El Buenísimo. Angelina Jolie: entre San Mateo y Mafalda

Uno de los daños colaterales menos comentados de que ya casi nadie lea la Biblia es que se pierde o confunde el sentido de muchas palabras. Palabras como filisteísmo o simonía y otras aún más habituales como fariseísmo, por ejemplo. Y es una pena, no solo por el empobrecimiento cultural que supone, sino también porque dificulta identificar ciertas conductas humanas que están y estarán siempre entre nosotros. Plus ça change, plus c’est la même chose, dicen los franceses, y aquí el refranero lo explica aún mejor: son los mismos perros solo que con diferentes collares.

Lo que quiero decir es que una vez que la sociedad se ha vuelto más laica, ciertas actitudes que antes relacionábamos con los fariseos, con los hipócritas, están aquí en todo su esplendor pero nos cuesta más identificar a sus representantes, porque estos ya no se dan golpes de pecho frente los altares ni van por ahí mesándose la barba mientras farfullan salmodias. Los nuevos fariseos son muy distintos de los antiguos. Para empezar, la mayoría de ellos no invoca a Dios para nada. Son guay y supercool y a todo el mundo le parecen seres maravillosos, un verdadero dechado de virtudes. En estas sociedades nuestras en el que se dice que una imagen vale más que mil palabras, hay quien cree que ya está haciendo una buena acción con ir por ahí repitiendo mucho la palabra solidaridad o asistiendo a la proyección de películas o simplemente leyendo artículos periodísticos llenos de buenos sentimientos sobre cualquier lacra de la sociedad –sea ésta los malos tratos, la inmigración o la ablación del clítoris. Algunos espabilados han visto rápidamente las posibilidades de dicha confusión en el aprecio de la opinión pública y se han volcado en producir, por ejemplo, exposiciones en las que se le pide a diez o doce famosas que posen fingiendo ser mujeres maltratadas para “sensibilizar” al público sobre el problema (y de paso salir ellos en todos los medios de comunicación urbe et orbi pero, eso sí, todo en plan supermegasolidario). Otro truco supersolidario es que una famosa viaje en primera con toda una corte de fotógrafos a la escena de una catástrofe natural o sitio depauperado del planeta para retratarse, monísima, vestida de Coronel Tapioca dando la papilla a los niños pobres del lugar.

Pero para mí la reina de la solidaridad de escaparate, la emperatriz del “me cachis, qué buena soy” es sin duda Angelina Jolie. Su última y sensacional actuación ha sido trasladarse con todo su equipo médico-ginecológico desde Los Ángeles a lo más profundo de Namibia para que allí viera la luz por primera vez su hijita, a la que han llamado Shilo Nouvel, que quiere decir “La pacificadora”. También para que se sepa lo superbuenos que son ella y su Brad Pitt, se informa al personal que han decidido donar lo que saquen por la exclusiva de las fotos de La pacificadora, para entidades benéficas. Por tan noble acción la revista favorecida con la solidaria exclusiva destaca en grandes titulares y hoja aparte su agradecimiento y admiración más rendida a la pareja.

Como digo al principio de este artículo, es una pena que ya nadie lea la Biblia y no solo por la pérdida espiritual que supone sino también por la pérdida de perspectiva respecto de otros valores no relacionados con la religión sino simplemente con lo que está bien y lo que está mal. “Cuando quieras ayudar a otros, no toques la trompeta delante de ti […] que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha”, se dice en Mateo 6.1. Pero imagino que Angelina andará demasiado atareada estudiando nuevos y sesudos guiones de Laura Croft como para leer a San Mateo. A lo más que le dará tiempo será a hojear Mafalda y a estar de acuerdo con Susanita: “Cuando yo sea grande” dice Susanita “me voy a dedicar a organizar banquetes benéficos con pavo, pollo y lechón para poder comprarle a los pobres harina, sémola, fideos y esas porquerías que ellos comen”. Un olé por todas las Susanitas Jolie de este mundo. Como no tienen barba que mesar no se les nota nada, nada su coté farisaico. Será por eso ¿no?

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