La esclavitud en la España del XVIII y del XXI, según Posadas

La esclavitud en la Península en el siglo XVIII, la hija adoptiva de la Duquesa de Alba, la fascinación de Goya por la aristócrata, el gobierno someramente ilustrado, la sombra femenina en la elite del momento, de todo esto habla ‘La hija de Cayetana’, la última novela de Carmen Posadas. La escritora uruguaya, que ya la presentó en Valladolid el pasado mes de diciembre en el marco de un Aula de Cultura organizada por este diario, volvió ayer para encontrarse con sus lectores y someterse a su escrutinio.

«Aprendo mucho. Hace poco una señora me dijo que le había gustado mi novela ‘El testigo invisible’ y añadió ‘no sabe nada de perros ¿verdad?’. Su apreciación venía porque hay una descripción de un bulldog francés que se sube a las rodillas de una zarina y y, creyendo que eran enormes, hablo de cómo babea sobre ella. La señora me aclaró que eran muy pequeños. Afortunadamente he podido corregirlo», decía ayer Posadas. Tuvo como compañero de mesa e interlocutor al escritor vallisoletano Ignacio Martín Verona, que también ha buscado en la historia las semillas de sus dos novelas. «Me gusta la historia, buscar en sus rincones y tocar algo que nadie ha tocado antes, desde una perspectiva nueva», explicó el magistrado. Como lector, también se ha dejado sorprender por el fenómeno de la esclavitud en España.

«Es el genocidio de la humanidad desde el siglo XV hasta bien entrado el XIX. Se conoce la historia de la esclavitud en colonias, pero no tanto que aquí hubiera esclavos. Era algo común, nada anecdótico», contó Posadas. «Se sabe cómo funcionaba. Los negreros era instigadores de rencillas y peleas entre las minorías para que ellos mismos hicieran de cazadores. Viajaban en barcos literalmente como sardinas en lata. Las mujeres eran sistemáticamente violadas por dos razones: así se calmaba la marinería y si se quedaban embarazadas, en puerto podían cobrar el dos por uno. Llegaban muy menguados y su esperanza de vida era de 35 años». Una de esas niñas fue entregada a Cayetana de Alba, la supuesta ‘maja’ retratada por Goya, vestida y desnuda. De aquella cubanita se tiene constancia por un cuadro en el que aparece y por el testamento de la aristócrata, en el que la trata como la hija que no tuvo aunque no pudo transmitirle el título nobiliario por problemas legales.

Martín Verona destacó la coherencia de la novela de Posadas que, aún siendo una ficción, respeta la Historia. «Hollywood nos acostumbró mal, cambiando los finales», lamentó la escritora.

De las esclavitudes de nuestro tiempo, Posadas destacó la de las «redes sociales, el otro día se cayó Facebook y cundió el pánico; la de las redes de prostitución, todos sabemos que en los clubes de carretera que vemos al pasar hay mujeres que están siendo amenazadas; y las del trabajo semiesclavo que nos permite tener ropa a precios irrisorios. Si una camiseta vale dos euros, ya sabemos lo que hay detrás. Pero nadie habla porque nadie quiere ser cómplice de ello».

‘La hija de Cayetana’ ha tenido «éxito de público, van ya cinco ediciones, y de la crítica, que no es fácil que coincidan», pero pronto hubo copias piratas. «En Francia se solucionó bien, cerrando todas las páginas de descargas ilegales. En España somos más legalistas y hay mucha prevención para defender falsamente el acceso a la cultura. Mi novela vale lo mismo que un pincho de tortilla y un gin tonic ¿quién se priva de ello? El argumento de que un libro es caro para piratear solo vale en España. Vivimos de esto ¿por qué he de regalar mi trabajo?».

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