Entrevista a Carmen Posadas en Mujer Actual

A Carmen Posadas, de su origen exótico, le queda un desvaído acento delicioso y delicado, y la conciencia de ser, en parte, suramericana, de hecho pertenece al grupo de mujeres de esta procedencia de elocuente nombre: «Sudacas reunidas».

SONIA VALIENTE / SCD PRESS

De padre diplomático, desde muy niña, siempre se vio obligada a viajar. En lo que, en un principio, puede parecer una desventaja por albergar un sentimiento de «no pertenecer exactamente a ningún sitio», Carmen desarrolló una cosmovisión diferente, así como un sentimiento mayor de tolerancia. Este conglomerado de paisajes, vivencias y emociones quizá fuera el responsable de despertar en ella una especial sensibilidad que canalizaría mediante la narración de historias para niños. Porque para escribir para niños se debe echar mano, no sólo de la imaginación, sino también del niño asustado que todos llevamos dentro. Escritora disciplinada con numerosos proyectos, opina que en la vida hay un tiempo para la pasión y otro para el amor.

Como escritora infantil ha publicado más de una decena de libros para niños, entre ellos: «Historias bíblicas, Hipo canta y Kiwi». Con uno de ellos, «El señor viento Norte», consiguió el Premio Nacional de Literatura al libro mejor editado en 1985. Su primer trabajo, fuera de este género, fue en 1986, «Es-cenas improbables», en colaboración con Lucrecia King-Hedinger. De temática más sociológica publicó «Yuppies, jet-set, la movida y otras especies. Manual del perfecto arribista», en mayo del 87. Un año después publica «El síndrome Rebeca. Guía para conjurar fantasmas amorosos».

La década de los 90 no será menos fructífera para Carmen Posadas, ya que entre los 13 libros que publica en estos años, toca prácticamente todos los géneros literarios: teatro, cuentos, novelas y ensayos. Entre los títulos encontramos la obra de teatro «El tulipán rojo»; las novelas «Cinco moscas azules» o el Premio Planeta «Pequeñas Infamias «y, entre los cuentos destacan «Liliana, bruja urbana» y «Nada es lo que parece».

¿Qué supuso para Ud. ganar el Premio Planeta? Gracias a él, los lectores han tenido la oportunidad de conocerla cuando ya llevaba más de 20 años en el mundo de la literatura, ¿es cierto que en este país ser escritor se considera una profesión «de pega» si uno no se ve refrendado por un galardón o una publicación?
Sí, es cierto, en este país, un escritor o publica, o tiene éxito, o, directamente, se muere de hambre. No es como lo que sucede con los abogados porque se puede ser un abogado medio y vivir de su profesión, aquí sobreviven los que realmente escriben bien. Por eso, ganar el Premio Planeta me ha ayudado, a pesar de que yo me dedico mucho a la literatura infantil. Pero es que la literatura infantil es totalmente diferente. Yo tengo libros escritos desde hace 15 años que se siguen reeditando pero si no, en esta profesión todo es muy efímero, por ello al recibir un premio es como un reconocimiento, algo más duradero.

Como escritora de cuentos infantiles y también de relatos para adultos, ¿piensa que el cuento ha sido un tanto denostado, como si fuera un género menor cuando en otras culturas existe una tradición cuentística importante?
Sí, es cierto. Personalmente yo he tardado mucho en escribir una novela. Mi primera novela la escribí con cuarenta años pero, en cambio, tenía libros de cuentos publicados. Pero el cuento no se considera, es como un subgénero, un género menor cuando hay escritores como Borges que nunca escribieron una novela. Es una cuestión de tradición, en España por las razones que sean no ha habido cuentistas y (el cuento) está en segunda fila. El cuento es un género muy difícil.

