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Como existe un extraño fenómeno de imitación en ciertos hechos luctuosos, este verano, además de varios casos de violencia machista, hemos sido testigos también de casos de violación a manos de menores de edad. Tales hechos de inmediato hacen saltar las alarmas sobre la necesidad o no de aumentar la edad penal. También de revisar los valores de nuestra juventud. Ambos son debates interesantes que merecerían que les dedicase este artículo, pero a mí me gustaría llamar la atención sobre un tema más filosófico que creo está en el centro de dicho debate. Vivimos un tiempo en el que, yo no sé si debido la corrección política o al papanatismo pseudo progre y buenista que infesta el mundo, hay varios temas que nos gusta meter bajo la alfombra y hacer como que no existen. Uno es la presencia nada menos que de la muerte en nuestras vidas. Así, igual que el avestruz piensa estúpidamente que lo que no se ve no existe, nosotros fingimos que no existe la muerte. En la cultura anglosajona por ejemplo, una persona ya no se muere sino que “passes away” eufemismo lelo que puede traducirse como “pasar”o “partir.” Por supuesto todo el mundo piensa hoy en día que es indispensable evitar que los niños sepan que existe semejante cosa terrible. De este modo, se les oculta en caso de que fallezca un ser querido y, por supuesto, jamás se les permite ver a un muerto. Yo no digo que deba uno regodearse en el sufrimiento y en la muerte como se hacía antes. Tampoco que sea buena la idea de que un niño bese al abuelito muerto como se hacía antaño, pero no creo que deba esconderse a los niños que la muerte existe y que es parte de la vida. Porque lo paradójico del asunto es que, mientras a los niños se les oculta, la muerte ésta omnipresente en la televisión, en los telediarios. Vemos cadáveres mientras tomamos la sopa como si tal cosa, presenciamos asesinatos al tiempo que charlamos con la familia y ya no distinguimos entre los muertos de una película y los del noticiario. De este modo, al final, lo que ocurre es que la muerte se acaba ficcionalizando, convirtiéndose en algo irreal y por tanto ajeno a nosotros. Me pregunto si esta ficcionalización de la muerte y por extensión de la violencia no juega también un papel en los fenómenos de maldad juvenil que estamos viviendo. Me pregunto si no se trata de una nueva banalidad del mal un tanto diferente a la que formuló Hannah Ardendt. En su archifamoso libro Eichmann en Jerusalén, Arendt destaca que el mal, ejemplarizado en las SS alemanas durante la II Guerra Mundial, no obraba por los motivos por los que suele obrar el mal normalmente, esto es, por envidia, odio, tampoco por resentimiento. Sus motivos eran otros, ellos se veían como simples instrumentos de un programa político. Uno en el que el asesinato no era más que un efecto colateral exigido por el funcionamiento del sistema. Por supuesto nada de lo que vengo de reseñar tiene que ver con el fenómeno que ahora nos ocupa, pero leyendo a Arendt existen un punto común y es este: ¿Porqué lo hicieron? Por extensión también podemos decir ¿Porqué unos menores violan (y en algún caso matan) a una niña? Arendt advierte de que la gran dificultad que plantea explicar y comprender hechos terribles es que puede inducir a situarlos fuera del umbral de lo humano y relegarlos al ámbito de lo monstruoso. Sin embargo, calificar a dichos individuos como monstruos, inmediatamente los sitúa fuera de lo que consideramos “normal”. “Son monstruos” decimos y, al hacerlo se tranquilizan las conciencias, se acaba toda reflexión. Y lo peor es que esta actitud nos deja de nuevo a la intemperie ante nuevos acontecimientos similares. ¿Qué pasa cuando uno pierde perspectiva y banaliza o ficcionaliza el mal, la muerte y el sufrimiento? ¿No será que la sobreprotección a la que sometemos a nuestros hijos los está haciendo, no solo unos malcriados, si no también insensibles al dolor ajeno? El relativismo en el que vivimos hace que siempre echemos la culpa a otros. A la tele, al colegio, a la sociedad. Pero en realidad no importa nada de quien es la culpa. Lo importante es ¿Qué puedo hacer yo para cambiar esta situación? |
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Katia - 26/11/2009
Leyendo este artículo, considero que no es el mal que se ha banalizado, la maldad y todas sus expresiones están en nuestro entorno, como parte de la ciencia ficción y la propia realidad, on line "gracias" a las tecnologías de informacióno y comunicación, somos nosotros con nuestra actitud que le damos la categoría de banal por que es un antivalor que se ha arraigado hasta parecer la continuación de un valor de nuestra sociedad y que la práctica de otros valores como la compasión "no agrega valor" en nuestras vidas tan agitadas, ensimismados en nuestros asuntos inmediatos, vamos por la vida apagando incendios como bomberos, vemos un arbol más no el bosque.
