Fernando Marías sobre la obra de Carmen Posadas

Carmen Posadas y la tercera mirada perversa

La literatura y el cine suelen referirse a la infancia a partir de dos miradas básicas: la comprometida y sensible, esforzada por adentrarse honestamente en el mundo de los niños por un lado, y la efectista, mucho menos habitual, que los presenta como seres oscuros y retorcidos capaces de cualquier crueldad.

Esta segunda suele darse principalmente en el género fantástico, y entonces el niño es un simple villano, motor o herramienta de la acción que sacude la pantalla. Son contadas las obras narrativas que se adentran con rigor en estas aguas negras: la película de Charles Laugthon “La noche del cazador” o la novela de Henry James “Otra vuelta de tuerca” son ejemplos sobradamente conocidos de eso que podríamos denominar tercera mirada perversa.

Ahora debemos sumar a esa lista la novela de Carmen Posadas “Juego de niños”. Fue publicada el pasado año, pero ya va siendo hora de que al recomendar lecturas dejemos de centrarnos solo en las novedades y volvamos la vista hacia los libros de calidad verdadera, sea reciente su publicación o no. Hace meses que “Juego de niños” puede encontrarse en bolsillo. ¿Le resta eso algo de su altura?

La novela parte de una premisa que no puede dejar indiferente a nadie. ¿Qué pasaría si una mujer adulta cabal y serena, en buena armonía consigo mismo y con el entorno –por ejemplo cualquier lectora de este artículo, por ejemplo tú misma; o tu mismo si ampliamos el círculo- descubriese, sin aspavientos melodramáticos ni golpes de efecto granguiñolescos, que su sana, inteligente y encantadora hija de doce años es una asesina? ¿Y si ese crimen, además, no ha sido producto de la casualidad o del terrible azar, sino de una planificación fría y meticulosa causada por la maldad pura de la niña?

Lo habitual es que un planteamiento así desembocase en una novela de intriga con sustos mejor peor resueltos, pero la apuesta de Posadas –que comienza como una novela policíaca de alta burguesía con aromas británicos al estilo de Agatha Christie, y así puede también leerse- deriva en una rigurosa y desasosegante inmersión en el alma de la desbordada protagonista: ¿qué hace una madre ante tal situación? Solo los grandes dilemas humanos alumbran buenas novelas, y sin duda por ello ésta es una de las mejores -y más valientes- sorpresas literarias de los últimos tiempos.

Por Fernando Marías
Publicado en El Correo de Bilbao

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