En este sentido, ¿cultiva géneros diferentes para expresar o canalizar sentimientos diferentes? ¿O tal vez no lo planifica y no sigue una pauta específica a la hora de escribir?
Depende. A mí, por ejemplo, se me dan mejor las distancias cortas. Yo creo que soy mejor cuentista que novelista pero los críticos no están de acuerdo, les gustan más mis novelas. Depende, porque son dos cosas distintas. Cortázar decía que el cuento es como una fotografía y las novela como una película. Yo creo que eso lo explica bastante bien en el sentido que en el cuento tienes que abrir el mundo de la ficción y de los personajes para cerrarlo en un muy corto espacio de tiempo, mientras que en la novela tienes que poner un poco de «paja».

¿Qué diferencias hay entre escribir cuentos para el público adulto y el público infantil?
En general, el público infantil es bastante más difícil. En el sentido de que a los niños o les gusta un libro o, directamente, lo tiran. En cambio, los mayores igual se leen el Ulises porque les han dicho que es maravilloso y que uno es idiota si no consigue acabarlo, pero en literatura infantil tienes que adaptarte mucho más al lector y, por otro lado, es más agradecido porque también sabes cuando realmente has conectado.
¿Qué cómo se hace? Bueno pues cuando uno escribe para niños tienes que buscar el niño que has sido ¿no? y acordarte de qué era lo que te hacía reír, lo que te hacía asustarte y todo eso. Y, en cambio, cuando eres mayor lo que haces es retratar lo que ves.

Entonces, ¿se basa en la experiencia diaria a la hora de escribir?
Claro, en la experiencia o bien en lo que uno ha querido vivir y no ha podido.

En alguna de las columnas que ha escrito confesaba que algunas personas confundían su timidez con frialdad, ¿piensa que ésa es su particular «corazón coraza», que diría Benedetti? ¿Qué todos adoptamos una pose a la hora de socializarnos y, sobre todo, en el amor?
Uno va con la máscara puesta siempre, por supuesto. Pero aparte de eso, los tímidos no es que vayamos con una máscara es que tienes la dificultad añadida de que, por más que quieras, no consigues quitarte ese lastre tremendo que es la timidez. Entonces yo escribí ese artículo porque siempre me ha sorprendido que la gente comente que yo soy antipática cuando yo estoy sufriendo horriblemente. Así que cuando yo lo paso mal, va y resulta que la gente comenta que soy antipática. Luego, también ha sido curioso que ese artículo ha generado un montón de cartas de gente que me comenta que se siente identificada y que tienen el mismo problema.

Carmen, ¿cómo piensa Ud. Que influye el amor en nuestras vidas? ¿Y el destino?
Bien, el destino yo creo que influye mucho en nuestras vidas pero no pienso que nos rija absolutamente. Imagínate que la vida es un barco, el destino sería como un barco o como una tormenta o todos los agentes externos pero uno continúa teniendo el timón y puede maniobrar. Por supuesto que a veces puede haber un vendaval horroroso que te tire abajo pero yo quiero pensar que algún tipo de posibilidad de maniobra sobre nosotros sí tiene. Yo creo mucho en la voluntad. Y, en realidad, todo lo que he hecho en mi vida era porque era muy perezosa y me dije, bueno Carmen, no puedes ser tan perezosa, tienes que hacer cosas. Por ello todo lo que hecho a sido a base de fuerza de voluntad.

Hace algún tiempo salió un informe sociológico en el que se evidenciaba que las pequeñas mentiras eran necesarias para a la vida de hombre en sociedad, ¿También lo serían las Pequeñas infamias?
Bueno, eso es distinto porque las pequeñas mentiras sí son necesarias. Uno no puede ir por ahí diciéndole lo que piensa de las personas a la cara, sería un desastre. En cambio, en la vida hay muchísimas pequeñas infamias: la pequeña traición, la pequeña falta de generosidad, fallarle a alguien un poquito y es bastante terrible porque cuando alguien es víctima de una gran infamia, de una gran injusticia la gente se da cuenta y se compadece de ti, pero cuando eres blanco de una pequeña infamia, nadie se da cuenta. Entonces te sientes muy sola.

