Entrevista a Carmen Posadas en TelePolis.com

Vestida con un sobrio jersey rojo y sin apenas maquillaje, aparece tras la puerta elegante, cercana, hermosa e inteligente, Es Carmen Posadas. Se sienta y responde con una mezcla cálida de naturalidad y «savoir faire». Nos encontramos ante una escritora de raza que flota envuelta en un halo de magia irreal; un ser que, al mismo tiempo, se nos antoja sorprendentemente tangible.

Carmen Posadas llegó a nuestra cita con las prisas insalvables de los días de promoción y con la maleta a cuestas, medio pie puesto ya casi en el avión, pero sin ahorrar ni un saludo cálido ni una sonrisa sincera a todos los que la esperábamos allí. Ahora acaba de dar a luz La Bella Otero (Planeta), una biografía muy especial del mito erótico de la «Belle Èpoque». Para documentarse, dedicó dos años enteros a realizar una invesigación exhaustiva, que le ha permitido reflejar no sólo el «glamour» de la diva sino también su terrible decadencia.

De La Bella Otero le fascinó que lo dejase todo antes de los 50 para que no la vieran envejecer. ¿Fue esto lo que la impulsó a escribir el libro?
Sí, me interesaba mucho ver cómo se vive la pérdida de la juventud, la pérdida de la belleza, la decadencia… porque ella fue una diosa, realmente consiguió cosas increíbles y el hecho de que lo dejara todo para preservar un don tan frívolo como la belleza me chocó mucho. Luego resultó que eso era falso, porque era muy mentirosa.

La Bella Otero conquistó a siete reyes pero al mismo tiempo era ludópata y murió en la miseria. ¿Cuál le parece que es la cara más interesante de esta mujer?
Para los lectores va a ser mucho más interesante su vida de gloria, los regalos maravillosos que le hicieron, las aventuras que tuvo con todos estos reyes, la gente que se suicidó por ella y todo lo demás. Pero para mí, la parte más interesante es cómo enfoca la decadencia. Cómo se vive después de haber sido una diosa. El libro es la historia del último día de La Bella Otero, que empieza a recordar toda su vida y va contando tanto el éxito como el ocaso.

Usted empezó escribiendo literatura infantil y luego se ha inclinado por la novela para adultos. ¿Cuál de estos dos públicos es más difícil de conquistar?
Yo creo que es bastante más difícil conquistar a los niños, porque ellos leen un libro y si no les gusta lo tiran, es decir, no leen por esnobismo. Un niño no se leería como se lee un adulto el Ulises. Un adulto se aburre, pero debe seguir adelante porque hay que leer el Ulises para no ser un inculto. Por lo tanto, el público infantil es mucho más exigente.

He leído una entrevista donde usted dice que escribe más como autora latinoamericana porque hace una literatura bastante oral…
Yo es que soy hija de un padre que leía mucho en voz alta. Y la literatura latinoamericana es más oral. Es como la aprendí y como la ejerzo. Es como: ven, siéntate, que te voy a contar un cuento…

¿Su literatura se enfoca hacia un tipo concreto de lector, o en este sentido no distingue entre eruditos y gente de a pie?
Dickens es el prototipo de escritor que llega a un público muy amplio y del que, en cambio, una persona que sabe de literatura hace otro tipo de lectura mucho más profunda. Por eso soy gran lectora de Dickens. Tanto en Pequeñas infamias como en Cinco moscas azules, el ejercicio que yo intento es ése. O sea, por un lado se pueden leer como una novela casi de aventuras, y por el otro es un retrato psicológico y casi crítico de la sociedad.

Háblenos de su próximo proyecto. Se trata de un ensayo sobre las distintas mujeres de la historia…
Cuenta cómo las mujeres han ejercido el poder a lo largo de la historia. Como no podían hacerlo de modo directo, lo hacían por persona interpuesta. Cómo las mujeres han mandado a través de sus maridos, sus amantes, sus hijos… esto, con ejemplos, desde Evita Perón hasta Livia, la mujer de Augusto. Muy distintas mujeres que consiguieron ser el maestro de títeres, las que manejaban los hilos.

¿Qué es para usted ser escritora: una profesión, un arte, un sueño o una locura?
Ja, ja, ja… Un poco de locura tiene, desde luego. También una profesión que me permite vivir de lo que me gusta.

¿Cuál es la experiencia vital que más le ha marcado y cómo se ha reflejado esta influencia en su literatura?
Mi infancia. Yo tuve una infancia irreal, por la casa en que vivía, por cómo era mi familia, rodeada de ficción… y ésta es la razón por la que escribo, en realidad porque no me gusta mucho la verdad. La realidad me espanta, y entonces una buena manera de escaparse es escribir. Yo creo que la infancia es un punto de referencia para todos los escritores. Mucha gente escribe para recuperar la inocencia, para recuperar la infancia, el tiempo perdido…

Después de triunfar en la literatura y en la vida, ¿le queda alguna meta por alcanzar?
Sí, me quedan un montón de metas. Me gustaría dedicar más tiempo a mi familia, cosa que me he propuesto ahora, porque mientras estuve haciendo la investigación de La Bella Otero viajaba mucho y mis hijas… mis hijas son mayorcísimas, la mayor tiene 26 años, o sea que tampoco es que tenga que estar ahí para ver si tiene paperas… pero simplemente disfrutar más de ellas.

¿Qué opinión le merece Internet? ¿Lo usa?
Para mí es un galimatías; de verdad, yo trato de entenderlo, pero, de momento, se me da muy mal. También es uno de mis propósitos, entender Internet.

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