«Espero que la realidad le dé a Trump dos tortas bien dadas»

 

Lleva un año de promoción de su libro «La hija de Cayetana». En las distancias cortas es una mujer educada, inteligente y distinguida. Ha tomado la actitud de «hacerse un poco la tonta» para que la dejen en paz. Afronta el verano con la esperanza de «borrarme del mapa. Y trabajar, me temo»

leva un año sin descanso, promocionando la apasionante e increíblemente olvidada historia de la hija mulata, adoptiva, de la XIII duquesa de Alba (sí, la maja de Goya, vestida y desnuda). Con esta belleza de hoja perenne, toda educación, inteligencia y distinción, que lleva años «haciéndose un poco la tonta» para que la dejen en paz, pasamos una tarde de calor, Historia, historias… y grandes dosis de humor.

–Una duquesa que no puede tener descendencia… ¿Por qué prohija una niña negra: era de «buen tono», era lo más fácil o es que no tenía ningún problema racista?

–En el siglo XVIII era moda regalar a las señoras importantes niñas esclavas como quien obsequia una muñeca o un perrito. Pero las señoronas jugaban un rato con las niñas y las mandaban a la cocina. Cayetana no podía tener hijos y se encariñó con ésta. La llevaba a todas partes, un escándalo en la corte.

–Entonces, no sólo ocurría en las colonias… ¡En España también hubo esclavos!

–¡Y muchos! Sus condiciones de vida no eran tan duras como en las colonias, en las que bregaban de sol a sol en las plantaciones. Eran esclavos domésticos, «gentes de placer» los llamaban y era un signo de estatus tener un negro con librea o una doncella ataviada a lo criollo.

–Pero, ¿ella la quiso?

–Tener negritos en casa era «le dernier cri» (el último grito). Pero para ella no fue un juguete ni un capricho, se enamoró de esta niña y la adoraba, la hizo su hija legal…

–Además, Mari Luz heredó de la duquesa, ¿no? Fue muy justa la aristócrata.

–Sí, siempre fue una mujer generosa. Caprichosa, pero con un gran corazón. La herencia que le dejó hizo de ella una mujer muy rica.

–La novela se desarrolla en la España goyesca, y un poco grotesca, de Carlos IV. ¿Qué similitudes encuentra con la actualidad?

–Muchas. El siglo XVIII fue el fin de era. Muere el antiguo régimen decadente y corrupto e irrumpen nuevos actores sociales que quieren cambiar el mundo. Pero el sueño de la razón crea monstruos…

–Después del libro, ¿le ha llamado alguien de la Casa de Alba?

–La primera persona a la que llamé al empezar el libro fue a Carlos Alba. Le estoy muy agradecida, me ayudó mucho en mis averiguaciones.

–¿Qué gen tienen las duquesas de Alba para ponerse el mundo por montera? ¿O es el dinero?

–Sí. Las dos pertenecían a la única estirpe de mujeres libres que ha conocido la historia hasta la emancipación de la mujer: las que eran dueñas de su destino por ser o bien muy ricas o muy poderosas.

–Goya adoraba a la duquesa, ¿llegaron a ser amantes o todo se quedó en un platonismo?

–No puedo responder a esa pregunta sin hacer un «spoiler». Solo diré que lo que cuento en la novela es la pura verdad, nada de fantasía.

–En «La hija de Cayetana» las escenas de sexo están más presentes que nunca en su obra. ¿Es verdad que tuvo que recurrir al gin-tonic para escribir algunas?

–(Risas)Sí. Escribir escenas de sexo es muy difícil, o caes en la chabacanería o en la cursilería, o te pasas o no llegas.

–¿Usted es una mujer muy pudorosa, verdad?

–En mi vida normal, sí. Como escritora, en cambio, no tengo ningún tipo de escrúpulo.

–Las mujeres de la alta sociedad de la época recibían en la cama a sus amantes mientras desayunaban. ¿Modernidad o liberación?

–Los llamaban chichisbeos, eran rendidos admiradores al servicio de las damas. Las mujeres del siglo XVIII eran mucho más libres que sus pares del siglo XIX o incluso buena parte del siglo XX.

–La duquesa se vestía de maja, alternaba con toreros, bailaba por las esquinas, iba a las verbenas… ¿El típico coqueteo burgués de alternar con la baja estofa o iba más allá?

–Ella era muy «maja». Le gustaban los toreros, los cómicos, los pintores, y era también bastante libre pero sin perder de vista quién era.

–La última duquesa de Alba hacía gala de parecerse a su antepasada. ¿Qué opinión le merecía?

–La conocí y me causó muy buena impresión. Era una mujer muy inteligente y también bastante generosa

–Ahora podrá acabar la novela sobre la persona que salvó a Freud de los nazis, que es el libro que se le encasquilló antes de abordar éste. ¿O no le gusta tanto como para continuarlo?

–No creo. Esa novela se me murió y no es bueno hacerle el boca a boca a un cadáver.

–Dice que el siglo XVIII fue el de las mujeres. Me lo explica mejor, porque yo no siento que hayamos tenido ninguna centuria.

–Las mujeres de clase alta del siglo XVIII eran muy respetadas. Se carteaban con los primeros ministros, discutían con los intelectuales, opinaban en política. También tuvieron un papel muy relevante en la Revolución Francesa. Después acabaron con los aristócratas y llegaron los burgueses, que eran mucho más puritanos que los aristócratas, y mandaron a la mujer de vuelta a casa con la pata quebrada.