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Rosario - 26/11/2009
Sé que no es comentario para este tema, pero yo vivo en Uruguay y cuando salieron los talleres con tu hermano quedaron en avisarme, porque obviamente estoy en Montevideo, y no sé si se podría hacer algo, en su momento entendí que sí, pero ahora me lo podrían confirmar?
Perdón porque queda colgado , pero espero que me entiendan....
Ay Carmen el 29 de este mes es tan importante para nosotros , qué te parece? Desde que era chica y estaban presos , yo vivía en Punta Carretas, bueno nunca más habia sentido esa sensación de miedo que me la dejaron para siempre, en todo caso siempre queda Madrid !!!
Con todo cariño, desde el Uruguay
Rosario
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sandrina - 24/11/2009
El relativismo actual que comentas me parece más fruto de lo que se exhibe que de lo que se oculta. Así lo que se exhibe en telediarios, en reality shows, en video juegos, en periódicos sensacionalistas (en el fondo, todos ) es un gusto morboso por la monstruosidad bajo cualquiera de sus formas, precisamente porque no nos identificamos con el Mr o Mrs Hyde que hay en cada uno de nosotros (aunque intuyamos que en nosotros duerme). Ese exhibicionismo lleva a banalizar la muerte, la violencia, la guerra, la injusticia, la infamia, los insultos, la miseria,etc., porque cada uno en el fondo no se quiere reconocer entre tanta basura. Nos situamos entonces por encima de la realidad en la que "el infierno son los otros" siempre, y donde se diluye cada vez más nuestra responsabilidad. Si no hay responsables, no hay culpables... Deberíamos recuperar la responsabilidad perdida, sacrificar la personalidad de masas a favor de la personalidad individual, dejar de creer que "todo vale" ( pues el " todo vale" solamente "vende" ) , sin embargo ello significa ir a contra corriente, incluso desaprender, mirarnos directamente "cara a cara". ¿Para qué? replicarán algunos no tan resignados como acomodados dentro del sistema supuestamente "civilizado", democrático, tolerante,solidario, perfecto ( salvo excepciones ) que nos han querido vender. Aquí, empero, no hay hojas de reclamaciones...
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José Maria - 18/11/2009
O que se pode fazer para combater a banalidade do mal, pergunta Carmen Posadas no final do seu artigo.
Todos nós, na sociedade, podemos fazer algo para combater essa banalidade: juristas, sociólogos, psicólogos, políticos, homens das letras e das artes, entre muitos outros. Como se trava esse combate?
