Con una nueva pareja, repites esquemas o buscas la antítesis

Cuando la escritora Carmen Posadas se enamoró del que fuera gobernador del Banco de España Mariano Rubio descubrió que era “la antítesis de mi primer marido”, un hecho que le llevó a investigar sobre el impulso amoroso y que dio como fruto el ensayo “El Síndrome de Rebeca”.

Escrito hace 26 años como una “Guía para conjurar fantasmas amorosos”, Editorial Planeta ha reeditado ahora el volumen al considerar que es una tema de plena actualidad.

“Mi primer marido era el más guapo, el más líder, el que más gustaba a mis amigas, frente al hombre serio, tranquilo y comprensivo con el que me casé en segundas nupcias”, rememora Posadas en una entrevista con Efe.
“Lo que me enamoró de Mariano Rubio fue el factor admiración, porque yo no concibo estar enamorada de alguien que no admire; el guapo, ya lo había tenido”, asume Carmen Posadas con picardía.

Posadas se dedicó a investigar esta suerte de impulso amoroso inconsciente y publicó en 1998 este ensayo, inspirado en la película Rebecca, de Alfred Hitchcock (1940), ante un Mariano Rubio al que la iniciativa le pareció “graciosa”, al principio, aunque luego vinieran las molestias.
Sin pretenderlo, Posadas acuñó hace casi tres décadas el término “Síndrome de Rebeca” que define los celos enfermizos que uno de los los miembros de la pareja siente frente a una relación anterior, y que influyen en el comportamiento normal de la persona.

Para la elaboración de este ensayo, Posadas puso un anuncio en un periódico, ya que no existía Internet por entonces, para que la gente afectada por este problema se pusiera en contacto con ella y, escogió los treinta casos más significativos de la avalancha de llamadas recibidas, algunas a horas intempestivas.
“A Mariano Rubio le gustó mucho mi libro; si no hubiera sido así, me habría llevado un disgusto de muerte porque, afortunadamente, era muy crítico”, confiesa la escritora,
Preguntada sobre si, en algún momento, se sintió poseída por el “síndrome de Rebeca” cuando su marido comentaba algo de su primer matrimonio, Posadas baja el tono de voz y confiesa: “sí, un poquito, pero siempre procuraba que Mariano no se diera cuenta”.

La escritora utiliza en su libro un proverbio japonés que le encantó a Mariano Rubio, según comenta, sobre las parejas que se dan una segunda oportunidad: “el amor es como la porcelana, que si la estrellas contra el suelo, tal vez se pueda volver a recomponer, pero es seguro que nunca más podrá contener perfume en su interior”. “En mi historia personal, como marido, quien más me ha marcado ha sido Mariano Rubio”, reconoce sin ninguna duda Carmen Posadas, sobre la creencia de que, aunque te cases o te emparejes muchas veces, en tu inconsciente siempre existirá un solo marido.

“Cuando la gente busca pareja, o bien repite esquemas o busca la antítesis, según le reclame su inconsciente, o se angustia sobre cómo era la antigua pareja, porque intenta competir”, comenta Posadas sobre las conclusiones de su ensayo.
Entre los casos más extravagantes que Posadas explica en su libro figura el de una amiga separada, que seguía poniendo el pijama de su marido encima de la cama cada noche, o el de un hombre que le preguntó a su ex mujer dónde se había comprado su vestido de novia, para que la nueva esposa fuera al altar vestida de modo similar.
Entre personajes conocidos, Posadas cita el caso del ex presidente francés Nicolas Sarkozy, de Marlon Brando y de Leonardo Di Caprio, que siguen el mismo patrón estético en la elección de sus mujeres, “algo que ocurre más entre los hombres que entre el sexo femenino”, recalca Posadas, que está preparando ahora una novela sobre las mujeres de Freud.

La película “Rebecca”, basada en una novela de la escritora británica Daphne du Maurier, narra los sentimientos encontrados de Maximiliano de Winter, de la flamante señora De Winter y del ama de llaves, la señora Devers, hacia la primera esposa, Rebecca, fallecida en extrañas circunstancias.
“Me identifico con el señor De Winter, que escogió una segunda esposa como antítesis de la primera, porque a mi me ocurrió lo mismo; me da pena la señora De Winter, porque se obsesionó con un fantasma y, ante ellos, uno nunca puede ganar”, reflexiona Posadas.

Fuente: lavanguardia.com

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