Posadas ha sonreído y, aceptando la definición, ha aportado que «soy una persona de retos bajitos, primero quise escribir un libro, luego que me lo publicaran, luego ganar algún premio… y es que volando bajito, también se llega».

Del ‘Amor, literatura y otros demonios’ Vallejo ha propuesto, para seguir sorprendiendo, empezar por los demonios y Posadas ha desatado las risas del público que, literalmente, abarrotaba la sala del Club El Buzo, al decir que el primer demonio de su infancia había sido ella misma «porque era muy fea».

La broma fue el hilo que sirvió a la ganadora del Premio Planeta para hablar de una niñez marcada por el trabajo de diplomático de su padre, que le hizo viajar «y abandonar con 12 años mi país de origen (Uruguay), lo que hizo que mi infancia quedara ahí perfectamente cristalizada, lo que para un escritor es impagable». La apacible tarde ha dado para confesiones (en algunas, la escritora bromeaba con que sus hermanos «me van a matar»), como el hecho de que en la época en la que vivieron en Moscú la mejor manera de conseguir algo del gobierno era comentándolo en el comedor de la casa «porque era donde estaban los micrófonos con más sensibilidad».

La escritura, la literatura, es para Posadas un oficio de rutina. «La imagen de escritor que se bebe dos botellas de whisky podría ser antes; ahora, somos más oficinistas». Ese oficinismo, no obstante, no le impide a Posadas «sentir la literatura como un mal amor, ni con ella y sin ella puedo estar. Me siento mal cuando escribo y si no escribo… me siento peor».

Como un mecanismo perfecto se hilaba, con esta frase, con el tercer bloque, el del amor. «El gran problema del amor es que se puede caer en la cursilería… y estamos en una época en que se afronta el amor de una manera un poco infantil». El público rió cuando, bajando al amor cotidiano, Posadas ha espetado que «todos tenemos un idiota, o un canalla, o un cursi en nuestro currículo amoroso».

Como de los demonios es imposible huir, volvieron al explicar el término ‘Síndrome de Rebeca‘ que emplea Posadas para hablar de las relaciones. «La gente, en su segundo matrimonio, o busca una persona igual a la primera o su antítesis. Mi segundo marido, por ejemplo, fue la antístesis del primero y me di cuenta de que esto debía responder a algo. Y es que el fantasma de un amor anterior siempre condiciona para el siguiente».

Para acabar, ambas protagonistas bromearon con el epitafio que Posadas ha propuesto para cuando llegue el día del último viaje: ‘She tried hard‘ (Lo intentó duramente). «Siempre sueño con que todo lo hago mal. Creo que es por la sensación de que en la vida hay que estar pasando reválidas constantemente», ha concluido, antes de recibir una sonora ovación, Posadas.

 

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