Entrevista en Cuarto Poder

Carmen Posadas, escritora de amplia e interesante trayectoria novelística, acaba de publicar La hija de Cayetana (Espasa), donde recrea con magistral tino, Posadas es escritora que se informa muy bien y con exhaustividad, la esperpéntica época de Carlos IV, fascinante y controvertida, a través de la historia de una niña negra que la Duquesa de Alba, Cayetana, adoptó como hija. La novela trata con interés, y fuera de los tópicos al uso, a personajes históricos, como Godoy, Carlos IV, Goya… haciendo especial hincapié en los personajes femeninos, desde la propia Cayetana a María Luisa, siguiendo con la niña misma, María de la Luz y Trini, la madre biológica de la niña, y puede decirse, protagonista junto a Cayetana, de la narración. La autora concede a cuartopoder.es la siguiente entrevista, en la que explica la génesis de la novela y se extiende con consideraciones actuales, como el feminismo o las elecciones norteamericanas, amén de aportar cierta mirada irónica y escéptica a nuestra actual situación cultural.

— Una buena parte de su obra puede ser catalogada de novela histórica, género de moda. Sin embargo, sus novelas se caracterizan por ser rigurosas en punto a la investigación ¿Sería éste uno de los rasgos distintivos respecto a otras escritas por colegas nada preocupados?
— Para mí es primordial. Cuando uno escribe novela histórica tiene que investigar mucho, leer mucho, estudiar y aprender… y luego desaprender porque si no, corre peligro de aburrir al lector con un montón de fechas, batallas etc. Yo sigo siempre el consejo de James Boswell, autor de la biografía del Dr. Johnson. Decía que este género se nutre tanto de la Historia con mayúscula como de la petite histoire. Y que, si uno va hablar de Julio Cesar, por ejemplo, es importante que señala que era calvo por eso le gustaban coronas de laureles y por tanto conquistó el mundo. Desde lo pequeño se explica muy bien lo grande.

— Este rasgo hace que sus libros tengan cierta afinidad con algunas novelistas inglesas del género, como Mary Renault, ¿me equivoco?
— ¡Bingo! Has acertado plenamente. Los ingleses son los que mejor han entendido esa premisa de los clásicos que dice que hay que enseñar deleitando. Si a esta receta literaria le añadimos tres ingredientes más: humor, una sátira de la sociedad y un estudio psicológico de los personajes que tenemos, a mi entender el cóctel – o poción mágica- perfecta.

— La hija de Cayetana es novela con trama sorprendente ya desde el principio: Cayetana Álvarez de Toledo, la de Alba, madre adoptiva de una niña negra. ¿Cómo llegó a ello? Parece ser que vio en casa de un amigo en Sanlúcar un grabado de Goya de Cayetana con su niña negra…
— Vi en una casa particular un Goya de pequeñas dimensiones -el tamaño de un folio, poco más- que siempre me fascinó.Una anciana a la que dos niños toman el pelo tirándole de la falda. Pensé que era una escena producto de la fértil imaginación del maestro, pero era real; se trataba del ama de la Duquesa de Alba jugando con la hija adoptiva de la primera y otro niño. Me sorprendió que un hecho tan curioso, me refiero a que la duquesa hubiese prohijado a una niña de color que, además sale en dos obras de Goya, fuera tan desconocida. Empecé a investigar y se me ocurrió hacer la historia de dos madres. Una historia de “arriba y abajo”. Arriba, la corte, las intrigas, las conjuras, etc. Abajo, la desconocida vida de “las gentes de Placer”. Así llamaban en el siglo XVIII a los esclavos negros de la península. ¿Qué puede hacer una pobre esclava cubana a la que le arrebatan a su hija de tres meses de vida? ¿A qué vicisitudes se enfrentaría en un Madrid desconocido para ella? Esto me permitía hacer un fresco de dos mundos antagónicos

— Trini, madre biológica de María de la Luz, la niña negra, parece dotar al libro de su dinámica narrativa, como si fuera el motor impulsor. ¿La compuso con esa intención?
— Sí, pero el peso está repartido entre ella y la duquesa. Cada una da su fuerza a su parte del relato. Pero también he prestado mucha atención a los personajes secundarios. Según Dickens, si los personajes principales son los dinamizadores, los secundarios son los que dan color a una narración. Él hacía a sus protagonistas, Oliver Twist, David Copperfield, Esther, etc., deliberadamente neutros para que cualquiera se pudiese identificar con ellos, y echaba el resto en los secundarios: Mr. Bumble, Faggin, The Artfull Dodger. Los hacía incluso un poco caricaturescos para que el lector los identificara con gente que conocía: “Mira, éste es igual a mi tío”; “a la vecina del sexto”…

— La España que usted describe, la de Carlos IV, es esperpéntica. Parecería que se hubiera inspirado en el cuadro de Goya…
— Jajajaja. En efecto, Goya era un gran retratista, los pintó mejor que nadie. Yo en mi retrato intento no ser maniquea. Ni los buenos son tan buenos ni los malos tan pésimos. Prefiero los personajes poliédricos a los unidimensionales.