Por su propia biografía (hija de un diplomático uruguayo), y su condición de viajera, ¿se ha sentido alguna vez un tanto apátrida?
Sí, en general yo ya no soy de ningún lado. Quiero decir que si voy a Uruguay me siento bien porque es un país que yo quiero, al fin y al cabo es el país donde nací, pero tampoco me siento de aquí. Entonces, eso tiene un precio bastante alto puesto que nadie nos considera de su bando. Pero, por otro lado, es que tienes una ventaja muy grande y es que eres bastante libre y bastante tolerante porque no te extraña nada la actitud de los demás. Como has vivido muchas circunstancias diferentes pues sabes que no existe una única verdad, con lo cual te llevas menos desengaños con la gente. Eres mucho más tolerante con la gente, con lo cual también eres más feliz que la gente que tiene un mundo más pequeño en el que todo se circunscribe a lo que opina su tía, o la vecina. Es una existencia un poco pobre. Mientras que si has vivido en muchos sitios ni te acuerdas de lo que ha dicho tu tía. (Risas).

Ahora que está en auge la literatura femenina, ¿piensa que el hecho de que se considere que las mujeres tenemos una sensibilidad especial es un tópico o responde a una realidad?
A mí me molesta mucho lo de la «literatura femenina» en el sentido de que muchas mujeres, ahora que está de moda este tipo de literatura, las escritoras tratan de hacer una literatura hiperfemenina que se traduce en una literatura de mujeres para mujeres y, entonces, ésto es como meterte deliberadamente en un gueto, como hacer un subgénero. Yo creo que todo lo que nos rodea nos condiciona a la hora de escribir y sobre todo condiciona el género pero no lo puedes utilizar como bandera. Va a traslucir en la obra, pero no lo puedes utilizar así porque, al final, lo que creas es una mala literatura.

¿Qué hacen en «Sudacas Reunidas»?
La idea surgió para crear unos premios literarios en los que la gente más sensibilizada con esta gente y otros para los que peor se hubieran portado. Lo que hemos hecho poco a poco, además de llamarnos «Sudacas Reunidas» es quitarnos la connotación peyorativa y crear un ambiente más relajado, más distendido porque al fin y al cabo los españoles pudieron emigran a Suramérica en los momentos difíciles.

¿Qué tipo de actividades organizan?
Ahora, por ejemplo, lo que tenemos previsto es un gran concierto cuya recaudación se va a donar a las víctimas, a las mujeres refugiadas, en concreto mujeres, puesto que nosotras somos todo chicas. Entonces vamos a hacer un concierto muy grande con un cartel impresionante, os vais a quedar todos impresionados pero, por el momento, no puedo adelantarte nada porque hay algunos no están cerrados todavía.

En el periodo 88/89 Ud. ofició como periodista en TVE, ¿qué prefiere entrevistar o que la entrevisten?
Prefiero que me entrevisten. A mí entrevistar me agobia muchísimo. Nunca sé qué preguntar exactamente, en que momento cortar, etc. Prefiero mucho más que me entrevisten.

En el campo periodístico, ¿qué prefiere el mundo de la televisión o el de la escritura?
 Prefiero escribir a pesar de que da mucho menos dinero. Me han hecho muchas ofertas y ofertas de lo más tentador para televisión. Pero yo creo que es un mundo muy difícil y que, además, quema mucho porque si te equivocas en televisión… Y, en realidad, lo mío es escribir así que prefiero quedarme en mi mundo y hacerlo lo mejor posible y no meterme en otro que me quita mucho tiempo, mucha dedicación y que a lo mejor me da dinero pero no me da la satisfacción que me aporta la escritura.

¿Piensa realmente que el amor puede ser eterno?
Sí, absolutamente.

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