–Ahora hay un nuevo resurgir feminista.

–Quedan aún muchas reivindicaciones y batallas por librar, pero yo no soy feminista anti-hombre, digamos. Por eso me llamo a mí misma post-feminista. Reivindico las armas de mujer. ¡Son eficacísimas!

–¿Ha sufrido menosprecio intelectual por tener un físico determinado?

–Yo lo llamo el «piropo terrorista». Muchos hombres te alaban el físico para restarte méritos. Montse Roig recordaba una entrevista con Josep Pla y cómo este le dijo: «Señorita, con esas piernas tan bonitas que usted tiene, ¿por qué quiere ser escritora?».

–Quizá entre nosotras tampoco nos hemos ayudado demasiado, ¿no le parece?

–Muchas veces somos nuestras peores enemigas. Una pena.

–Pienso en su prostituta Elisa que, con 50 años, hace el papel de una niña de 12 años para satisfacer las perversiones de los hombres. ¿Al final las parafilias son más antiguas que el hilo negro?

–Ya lo dice la Biblia. Nada nuevo bajo el sol.

–Vivió en la URSS, ¿qué le parece la extraña pareja Putin-Trump?

–Quién nos hubiera dicho que en el siglo XXI volveríamos a los caudillos, a los machos alfa y a las guerras de religión, por ejemplo. Es increíble.

–Por cierto, ¿Trump es un psicópata, un ególatra o simplemente un estúpido?

–Es un niño malcriado al que espero que la realidad le dé dos tortas bien dadas y que se produzca más pronto que tarde.

–Su nombre se relacionó con la trama de evasión fiscal en Panamá. ¿No cree que ahora ya nadie es presunto inocente?

–Así es. Cómo a tantísima gente me han hecho una inspección fiscal. Había una disparidad de criterios. He tenido que pagar algo de multa y eso ha sido todo. Pero ya se sabe, nadie rectifica una noticia cuando se descubre que es falsa. Calumnia que algo queda.

–Con los años se gana equilibrio. ¿Eso quiere decir que desaparece el miedo?

–Se aprende a relativizar. Todo pasa y el tiempo pone a cada uno en su lugar. Lo malo es que a veces tarda demasiado.

–¿Por qué defiende la Ley de Mecenazgo?

–Sería bueno para todos. Para los artistas porque se verían apoyados; para las empresas porque podrían desgravar impuestos y para el país porque se fomentaría la cultura.

–Dice que lleva décadas haciéndose la tonta. ¿Es más cómodo?

–A veces es básico. Las mujeres que piensan son peligrosas (risas) y, además, dan mucho miedo.

–Vive a cinco pasos del Congreso. ¿Cómo ve las cosas?

–Igual que usted, como un circo.

–¿En algún momento imaginó un parlamento «tan poblado»?

–No es malo que esté poblado. Sí lo es que se encanalle o se abarate.

–Todo ha cambiado desde los años de la Transición, pero dicen que ya ha caducado y que es necesaria una segunda y revisar todo lo que se hizo.

–La Transición ha sido de las épocas más generosas y brillantes de la historia de España. Las dos Españas se dieron la mano para pasar página.

–Los políticos de entonces, ¿tenían otro poso cultural?

–Desde luego la sociedad civil se involucró en política y lo hicieron sus representantes más brillantes. Al contrario que ahora, que estas mismas personas brillantes prefieren lucir en otros ámbitos.

–La corrupción de ahora poco tiene que ver con los escándalos de antes. Ahora es salvaje y a manos llenas. Recuerdo el linchamiento a su marido.

–Así fue. A Mariano lo metieron en la cárcel por dejar de ingresar a Hacienda 24.000 euros. Compara con lo de ahora.

–Hablemos de algo amable. ¿Qué tal va de series, es de las que se engancha a «Mr. Robot», «Homeland» o «True Detective» ?

–Debo de ser de los pocos mortales que no ven series. Me quedé en «Breaking Bad».

–Por cierto, ¿le han dicho que es idéntica a Julianna Margulies?

–(Risas) Me lo dicen mucho. ¡Y me encanta porque debe de tener 20 años menos que yo!

–Si una mujer es fuerte e inteligente, ¿más le vale ser tan guapa que lo otro no se note?

–Si eres guapa, fuerte e inteligente ten por seguro que siempre te van a «rebajar» algo. Como la belleza es lo que se ve primero, y resulta por tanto inapelable, te suelen rebajar lo otro, la inteligencia. Tendrás que estar todo el día demostrando que vales. Agotador.

–¿Qué le erotiza de un hombre?

–A los 20-30 años me atraía la belleza. De los 30 a los 50 años, la inteligencia. A partir de los 60 años he descubierto el irresistible encanto de la bondad.

–No sé si es una mujer de fe, pero ¿qué opina del Papa Francisco?

–Que es como para creer en el Espíritu Santo. Cuando la Iglesia estaba en sus momentos más bajos acuciada por la falta de vocaciones, los escándalos sexuales y vaticanos, aparece él y se declaran «francisquitas» hasta los que no son creyentes.

–Para despedirnos, ¿qué suele hacer en verano?

–¡Borrarme del mapa! Y trabajar, me temo.

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