— La galería de personajes es tremenda: Fernando el príncipe, María Luisa, Godoy, la de Osuna, Pepita Tudó, amante de Godoy, y que es la modelo de las majas goyescas… ¿Qué personaje de esos, tan tremendos, le parece el más curioso, propio de otra novela por sí mismo?
— Me interesó mucho el personaje de Pepita Tudó. ¿Cómo una niña que, poco menos, llama a la puerta del todopoderoso Godoy pidiendo limosna se convierte, contra todo pronóstico y, a pesar de estar casado él con una prima del Rey, en su esposa? ¿Es ella la verdadera maja desnuda? ¿Cómo engañó a todas?

— Cayetana es mujer de armas tomar. ¿Qué diferencias esenciales nota entre el ejemplo de mujer liberada que puede representar Cayetana y los movimientos d eliberación actuales, tan cargados de obligaciones? ¿Es sólo cuestión de clase social?
— Las mujeres de clase alta del siglo XVIII eran mucho más libres que sus congéneres del XIX y buena parte del XX. Eran cultas y sexualmente liberadas. Los hombres las respetaban y admiraban. Nosotras, las mujeres que hicimos la revolución sexual de los 60, nos encontramos ante una extraña paradoja. Existe una asombrosa – y lamentable- involución en las generaciones posteriores a la nuestra. Hemos caído tanto en la trampa de la superwoman… Hay que ser la mejor esposa, madre, profesional, etcétera, etcétera, que nos hemos pasado de vueltas. Las nuevas generaciones están volviendo a roles mujeriles completamente trasnochados. Hay que amamantar niños hasta que cumplan los dos años; hay que prescindir de tampones y compresas y volver al “sangrado libre” porque es más ecológico… Escribí un artículo sobre esto y casi me crucifican las feministas furibundas por ello.

— Usted ha sido muy crítica con la actual situación política en el mundo. Por ejemplo, en la disputa Donald Trump, Hillary Clinton, la cuestión le parece espantosa por banal. Parece ser que la señora Clinton no le ofrece ninguna credibilidad. No digo Trump…
— Cada vez veo más posible que gane Trump, él dijo una vez y textualmente: “Yo podría plantarme en la quinta avenida, matar a un par de transeúntes y ustedes me seguirían votando”. Y lamentablemente tiene razón. Vivimos en un mundo muy absurdo. Las reglas y los valores por las que nos regíamos se han quedado obsoletas y no hemos creado nuevas. Por tanto las que rigen son las más extremas y primitivas. ¿Quién nos iba a decir que en el siglo XXI volveríamos a las guerras de religión? ¿Y al caudillismo más retrogrado y deplorable? ¿Y a poner en cuestión la democracia?

— ¿Y España? Con todo parece preferir este país a otros, en especial por su calidad de vida…
— España es el mejor País del mundo para vivir. No lo digo yo que soy española por elección, sino los millones de personas que eligen este país para vivir. ¿Por qué? No solo porque tiene un clima privilegiado, una gastronomía única y una población amable y acogedora. También porque para vivir con la calidad de vida que aquí vive una persona de clase media, en cualquier otro país habría que ser millonario

— Se que gusta hablar poco del asunto, pero después de lo que ha llovido, ¿considera que a Mariano Rubio se le trató con cierta injusticia?
— A Mariano lo metieron en la cárcel por dejar de ingresar a Hacienda cuatro millones de pesetas, es decir, 24 mil euros. Cometió un error y bien que lo pago, pero imagínate lo que es eso comparado con lo que estamos viendo a diario y en todos los partidos, además.

— La banalidad del mundo actual, puro Matrix con ribetes de teleshow, la preeminencia de la concepción choni de la vida, ¿sería la puntilla a nuestra precariedad cultural, que parece en retroceso?
— Seamos realistas, el interés por la cultura siempre ha sido algo minoritario. En España, por ejemplo, se estima que habrá poco más de siete o diez mil lectores “literarios”. La diferencia entre antes y ahora es que nadie confundía talento con popularidad. Ahora el baremo del talento es el mercado. Cuantos más libros vendas, cuantos más espectadores tenga tu película, cuantos más caros se coticen tus cuadros, mejor artista eres. Eso distorsiona incluso el gusto, la sensibilidad. Eso lo descubrí un día en que uno de esos lectores “literarios” de los que antes hablábamos, me dijo que le había encantado El código Da Vinci. Ese comentario no lo hubiera hecho, seguro, 15 o 20 años atrás.

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