Feas y realistas

Una de las pocas ventajas que tiene ser una niña fea (y yo era horrenda, les ahorro los detalles), es que una no se hace la novela. Lo que quiero decir es que una no crece soñando y fantaseando durante el día con los hados, las hadas o quien demonios se ocupe de estos menesteres allá en el Olimpo nos tiene destinado un futuro glamoroso gracias al cual, nada mas quitarnos los calcetines de adolescente, nos encontraremos convertidas en Natalie Wood o Grace Kelly o, mas modestamente, en la Kim Basinger de turno. Lo cierto es que yo nunca fui partidaria de ese fantaseo iniciático-cinematográfico tan propio de la adolescencia (y ya sé, quedare fatal diciendo esto, y los mas freudianos considerarán que me falta algún tornillo muy vital por no haberme querido parecer a Brigitte Bardot o al menos a Marisol, que era uno de los modelos preferidos de las niñas de mi edad, mala suerte).Pero el problema es que yo era fea.

Fea y realista debo decir. Sin embargo, como nadie puede sustraerse a Hollywood como escuela de seducciones y todo el mundo aprende, quiera o no, el abecé de la erótica mirándose en un actor o actriz, un poquito mas adelante, ya con trece o catorce años, elegí un modelo acorde con mis posibilidades de seducción en la vida… Y me decí por Bette Davis. ” Ya que no puedo ser guapa- debí pensar-, seré al menos interesante”
Y me doctore con gestos a lo Bette Davis
Puedo asegurarles que soy experta en “un desafiante elevamiento de barbilla muy característico” y se me da de cine “sacudir de modo dramático la melena de derecha a izquierda” (en dos de las mas señeras características de la actriz,Enciclopedia Británica, dixit). Y luego, con quince años más o menos ya era única en el arte de mirar igualito, igualito que La Extraña Pareja. Vamos, dicho en dos palabras: era (y soy) imbatible en seducciones de mujer fea.

Pero lo malo del asunto es que luego fui creciendo (y mejorando, perdóneme ustedes la inmodestia). Hoy me parezco a Bette Davis como un huevo a una castaña y quizá hubiera quedado más armónico con mi físico el aprender en la adolescencia seducciones de otra actriz más afín a mí en mi apariencia actual, quien sabe. Sin embargo, yo estoy segura de que el haber tenido como maestra en las armas de mujer a una fea inteligente tiene algo de imbatible.

¿Alguna vez se han preguntado porque las mujeres feas envejecen mucho mejor que las muy guapas?.
Yo tengo una teoría al respecto. Pienso que se debe a que las guapas, al hacerse viejas, conservan todos los tics y posturitas que tan deliciosos producían en un cuerpo bello… y que tan patéticos son cuando la belleza se ha esfumado. Nosotras, en cambio, las de la escuela Bette Davis, las doctoradas en seducción de feas, siempre hemos sabido sacarles partido a… a otras cosas menos efímeras. Ventajas de haber sufrido en la infancia los caprichos de una naturaleza poco generosa, supongo.

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