«He intentado escribir “La feria de las vanidades” de nuestra Transición»

Carmen Posadas regresa a Sevilla con nueva novela, «La maestra de títeres»(Espasa), un retrato satírico de la alta sociedad donde viaja a los últimos sesenta años de la Historia de España a través de la vida de una mujer con una biografía cincelada a medias entre la verdad y la mentira.

La autora desvelará este lunes a las 20 horas las claves de este libro en la sede de Cajasol, en una nueva sesión del Aula de Cultura de ABC de Sevilla, que patrocinan la Fundación Cajasol y la Real Maestranza de Caballería de Sevilla.

En su novela anterior contaba la historia de la hija negra de la duquesa de Alba, ahora pasa del género histórico a la novela de alta sociedad, un género que ya mostró en «Pequeñas infamias» o «Cinco moscas azules».

Sí, es un género que me resulta cómodo porque lo conozco. Y, por otro lado, me da la impresión de que no está muy reflejado en la literatura española. Así como en Inglaterra hay infinidad de novelas de este tipo, igual que en Francia o en Italia, aquí en España no es tan común. Por eso me interesaba contar los secretos de esa sociedad.

En la novela aparece un mundo de frivolidad pero que esconde historias subterráneas. ¿Tuvo la intención de hacer un fresco social de la España de los últimos 60 años?

Ésa era mi intención primera: retratar cómo ha cambiado España desde la posguerra hasta aquí. Por eso tomo tres mujeres que son de alguna manera representativas de cada una de las épocas. Una es el presente, otra es la Transición y otra son los años 50. Así voy contando cómo ha ido evolucionando España y al mismo tiempo hago un retrato social en el que no falta la sátira.

¿Podría verse a la protagonista Beatriz Calanda como una especie de personificación de España? Es alguien que construye su propia biografía a veces con mentiras, quizás como ha hecho este país con algunos capítulos incómodos de su Historia reciente.

Claro, yo elegí este personaje porque es muy representativo de nuestra sociedad. Antes le preguntabas a un niño qué quería ser de mayor y decía bombero o astronauta, ahora te dice que quiere ser famoso. Siempre me ha llamado la atención esa gente que consigue convertir su vida en una novela por entregas y cincelarla a base de algunas verdades y muchas mentiras.

¿Ha intentado hacer una especie de «La feria de las vanidades» de la alta sociedad en la Transición?

En efecto, toda la idea me surgió leyendo «La feria de las vanidades», de W. Thackeray. Ya la había leído de niña y de repente me la encontré por casa, la empecé a releer y no podía parar. Con qué sentido del humor, e inteligencia está hecha. Entonces me propuse poner al día esta feria de las vanidades. Y, bueno, ha salido esto…

Usted es buena conocedora de ese mundo de la jet-set pasado por el tamiz de la ironía. ¿La gente de ese mundo le tiene miedo por el riesgo de aparecer en alguna novela?

Yo escribí hace mucho tiempo «Yuppies, Jet Set, la movida y otras especies» que era como un retrato de distintas capas de la sociedad. Una era la alta sociedad, la otra era la jet set, la otra era la burguesía ilustrada y luego la movida que es lo que estaba de moda en aquella época. En ese momento la gente decía: «Tú tienes mucho peligro porque pareces una mosquita muerta y aquí estás, tomando nota de todo». Pero no es verdad, en mi vida diaria soy muy distraída, no me fijo casi en nada, pero si veinte años más tarde necesito crear un personaje como tú, me voy a acordar perfectamente de qué tenías puesto, cómo hablabas… Pero, dicho esto, siempre procuro hacer un retrato amable, sin hacer sangre, irónico, sí, pero sin hacer sangre.

Su protagonista tiene mucho de una famosa dama del papel couché. ¿Era su intención sugerir cierta idea novelada de Isabel Preysler?

Hay mucha gente que me lo ha comentado, pero a medida que avanzas en la novela te das cuenta de que he tomado unos elementos de una persona, pero quizás la forma de hablar de otra o las circunstancias personales de una tercera. Esa señora novelada es como un collage, un prototipo que es lo que me interesa. No intento retratar a fulana o mengana, sino un tipo de personaje que existe en la sociedad y que de alguna manera simboliza el presente.

¿Se ha divertido escribiéndola?

Por un lado me he divertido porque en el fondo estoy retratando mi infancia y mi adolescencia. Yo llegué a España en el año 1965. Ya no era esa posguerra tan dura pero sigue existiendo una España en blanco y negro, con el peso de la moral y la religión. En esa parte me he divertido mucho, pero casi me mata el intentar entretejer esas historias y que al final todas converjan en un desenlace que tiene que ser muy bueno. Lo mejor del libro es el desenlace, pero ¡casi me mata, fue horrible, sufrí muchísimo…! Y luego, para que no sea una estafa para el lector tienes que cerrar todas las historias, contarle qué fue de fulano y qué fue de mengano.

Y aparecen personajes-veleta que cambian según los tiempos y que se dieron mucho en la Transición.

Sí, como Yáñez de Hinojosa, que es mi personaje favorito porque es un prototipo de España y de tantos otros países. Es alguien que empieza siendo el más franquista del mundo, con un bigotito de estos de caminito de hormigas, y que cuando llega la Transición se hace de Mayo del 68, pero es que cuando está a punto de llegar la monarquía se hace monárquico. Y todo lo hace con una caradura espantosa. Siempre me ha llamado la atención ese tipo de gente que son supervivientes y que se reinventan constantemente.

>> Leer la entrevista en sevilla.abc.es<<

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1 respuesta

  1. José Maria Vieira Fonseca dice:

    Carmen Posadas continua a navegar com sucesso no mundo dos escritores, não desprezando o seu estatuto de mulher linda e atraente!

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