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articulos de Carmen Posadas
La sospecha

Como ya hemos comentado más de una vez, no me considero una feminista al uso o, en todo caso, soy posfeminista. En otras palabras, creo que si bien en el Tercer Mundo a las mujeres aún nos queda mucho camino por andar y muchas batallas por ganar, en el Primer Mundo no veo necesario continuar teniendo una actitud beligerante que eche más leña a la ya de por sí muy inflamable hoguera de la guerra entre los sexos.
Dicho esto, considero también que pervive un machismo residual muy difícil de erradicar y en el que vale la pena detenerse para ver en qué consiste.
Hace más de un año escribí un artículo titulado ¿Y de novios qué? en el que señalaba cómo, a pesar de que las mujeres hemos alcanzado un papel importante en la sociedad, de alguna manera el “éxito” de una mujer se sigue midiendo por parámetros muy arcaicos. Así, cuando una mujer triunfa en su carrera, en seguida surge alguna vocecilla estúpida que señala: “Sí, sí, guapa, eres directora general pero ¿y de novios qué?" como dando a entender que una mujer no puede sentirse realizada y feliz a menos que tenga una pareja. Y es que, nos guste o no, la sociedad sigue considerando que el éxito de una mujer está más en el ámbito de lo privado que en el de lo público, lo que explicaría por qué se les da tanta cancha a esas señoritas perfectamente ociosas e intrascendentes que vemos, monísimas ellas, en las revistas del corazón y cuyo único mérito es haber “pescado” un marido aristócrata o famoso.
Pero existe otro machismo residual que a mí me resulta aún más desagradable y es el que afecta a las mujeres que han logrado destacar en el mundo profesional sea éste de la índole que sea. Me refiero a algo que yo llamo La Sospecha.
Cuando una mujer alcanza un puesto relevante o un hito destacado en su carrera, inmediatamente surgen voces (y no siempre son masculinas, por cierto) que empiezan a barruntar maliciosamente: "Vaya, vaya ¿cómo es que ha llegado ésta tan lejos?". Si la mujer en cuestión es guapa, su triunfo se atribuye inexorablemente a su aspecto físico. “A saber con quién se habrá tenido que acostar para conseguirlo”, arriesgan los más explícitos mientras que los más perspicaces señalan: “Yo, con esas piernas, también habría llegado lejos”. Si la mujer no es muy guapa, las razones de su éxito son igualmente sospechosas aunque menos sexuales. “El que tiene padrinos se bautiza” es una frase que se oye mucho dando a entender que sus logros se deben a causas espurias que nada tienen que ver con la valía personal.
Como bien sabemos, la mediocridad necesita siempre una coartada. Para los que no consiguen despuntar es un verdadero bálsamo pensar que quien lo logra es igual de mediocre que ellos y que, si ha triunfado, es sólo porque ha hecho cosas que ellos no están dispuestos a hacer. El éxito ajeno siempre resulta sospechoso, pero yo creo que las mujeres sufrimos un plus de sospecha. Tal vez sea porque, como señalaba más arriba, hasta el momento el triunfo de una mujer se circunscribe al ámbito de lo privado, de modo que está muy bien ser una madre modelo y una esposa ejemplar (y, por extensión, la mejor cocinera, por ejemplo) pero poco más. Ahora que la crisis acecha y no pocos verán peligrar sus puestos de trabajo, mucho me temo que se recrudecerá dicha “sospecha” sobre todo si una mujer retiene su empleo frente a otros que no lo logren.
Muchas veces me he preguntado cómo se puede luchar contra esta injusta apreciación de las cosas, pero la única manera que se me ocurre es seguir adelante. Trabajar más, ser mejor que los otros, hacer un esfuerzo adicional. Al fin y al cabo, lo que es seguro es que al final el tiempo pone a cada uno en su lugar. “Ladran, luego cabalgamos”, les gusta decir a algunos, pero yo prefiero esta frase de Oscar Wilde: "Que digan lo que quieran porque, después de todo, ¿qué es el éxito sino la mayor y al mismo tiempo la más sutil de todas las venganzas?”.

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  Comentarios
x - 31/05/2009
Leyendo el artículo de Carmen Posadas “La sospecha” me ha venido a la mente, y creo que por enésima vez, una especie de desilusión. No sé por qué muchos escritores, articulistas… tienen la costumbre de citar siempre “mujeres que triunfan o que tienen éxito en su carrera profesional” cuando hablan de mujeres de bandera en un mundo de hombres. En muchos de los artículos que leo casi siempre hablan de mujeres con éxito social haciendo entrever que éstas son las que más han luchado por su supervivencia en un mundo predominantemente machista. Parece ser que aquellas, y somos muchas, que tenemos una vida sin demasiados triunfos estereotipados a nivel profesional sino más bien un tipo de vida para poder sobrevivir, muchas veces quedamos casi excluidas por la típica mujer exitosa y a veces, las mujeres de a pie se sienten desanimadas por este tipo de opiniones. Admiro a esas mujeres que con su esfuerzo y con dignidad han llegado a puestos de tan alta responsabilidad pero, el resto por muchísimas circunstancias (genéticas, ambientales, o cualesquiera que sean las razones) no hemos llegado a ese grado de éxito social. Aunque claro está que el éxito sé puede medir en distintas escalas y he de decir que la envidia femenina es nefasta entre las propias mujeres y eso es lo que más me indigna.
Por esas mujeres del anonimato, va por ellas. Por todas aquellas que sufren por circunstancias de diversa índole y por ser luchadoras casi en soledad, va por ellas.

