«Hoy la popularidad se contrae por contagio»

Acaba de publicar «La maestra de títeres», una novela sobre un personaje de la prensa rosa de los años 70. Es casi como un «¡Hola!» de cuatrocientas páginas.

–Quería hacer un repaso de la historia de España de los últimos setenta años y que cada época estuviera representada por una persona que encarnara esos valores –o la falta de ellos–. Estamos en una época en la que hay mucha gente que vive simplemente de su imagen y de vender su vida. Primero fueron los personajes del corazón y ahora son los «youtubers» y los «influencers». La sociedad es como un escaparate y mi personaje principal encarna ese tipo de persona.

–Parece un poco una revista porque pasa uno las páginas deseando saber quién es el siguiente marido de la lista.

-(Risas) Aunque el hablar de cosas frívolas no quiere decir que la literatura sea frívola, todo depende del tratamiento que se le dé. Si se midiera el talento de los escritores por eso, ¿dónde quedarían Proust o Truman Capote?, ¿dónde quedaría Wilde?

–Usted conoció ese ambiente de la alta sociedad. Después de su novela histórica anterior, ¿sentía que la labor de documentación en este libro la tenía hecha?

–Por un lado parece fácil porque son cosas que he vivido. La España del año 65, cuando yo llegué, no era tan diferente de la del 55 que describo. Era esa España en blanco y negro en la que tenía mucho peso la moral y la gente de un luto pasaba a otro. Casi es más difícil documentarse para una novela actual que para una

de un tiempo remoto porque no puedes meter la pata. Al final te tienes que documentar el doble.

–En el ejercicio de inspiración que hacen los escritores, ¿hay algún conocido que se haya sentido excesivamente retratado con un personaje y se lo haya transmitido?

–Con esta novela no, pero sí me ha pasado con anteriores retratar a un personaje con pelos y señales y decir «este me va a matar». Uno en concreto, que me caía como una patada, me lo encontré por la calle y me dice: «El personaje de fulano –que era él– es igual Pepito Pérez». ¡No se había dado cuenta! Uno se reconoce en sus virtudes y nunca en sus defectos.

–Ha llegado un tiempo en que por fin la reconocen como escritora y se han olvidado del personaje público.

–Hace bastante tiempo de eso, llevo treinta años escribiendo, estoy traducida a 25 idiomas…

–Es habitual también que escriba con otros autores; ha publicado junto a Marta Robles o con su hermano. ¿Es para huir un poco de la soledad del escritor?

–Han sido distintas casualidades. El que escribí con mi hermano era porque queríamos hacer un libro de cocina desde el punto de vista de mi madre. Le encantaba y siempre quiso escribir un libro sobre sus experiencias en Rusia, en Inglaterra, etc. En el caso de Marta era un libro inglés que a las dos nos gustaba mucho y pensamos hacer lo mismo con España. Son casualidades. Me divierto tanto escribiendo con otros como escribiendo sola.

–Hoy muchos personajes famosos «heredan» esa dedicación de sus familias, con sagas viviendo de vender su vida. ¿Esto cómo se entiende?

–Porque la popularidad es como el catarro: se contrae por contagio. Si de repente tienes un novio famoso, él te contagia la fama y a partir de ese momento ya vives del cuento.

–¿Se va a notar en las siguientes generaciones? Ya hay niños que aspiran a ser «youtubers».

–Lo más grave es que ganan una fortuna con banalidades tan absurdas cómo bajar en «skate» una cuesta o comerse siete donuts seguidos. No me extraña que los niños quieran ser «youtubers» porque es la fama más absurda. Cualquiera puede acceder.

–Ese halo ya existe alrededor del fútbol: mueven un negocio millonario.

–Claro, pero al menos para jugar al fútbol tienes que tener algún tipo de talento. Pero para ser youtubers no tienes que tener ninguno.

–Ganar una pasta haciendo nada tiene que ser un talento.

–Sí, bueno… ¿usted lo ha visto?, ¿¡qué le verán a esto!? Explotan la vena «vouyeur» que todos tenemos y hacen de su vida un espectáculo, con cosas estúpidas.

–¿Cree que es producto de que la gente está sola o aburrida?

–Creo que es un fenómeno nuevo, que en un momento dado se agotará porque, ¿cuántas veces puedes ver a un «youtuber» comiéndose una tortilla?, ¿o yo qué sé, saltando a la comba? Eso se tiene que acabar o nos hemos vuelto todos idiotas, que también es una posibilidad.

–No la descarte.

–No la descarto en absoluto.

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