“El feminismo exacerbado nos perjudica”

 La escritora regresa al panorama literario con una nueva novela para la que se ha inspirado en personajes habituales de la revistas del corazón.

Alejada de los salones de sociedad por donde pisó fuerte en los años 80 la escritora Carmen Posadas ha vuelto a zambullirse en lo más granado de la sociedad española de los 50 para ambientar su última novela La maestra de títeres cuya protagonista podría ser la mismísima Isabel Preysler.

Corazón Tiene una media de un libro cada dos años y parece que nadie la va a sacar de esa rutina. ¿Cómo ha sido el parto de esta novela que se acerca y mucho en el tiempo a la actualidad?

Carmen Posadas Pues, por extraño que parezca, te diré que lo más complicado en esta ocasión ha sido el trabajo de documentación. En otras novelas me he inspirado en épocas muy lejanas, en la Grecia clásica por ejemplo, y si metes la pata en algo únicamente se da cuenta un historiador. Pero errar en algún dato de la transición o de los años 50 en España es lo mismo que cargarte tu novela.

C. ¿Qué le ha hecho fijarse en esos años?
C.P. Hace dos veranos empecé a releer La hoguera de las vanidades, un clásico muy divertido con una protagonista femenina que narra todo lo que sucede en un largo periodo histórico. Allí saqué la idea de hacer mi feria de las vanidades del siglo XX al XXI.

C. Sin duda hay personajes que recuerdan mucho a los reales. Por ejemplo, su protagonista se asemeja demasiado a Isabel Preysler.
C.P. Me he inspirado en personajes de las revistas del corazón, pero no de una figura en concreto sino que he hecho un mix de varias. Hay quien me dice que recuerda a Preysler y otros a Tita Thyssen. No he buscado un retrato único.

C. ¿Cree que alguien se puede molestar o darse por aludido?
C.P. Espero que no porque he intentado hacer un retrato lo más ecuánime posible sin hacer sangre. Piensa que a mi protagonista la tengo mucha admiración y simpatía porque la veo como una mujer inteligente que sabe usar sus armas para conseguir todo lo que se propone.

C. ¿Y cuánto hay de usted?
C.P. Bastantes cosas porque yo también llegué a España desde Sudamérica. Me matricularon en un colegio y sentía esa sensación de ser la nueva y diferente, ya que en el año 65 no había tantos extranjeros en España y si hablabas un poco raro ya ni te cuento.

C. Usted también se habrá dado cuenta de cómo hemos cambiado en estos años. ¿Cree que seguimos pendientes de lo que opinen nuestros vecinos?
C.P. Todo se ha mantenido igual hasta la muerte de Franco que es cuando se produce el gran ‘big bang’ de la historia de España y pasa de ser un país en blanco y negro, al color. La famosa frase de Alfonso Guerra cuando decía que a este país no lo iba a reconocer ni la madre que lo parió fue una gran verdad ya que todo se desarrolló en un corto espacio de tiempo. Llego la libertad, el sexo, había optimismo, todos querían remar en la misma dirección… Fue una época muy bonita que corresponde a mi juventud y eso que, aunque la España que teníamos hasta entonces había sido muy pacata, también es cierto que la gente se divertía. Yo, al menos, recuerdo a mis padres que salían muchísimo y solían volver a las 3 de la mañana de las fiestas y tablaos, aunque siempre bajo un manto de la respetabilidad donde no podías sacar los pies del tiesto. Mi educación no fue tan tradicional ya que me matricularon en el Instituto Británico, un centro mixto con una mentalidad más abierta donde no teníamos ni clase de religión.

C. Se nota al leerla que sabe desenvolverse por los salones y conoce los gustos de la llamada ‘gente bien’ de esos años.
C.P. Siempre he sido más observadora que participante, dada mi timidez. Me quedaba en la retaguardia fijándome en todo.

C. ¿Qué queda de la timidez?
C.P. Para mi desdicha es una enfermedad crónica que no se cura nunca. Aprendes a desenvolverte pero la timidez está ahí.

