El buen sirviente. El mal postmoderno

Parábola o espejo del Callejón de Gato: pueden ser algunas de las opciones que le lector tendrá que afrontar al leer la última novela de Carmen Posadas, novelista nacida en Montevideo, residente en Madrid desde 1965, y que obtuvo el premio Planeta en 1998 conm Pequeñas Infamias. Parábola sobre el Mal en la postmodernidad, donde quizá éste ha quedado reducido a ser un mal sirviente. Al fín, como ser señala en la novela, Lucifer nunca podrá llevar del todo la contraria a Dios, sino en todo casi servirle torcidamente. Y quien dice teología también podría pensar en nla política o sin ir más lejos en las propias relaciones sentimentales, donde antes que la traición se prefiere ya la desviación. Pero Carmen Posadas también a veces parece gozarse paseando por la vida de las clases altas madrilènes y por su inteligencia el espejo stendhaliano, y vemos así a un escritor famoso que no hace más que esperar algún premio internacional mientras contempla con asombro el galardón que le dan a una americana con cara de india…
Carmen Posadas, en cierto modo haciendo un homenaje oblicuo a la novela de misterio anglosajona, nos presenta a una fotógrafa de cuarenta y cinco años que hace fotos a mujeres para revistas de moda y, mientras las va colocando en las posiciones requeridas, medita en su vida, en su amor frustado que solo la utiliza para el sexo, en su madre, de sesenta y tres años, siempre relacionada con jovencitos, y en un misterio sucedido en la vida de ella misma, cuando ella tenía trece años, y que en cierto modo ha condicionado su vida sentimental.
Por otro lado, conoceremos a un modelo que, pese a su belleza, bordea el desamparo económico, y a quien, de repente, una empresa bastante extraña le ofrece el papel de su vida: hacer de hermoso y tentador Lucifer para su supuesto programa trampa de television, donde, tras emborrachar primero a algún famoso, luego se aparece en su casa y se le dice que durante aquel trance etílico firmó un pacto con el Diablo, y éste, como no puede ser menos, viene a cobrar.
Carmen Posadas establecerá así una especie de juego de muñecas rusas, que finalmente irán encajando unas en otras, con laparticipación de personajes secundarios, pero que, en esta novella, adquirirán por momentos verdadera talla de personajes centrales: desde una coqueta niña que vive en una pastelería hasta un enigmatico gato de intereses eróticos muy amplios, o el personaje de quien va a fabricar la trampa, un hombrecillo entregado a indagar en los libros historias sobre el Diablo (no tiene más remedio, Dios es omnipotente) pero al haber sido creado libre (nótese la contradicción) lo hace de un modo fradulento. Es decir, el Diablo, sirve a Dios, pero lo hace…a su manera.
Historia así paródica sobre el amor y sobre la sociedad postmoderna y, en paralelo a las novelas de iniciación, novella de terminación, el lector nunca sabrá dónde empieza Carmen Posadas a ser un buen sirviente del lector, o en realidad, como el Lucifer que aparece en estas páginas, será ella misma el buen sirviente diabólico que, siguiendo los pasos del lector, le lleve por caminos que éste acaso no ha podido ver sino en los Callejones de Gato de su propia vida.
El modelo, Martín obes, lo comprende pronto: “El honor es como el sable de un fakir, lo peor son los primeros veinte centímetros de hoja pero a partir de ahí dale no más…” Y es así como Carmen Posadas traza el destino de sus personajes, y quizá de la realidad posmoderna: son los primeros viente centímetros…luego…dale nomás.

Joaquín Arnáiz

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