Literatura, adulterio y una Visa platino. Relatos que hablan de las cosas más serias con la ironía más inteligente

Una antología de relatos que se despliega a lo largo de toda una carrera profesional es una oportunidad única para comprobar la evolución de un escritor y sobre todo, para descubrir sus fantasmas, sus razones y sus temas recurrentes, aquellos que trascienden la historia y son como un sedimento, como un rescoldo que permanece tras la lectura y nos desvela la verdad íntima del autor.

Es lo que ocurre con este volumen de cuentos de Carmen Posadas: Ironía, humor negro, el demonio de las apariencias y grandes dosis de perversidad burlona, son el sello indiscutible de una autora que, sin embargo, nunca se repite.

Diecinueve relatos escritos en épocas muy distintas a lo largo de casi treinta años, con los que el lector reirá hasta que se le hiele la sonrisa. Porque algo que Carmen Posada sabe hacer con gran habilidad es dar esa vuelta de tuerca final donde la risa se transforma en escalofrío o este en carcajada.

Los relatos se podrían clasificar en tres grandes temas: el amor, el humor y el terror. Una clasificación que es inevitable matizar porque, en la mayoría de los casos, el amor que nos presenta la autora es un amor desengañado, o cínico o hasta un poco ridículo; el humor tiene un componente de negritud que lo acerca al terror y este último se entreteje con dosis muy medidas de ironía. Así pues, se puede concluir que todos los relatos beben de estas tres fuentes temáticas y de la combinación de los elementos narrativos surgen relatos de humor, de amor o de terror.

Con respecto al terror, uno de los elementos más perturbadores es el de la maldad infantil, un tema que Carmen Posadas ya trató en su última novela, Juego de niños y que en este volumen queda magistralmente representado en Mi hermano Salvador, donde se trata de la rivalidad entre hermanos y la suplantación de personalidad, y el turbador La manzana podrida, en el que Oscar quiere tanto a su madre que no está dispuesto a compartirla con nadie. Entre el amor y el terror se sitúa El hombre de su vida: la madura señorita Ana Isabel, que no conoce varón, comienza a soñar con un atractivo desconocido que entra en su estanco. Pero ya se sabe que el sueño de unos puede ser la pesadilla de otros y en este caso más que nunca. Perverso es, sin duda, Olvidar a Alfredo, en el que se recuerda un asesinato pasado y se fantasea con uno futuro.

Uno de los relatos más impresionantes es, sin duda, Las bodas de Margarita, un cuento magnífico y absorbente, donde el frío, el encierro y la sangre se combinan para ofrecernos un relato en el que se dice muy poco pero se cuenta toda una historia de silencios y maldades.

Pero es el humor el elemento omnipresente en los relatos de la antología:

Un humor irónico, muy a los Chesterton, como podemos comprobar en El tic japonés, en el que un nuevo rico va a pedir en matrimonio a una nueva pobre en un lujoso bar londinense. O en La hora en el reloj, sobre las mentiras por amor, una costumbre que, por desgracia, va desapareciendo.

Humor negro, sobre todo humor negro, como en el malvado La moral de un snob, en el que un maduro anticuario ve peligrar un estatus que ha conseguido a base de mentiras y hará lo posible por evitarlo. ¿Cómo puede pasarme esto a mí?, que trata de cuerpos desnudos, calor, siesta, sudor y el capuchón de un bolígrafo, y en el que la autora realiza una magnífica pirueta argumental transformando un relato erótico en un cuento de terror urbano. O el magnífico relato Eres un imbécil, Hugo, donde un pobre hombre que ha tenido mala suerte con las mujeres y con los gatos, buscará el amor en otros brazos, o patas, más leales.

El humor irónico con un toque surrealista tiene un buen representante en el relato Danza: una palabra que se le aparece en los sitios más insospechados a un hombre con una doble vida en el trabajo y en casa. ¿Un nuevo tipo de publicidad? ¿Un aviso? ¿O quizá un presagio con faltas de ortografía?

En cuanto a los relatos de amor, un amor triste, o nunca satisfecho, un amor que en muchas ocasiones se convierte en dolor, tiene su mejor exponente en Para Alma, que tiene los ojos de Chagall, en la que la realidad destruye la magia de una conversación telefónica; o La complicidad del tejedor, el único cuento romántico, donde una ajada Penélope encuentra un sorprendente final a su espera de años. En El amante Nubio, otro de los relatos con sorpresa final que desmonta el tópico del amor de vacaciones. Y, sobre todo, en No renunciar a nada, en el que una mujer lo deja todo por amor: riqueza, hijos y posición y un hombre que no tiene nada se resiste a dejar el verde del campo, los asuntos de todos los días, nada, poca cosa.

Los relatos de Literatura, adulterio y una Visa platino están contados por hombres y mujeres, en primera y tercera persona, con estilos y técnicas muy distintos. Varios de ellos utilizan el recurso clásico del relato oral, en el que un narrador cuenta al lector lo que previamente le fue confiado por un desconocido. En un avión, como en El club de los millonarios aburridos, o en un sofá del hall de un hotel, como en La hora en el reloj. Otros, como Las bodas de Margarita, poseen un estilo muy contemporáneo, de frases rotas y magníficas metáforas de situación. Otros son contados en forma de monólogo como en el primer relato que da nombre al volumen. Y todos ellos cuentan mucho más de lo que dicen, dejando al lector la libertad de sacar sus propias conclusiones, de exorcizar sus propios miedos.

“El mundo es demasiado serio como para tomárselo en serio”, dice la autora en el prólogo de este libro. Y esta es la frase que define y engloba como ninguna el fin último de estos cuentos. Relatos que hablan de seres despistados, solos e indefensos. De personajes que buscan a tientas su destino, un destino que a veces está a la vuelta de la esquina. Los relatos de Carmen Posadas dejan una sonrisa irónica en la boca y una cierta inquietud en el corazón por lo que reflejan de nosotros mismos. Un libro lleno de historias tan cercanas como quiméricas, un libro que, sin duda, conmoverá, hará reír y hará pensar a los lectores.

“Se dice siempre que en literatura existen solo dos temas y el resto son derivaciones de ambos: uno es la muerte, el otro es el amor. Aunque sé que queda muy mal decirlo, lo cierto es que me interesa más el primero que el segundo (…) porque es ante la muerte cuando se acaban las apariencias, caen las máscaras y se descubre realmente quién es quién.”

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1 respuesta

  1. Me ha encantado tu aportación! A favoritos que va de cabeza

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