Entrevista en Gaceta.es

“Escribir es un psicoanálisis baratísimo”

Carmen y Gervasio Posadas, escritores: “Cuando viajas mucho, la familia es vital,como tu equipaje”

Paloma Leyra

En el domicilio de Carmen suena el timbre. Amantina, la mujer que trabaja en la casa, se dirige a la puerta susurrando “Gervasito, Gervasito»; y aparece un hombretón de casi dos metros. Carmen le da un beso a su hermano y vuelve a decirle que no le gustan sus patillas. Tienen en común que los dos sonríen con los ojos. Y que les gusta la comida. Y su vida itinerante de hijos de diplomático. Por eso han cocinado a medias un delicioso relato sobre su infancia en Hoy caviar, mañana sardinas.

¿Qué es la familia?
Para los diplomáticos, la familia es una pieza vital. Cuando viajas mucho es como el equipaje.

¿Y la infancia, su patria?
En mi caso, (Carmen) desde luego. Cuando te vas del lugar en el que transcurrió tu infancia, se mantiene más viva.

En este caso sucedió que nos dimos cuenta de que teníamos una vida más pintoresca de lo que pensábamos. Al escribir recordábamos cosas divertidas, como cuando Gervasio estaba en un campo de pioneros en Moscú para convertirse en un perfecto miembro del Partido Comunista o cuando yo me casé y llevé el ramo a Lenin. Nos hemos reído mucho.
Y han comido bien. La gastronomía lo cataliza todo.
La frase de que el camino para llegar al corazón de un hombre es el estómago se podría aplicar también a la vida de los diplomáticos. Para ellos la cocina es un arma más, y nuestra madre lo tenía muy en cuenta. Se convirtió en una experta en hacer cosas maravillosas y baratísimas, como la falsa langosta.

Era una reina en la cocina, pero jamás frió un huevo.

¿Ustedes?
Mamá era como una directora de orquesta. Y yo, en mi primer matrimonio, era bastante cocinitas…
Durante una época me dediqué a la cocina, pero ahora tengo a Amantina, que lleva 20 años conmigo y cocina divinamente. Pero Gervasio sí cocina. Suele decir que con tres hermanas y una madre que lo torturaban, siempre le tocaba preparar la cena.

Comer, ya lo sabemos, pero escribir ¿para qué sirve?
Para muchas cosas. Por ejemplo, es un psicoanálisis baratísimo.

¿Y para usted, Gervasio?
Yo nunca había escrito nada. Pero un día se me ocurrió una historia y he descubierto algo que me entretiene muchísimo. Soy escritor en horario extralaboral, luego me gusta.

Su madre les sedujo con la cocina. ¿Y su padre?
Él estaba educado de una manera muy victoriana: no se habla de sentimientos, no se llora, uno no se queja o no se habla mal de nadie. Pero su manera de comunicarse con nosotros era leer. Él nos leía cuentos y luego lo comentábamos.

¿Comemos bien?
Es curioso. Recuerdo que cuando yo era pequeña se decía que en el año 2000 comeríamos píldoras; y ha sido lo contrario, cada vez se come más, hay un culto mayor a la cocina y, por suerte, no comemos píldoras.

Y olemos a eso.
C: Yo recuerdo el olor a aceite en el ambiente, olía a churrería, las verbenas, eso casi ha desaparecido.
G: Rusia olía a repollo.
C: Inglaterra también, es curioso.

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