C. En su novela se guardan muchos secretos hasta llegar al final con la resolución del enigma que plantea.
C.P. Es lo que más he disfrutado y, además, estoy contenta por cómo lo he resuelto.

C. ¿Qué ha aprendido de sus personajes?
C.P. Debe ser por los años pero cada vez soy más tolerante con los defectos ajenos. Al final, digo quién soy yo para juzgar a nadie y eso es lo que pretendo con mi libro, que cada cual saque sus conclusiones.

C. ¿Se siente vulnerable a lo que opinen de usted?
C.P. Mucho y soy incapaz de despreocuparme. Encima hoy con Internet te enteras de todo lo malo.

C. ¿Piensa que su imagen corresponde con la realidad?
C.P. Supongo que la imagen que se reflejaba cuando salía en las revistas no era realmente la persona que soy. Me interpretaban muy distinta partiendo de la base que nunca me gustó ser carne de paparazzi, lo pasaba francamente mal hasta el punto que me ocasionó un insomnio irredento que aún hoy padezco. No me gusta sentirme observada y aquel tiempo fue muy complicado, de ahí que haya hecho todo lo posible por salir de ese mundo.

C. ¿Está maquinando su próximo libro?
C.P. Suelo empezar a pensar en el mes de abril y, gracias a mi insomnio, surgen las ideas.

C. Lleva cincuenta años en España, ¿se plantea regresar a su país de origen?
C.P. Aquí están mis hijas y nietos y no me gustaría estar separada. Además, estoy encantada en España.

C. Llevamos dos años de mucha zozobra política. ¿Lo vive apasionadamente o pasa de largo?
C.P. Este tiempo me está recordando y mucho a los años de la transición, cuando estábamos todo el día pegados al transistor, sobre todo en la agonía de Franco. Hoy estamos también pegados al teléfono para saber la última hora. Durante mucho tiempo, la política ha sido como un telón de fondo en nuestras vidas y ahora se vuelve a hablar de la transición con la diferencia de que hoy tenemos un espíritu pesimista. Me da mucha pena que se hable tan mal de ese periodo porque hay hasta universidades americanas que estudian el caso de la transición española por lo bien que se realizó mientras que aquí tiramos piedras contra nuestro tejado.

C. ¿Suele mojarse en temas de política?
C.P. Me han pedido muchas veces que participe en tertulias políticas y hasta algún partido me ha comentado de entrar a formar parte, pero he preferido tener un perfil bajo ya que no me interesa involucrarme.

C. Para una persona como usted que ha vivido el final de Franco, ¿qué le parece la intención de exhumar sus restos mortales?
C.P. Mis hijas de 43 y 40 años apenas sabían quién era Franco salvo una figura remota de la historia y hoy otros han conseguido resucitarlo con lo que está ocurriendo.

C. ¿Le preocupa lo que se está moviendo en Cataluña con los independentistas?
C.P. Por supuesto, me da mucha pena. Alguien dijo que cuando todo está bien y estable parece que hay que inventarse los problemas. Con el nacionalismo está pasando esto y no solo en España. Habría que hacer una reflexión para saber qué es lo que ha hecho activar estos movimientos que ya se abortaron al final de la Segunda Guerra Mundial.

C. En el último año las mujeres han avanzado más que en la última década. ¿Usted también podría firmar el manifiesto del ‘me too’?
C.P. ¿Quién no ha vivido una situación incómoda? Claro que sí y eso que no me siento tan identificada con cierto feminismo exacerbado que, al final, nos perjudica. Ahora, ha salido que se quieren cambiar hasta los nombres de los meses que acaban en masculino. Estas estupideces se vuelven en contra de una causa que es muy importante para cambiar el mundo, pero no con estas iniciativas absurdas.

C. ¿Y sus memorias para cuando?
C.P. Lo que se puede contar no es muy interesante y lo interesante no se puede contar por lo que para qué tomarse esa molestia. La gente suele adornar sus biografías, pero intento ser honesta con lo que escribo y sé que no sería capaz porque no quiero perjudicar o molestar a nadie.

>> Leer la entrevista en mujerhoy.com<<

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