Entrevista ´El Testigo invisible´

Hace diez años conversamos sobre sus historias de niños. Ahora Carmen Posadas, con El testigo invisible (Ed. Planeta), trae una historia real en el marco del asesinato de la familia imperial rusa por los bolcheviques el 17 de julio de 1918. Allí solo se salvó un niño deshollinador, Leonid Sednev, quien en la novela aparece como un personaje anciano que recuerda esos hechos.

¿En su novela plantea un tema de historia?

Yo diría de Rusia, de hecho me casé en Moscú en el año 72, en la época soviética pura. Siempre hubo una asignatura pendiente con este país. Rusia es cautivante, todo quien ha vivido ahí se queda cautivado con el lugar. Entonces se me ocurrió escribir sobre la historia que se ha escrito mil veces, la historia de la familia imperial rusa. Como se ha escrito tanto, hay leyendas, biografías y se presta mucho a inventar. Yo quería contar una historia real.

Como historiadora…

Sí, fue muy divertido porque es una época en que hay muchísima información. La dificultad era saber qué es verdad y qué no. Es una labor como de detective. Quería contar la historia real porque además hay personajes fascinantes como Rasputín, de quien encontré datos interesantes. Como sabes, los Servicios Secretos Británicos desclasifican documentos al cabo cierto tiempo, y justo se cumplía el 65 aniversario de la muerte de Rasputín y liberaron información en la que se decía que los servicios secretos habían intervenido en su muerte. Me pareció interesante ponerlo en una novela y es el aporte más novedoso del libro.

¿Leonid existió?

Sí, lo que pasa es que se sabe muy poco de él. Se sabe que estuvo con la familia imperial hasta 24 horas antes de que los mataran, se sabe que cuando ya habían decidido asesinarlos, el jefe de la chica dijo: “A este pobre chico de 15 años vamos a salvarle vida” y lo despidió con una excusa. Se sabe que Leonid después se unió al ejercito blanco para luchar contra los bolchevique. Hay versiones que dicen que murió en la purgas con Stalin y otros dicen que murió en Sudamérica.

Tomó la segunda versión.

Sí, claro, yo tomo la segunda posibilidad y me lo llevo a Uruguay. Esa es la única parte inventada. Lo que pasa es que hubo muchos rusos que llegaron a Uruguay en esa época. Y a mí me interesaba también que el personaje se convierta en un viejo porque tiene sus memorias. Cuando pones en boca de un niño una historia, tiene un plus de inocencia, verosimilitud, pero también tiene un límite, hay cosas que faltan. Por eso Leonid, en mi novela, se convierte en un viejo de 90 años que recuerda.

Con Leonid niño asedia la vida privada de esta familia.

Es una familia que está muy documentada. Está la famosa historia de Anastasia, la cual es falsa. Durante mucho tiempo se decía que Anastasia, hija de la familia real, se había salvado de la balacera y que había huido. Una mujer, Ana Andersen, hizo creer a todo el mundo que ella era Anastasia. Cuando ella murió, en 1984, al poco tiempo, dos años después, cuando cayó el comunismo, encontraron los restos de la familia imperial en una mina. El marido, viudo de Anastasia, pidió que se hagan análisis del ADN con los de la familia real para que se compruebe que lo que dijo ella era cierto. Y al hacerse el ADN con Andersen, resulta que el 99.99% no es familia. Ana Andersen era una impostora. Cómo mantuvieron el ADN de esta mujer, pues resulta que antes de que muera le habían operado de apendicitis en Estados Unidos, y en ese tipo de operaciones es obligatorio mantener una muestra de sangre, entonces el marido lleva esta muestra para cotejar. Si él no hubiera hecho esto, seguiríamos creyendo que era Anastasia.

La historia da campo para la ficción…

Por mucho que invente un escritor, nunca llega a escribir algo tan fabuloso como es la realidad. La realidad siempre supera la ficción.

Usted se inició con temas para niños. Ahora escribe alternativamente.

Hace tiempo que no escribo para niños, pero durante una época, siempre cada 3 o 4 año, publicaba un libro infantil para recordar mis orígenes.

Alguna vez me dijo que los niños no son niños, sino pequeñas personitas.

Es que nosotros tenemos una visión un poco Walt Disney de la infancia y pensamos que los niños son buenos, pero si uno recuerda su infancia se da cuenta de que ellos son crueles. Los niños son el ser humano en estado puro con todo lo mejor y con todo lo peor. Y como yo había escrito mucho para niños, me gustó utilizar el enfoque infantil para contar el lado oscuro de la infancia.

Hay quienes critican la literatura gótica, ¿qué dice usted?

Yo estoy encantada. Todo el mundo dice “que mancha la literatura, que hace que los niños se llenen la cabeza de fantasía”, bueno que se llenen la cabeza de fantasía pero sobre todo que adquieran el hábito de leer. Y eso es lo importante. La lectura es un hábito, yo siempre digo esto cuando voy a los colegios a dar charlas. Es igual que lavarse los dientes. Al principio tu mamá te tenía que perseguir para que te laves los dientes, después no puedes vivir sin hacerlo. El hábito de la lectura es igual.

fuente: larepublica.pe

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