«Las novelas no son para mandar mensajes. Yo no juzgo, cuento lo que veo»

La escritora regresa con la novela ‘La maestra de títeres’ editada por Espasa. En ella, a través de su protagonista, una dama de la jet-set, muestra la historia reciente de España, desde los años cincuenta hasta el presente.

Carmen Posadas está «satisfecha». Por primera vez en mucho tiempo considera que ha hecho un gran trabajo y que, su última novela, ‘La maestra de títeres’, editada por Espasa, es uno de sus mejores textos. Una confesión arriesgada pues Posadas, que nació en Uruguay aunque reside en Madrid desde 1965, ha recibido valiosos galardones. En 1984, con su primer cuento infantil, recibió el Premio del Ministerio de Cultura. Años más tarde, en 1998, su relato ‘Pequeñas infamias’ le hizo merecedora del prestigioso Premio Planeta. No es casualidad, por tanto, que algunos medios la hayan bautizado como «una de las autoras latinoamericanas más destacadas de su generación».

Confiesa que ‘La maestra de títeres’ está inspirada en la novela de William M. Thackeray ‘La feria de las vanidades’. ¿Qué hay de cierto en ello?
Yo es que soy muy fan de Thackeray y su obra siempre me ha encantado. A mí me divertía hacer algo parecido y, de repente, surgió la figura de Beatriz Calanda que es el epítome de lo que es un personaje del siglo XXI, de este tipo de gente que vive de su imagen, de vender su vida a las revistas. Después aparecieron las otras dos mujeres de la novela, su madre y su hija.

En esta obra hace un recorrido por tres épocas distintas: el presente, la Transición y la posguerra ¿cómo se ha documentado? ¿ha sido complicado?
Ha sido la parte más laboriosa. Es mucho más fácil escribir sobre el siglo XVIII o el Imperio Romano; si uno mete la pata nadie se entera. Es verdad que hay muchos libros políticos sobre la época, pero hay muy pocas novelas y yo necesitaba eso para la ambientación. Dónde comía la gente, cómo se vestía, cómo hablaban.

La protagonista, Beatriz Calanda, ¿está basada en un personaje real?
Me he inspirado en muchos personajes reales. Hay gente que va a reconocer a figuras de la farándula, pero yo solo he tomado de la realidad los elementos que más me interesaban. Así, de una persona cogía su aspecto físico y de otra sus circunstancias personales.

Al igual que la actriz principal de la obra, te mudaste a Madrid, desde Uruguay, en plena adolescencia, ¿es posible que haya un componente autobiográfico?
Sí, en todas las novelas hay un componente autobiográfico. Solo se puede escribir sobre lo que uno sabe. Cuando llegas a un país nuevo te fijas en cosas que la gente que vive en esta sociedad la gente nunca repara. Quien mejor puede retratar siempre es un outsider, una persona que viene de fuera y esa visón es mía.

¿Cómo es la alta sociedad madrileña?
Es distinta según la época. En los años cincuenta, por ejemplo, era muy hermética. Se casaban entre parientes aunque tenía un peso muy grande la parte moral y la religión. El adulterio estaba a la orden del día. Hacían lo que les daba la gana pero con un manto de respetabilidad.

El personaje principal se oculta detrás de una deslumbrante fachada de glamour y excesos, ¿es complicado mostrarse tal cuál es uno en la alta sociedad?
Todos llevamos una máscara. Es muy necesario. La jet-set es una sociedad en la que las apariencias juegan un papel muy importante. Cuando tú los ves te da la sensación de que es casi una obra de teatro. Las palabras que usan, la forma que se saludan… Es todo muy ritual y aprendido.

¿Cree que la jet set sigue despertando el mismo interés de antaño?
Sí, lo único que en las revistas de antes solo salían ese tipo de personajes y ahora el abanico es mucho más grande. Aún sigue teniendo una cierta fascinación.

¿Hay algún mensaje oculto en ‘La maestra de títeres’?
Las novelas no son para mandar mensajes. Yo sigo el consejo de Stendhal, autor del texto ‘Rojo y Negro’, que decía que escribir es poner un espejo a lo largo del camino. Yo no juzgo, yo cuento lo que veo.

Se rumorea que es su mejor novela.
No soy nada gloriosa para lo que hago, siempre pienso que lo tenía que haber hecho mejor y que este personaje no es lo suficientemente redondo o esta situación no la he contado bien, pero esta vez sí que creo que tiene bastantes virtudes. Eso no quiere decir nada porque puede que al lector no le interese, pero me da la sensación que está bien. Estoy satisfecha.

¿Han cambiado sus intereses desde que comenzara a escribir?
No han cambiado mucho. Siempre me ha interesado contar la realidad porque esa es la función de un escritor. No creo en las novelas de tesis. La persona que pone la literatura al servicio de cualquier causa, por muy noble que sea, corre peligro peligro de que le salga un bodrio.

Desde hace cinco años dirige, junto a su hermano, Gervasio Posadas, un Taller de Escritura online.
La idea es ayudar a otras personas a cumplir su sueño como me hubiera gustado que me ayudarán a mí. Por ello cuento mis recetas y las de otros autores. Desde entonces hemos tenido 5.000 alumnos.

 

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