Já dizia Victor Hugo: "pode-se resistir à invasão dos exércitos, não à invasão das ideias". Ou seja, subjacente à ideia de banalizar o crime, hoje em dia reinante nas sociedades, é preciso e urgente, contrapor outra ideia tão poderosa ou mais que é: "o cime, seja ele qual for, perpetrado pelo homem culto ou inculto, jovem ou não, tem de ser combatido com a ideia de que , quem o pratica terá de ser sempre sancionado pela sociedade e terá sempre de cumprir uma pena adequada à gravidade do crime cometido. Não há inimputáveis: se quem cometeu o crime não está na posse das suas faculdades mentais normais, terá de ser encarcerado em casas de correcção, por exemplo. Nunca se poderá permitir a impunidade perante quem cometeu um crime. Levantemos esta bandeira para sempre: "não, nunca mais permitiremos a impunidade perante quem cometeu um crime".
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Judith Hernández Alejandro - 17/11/2009
Creo que hoy en día no hay valores ni principios y eso me da un miedo terrible, la gente va la lo suyo , "quítate tu para ponerme yo" la ley de la jungla.
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Susana - 17/11/2009
Estoy completamente de acuerdo. El problema es que en esta sociedad el concepto del bien y el mal han desaparecido. Se ha perdido la capacidad de emocionarse con el sufrimiento ajeno y por tanto somos cada vez más animales y menos humanos. Ni siquiera se puede decir que esa gente sea mala. Simplemente carecen de moral alguna.
www.sigoacontracorriente.blogspot.com
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Balayer - 16/11/2009
Interrogante ¿se nace malo o se es malo? Psicópatas, sociópatas, asesinos ocasionales o en serie, en masa, tienen justificación genética en el cromosoma "triequis XXX" 21, síndrome de Klineffelter, el mapa cromosómico puede predisponer al delito violento, a la lesión e incluso al homicidio y agravado asesinato, o por el contrario, es la propia influencia nociva familiar, social, laboral o política su determinante?
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antonio escribano escobar - 16/11/2009
Se debe banalizar el mal, obviar la violencia, admitir cualquier acto lesivo y perjudicial para el individuo o la sociedad, como ente colectivo, como entorno o caldo de cultivo. La edad penal es una barrera cronológica, la legislación vigente es garantista con el menor, quizá excesivamene tuitiva o hiperprotectora, el infractor menor es inimputable penalmente pero, con carácter general y abstracto, o más bien debiera pormenorizarse y detallar el caso concreto, debe limitarse la privación de libertad del delincuente juvenil, se redime, reeduca o reinserta socialmente un homicida, asesino, violador o torturador efectuando trabajos para la comunidad, quedará extirpada la semilla del mal. La cultura de la muerte siempre debe acompañar al ser humano, desde el momento del inicio d ela respiración pulmonar autónoma, el ser humano es consciente de la tanatofobia, tiene miedo, temor u horror a la muerte, enfermedad combatida por el instinto de supervivencia.
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Balayer - 16/11/2009
Interrogante ¿se nace malo o se es malo? Psicópatas, sociópatas, asesinos ocasionales o en serie, en masa, tienen justificación genética en el cromosoma "triequis XXX" 21, síndrome de Klineffelter, el mapa cromosómico puede predisponer al delito violento, a la lesión e incluso al homicidio y agravado asesinato, o por el contrario, es la propia influencia nociva familiar, social, laboral o política su determinante?
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Antoine - 16/11/2009
La axiología, la escala de valores se ha esfumado del concepto social, se considera normal que el hombre sea un lobo para el propio semejante, vale todo, tolerancia es modernidad, libertad mal entendida o mejor dicho mal interpretada. Las pautas de comportamiento se han alterado, el fin justifica los medios, maquiavélica fiolosofía vital. La libertad debe ser limitada cuando cercena o colisiona con la del otro.
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Greffier - 16/11/2009
Banalizar el mal, asignarle un valor nimio o insignificante nunca será un modo de eliminar el efecto, sin analizar ni tratar de evitar la causa, la etiología, el origen, la fuente. Malévolo es la persona que quiere mal, que malquiere, porque intrínsecamente es malo, por adolecer de alguna patología o bien por un comportamiento anómalo o conducta social desviada. La sociopatología debería estudiar este impacto nocivo.
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