Gracias por tus artículos.
un saludo
Pilar - 02/01/2009
Carmen , tambien me considero post feminista.En el ambitó profesional cuando estás prestigiada por trabajar duro y porque te gusta tu profesión pero no tienes marido o acompañanate oficial ,siempre surge una sonrisa maliciosa del mediocre de medio pelo que todo el mundo identifica pero que destaca por el arribismo desmesurado,por la ignorancia envidiosa y tantas otras cualidades que mejor no ir mencionando.Me encanta Oscar Wilde ,y me he leido"el Arte de coversar" en la que encontrariamos alguna cita explicativa sobre el particular. Un abrazo
Feliz año Carmen!
Me encantaria conocerte .A ver si cuando vengas a Barcelona .....
juanluis - 17/12/2008
Tengo un verdadero respecto por la mujer, para verme inmerso en este tema, por lo tanto, solo un comentario. Basta mencionar un nombre que usted conoce: Maria Moliner. No solo llegó, sino que dejó un fantástico legado, y no sabemos como tenía las piernas ni lo demás. Rogaría, en lo personal a usted, que posee un excelente curriculum, que el tono de la conversación se elevara. La mujer es algo mas.
Un saludo
La Sospechosa - 14/12/2008
Carmen, ¡qué bien me ha venido tu artículo¡ Justo cuando me está ocurriendo a mí. Gracias por el cierre que le das ...¿qué es el éxito sino la mayor y al mismo tiempo la más sutil de todas las venganzas?. Me lo repito día y noche, porque, la verdad, hay cierto mediocre que me está haciendo verdadero daño. Tan intensa es su mentira, que a todas luces la está haciendo verdad. GRACIAS, por tu artículo, que resume tan bien algo que nos rodea en el día a día
Zorro Veloz - 10/12/2008
Un matiz: el mediocre no es el que dice que si no triunfa "es sólo porque ha hecho cosas que ellos no están dispuestos a hacer" Sino el que DICE que no está dispuesto. Doble humillación: no sólo no triunfa, sino que no le dan la oportunidad de 'rebajarse'. Ya es valer poco. Otra cosa es que, efectivamente, todos conozcamos casos de apadrinazgos más o menos encubiertos, o casualidades sospechosas, pero que, en los cuarenta años que hace que muero, no he visto tantas como para pensar que sean la norma. Por norma general, el que triunfa suele habérselo ganado.
Sólo era eso. Pensamientos deslabazados. Perdón por el seudónimo, pero me presento con él en todas partes. Me gusta el bicho, y en muchas partes contesto por él, incluso de viva voz
Balayer - 02/12/2008
La sospecha, constante suspicacia sobre el origen de la fama súbita de una señora o señorita, cuestionando y desconfiando de su propia valía. Machismo residual motivado por la desconfianza e inseguridad personal del varón malévolo e inquisidor. La diferencia de altura del caballero, jinete o amazona impide ser alcanzado o descabalgado por el petón o infante, caminante, obligado a mirar desde abajo, un plano inferior, a nivel del suelo o tierra, como en la escena del clavileño (cabllo de madera de Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote). Pisar fuerte, con firmeza, digan lo que digan los demás...
Antonio Escribano Escobar - 02/12/2008
Nadie podrá evitar ser sujeto u objeto de envidia, el malestar por el bein o éxito ajeno, mayor pecado capital del/a español/a (Fernando Díaz Plaja) es patología crónica, enfermedad incurable, sin remedio. Cuestionar la raíz de la inteligencia y cultura femenina presupone un complejo de inferioridad, más patente que indiciario o presumible. La timidez sexual, el temor a la mujer descarta un eventual trato de igualdad. La igualdad de género (sic) es un oxímoro, el género como concepto gramatical es un elemento o factor diferencial, signo distintivo. El hombre y la mujer, varón y dama, son y deben ser iguales en derechos u obligaciones y derechos, libertades fundamentales o garantías, sin desembocar en la uniformidad sensual ni sexual, no tolerando la homofobia y censurando la heterofilia instintiva, social y connatural. La mujer debe ser admirada, reconocida y siempre respetada, el maltrato machista mal llamado violencia de género (masculino al femenino) es sexopatía, sadismo activo y masoquismo receptivo. Que la mujer siga siendo bella, coqueta y siga conquistando la sociedad, por su valor intrínseco, sin revanchismo ni bajo sospecha.
Balayer - 02/12/2008
La sospecha, constante suspicacia sobre el origen de la fama súbita de una señora o señorita, cuestionando y desconfiando de su propia valía. Machismo residual motivado por la desconfianza e inseguridad personal del varón malévolo e inquisidor. La diferencia de altura del caballero, jinete o amazona impide ser alcanzado o descabalgado por el petón o infante, caminante, obligado a mirar desde abajo, un plano inferior, a nivel del suelo o tierra, como en la escena del clavileño (cabllo de madera de Miguel de Cervantes Saavedra, El Quijote). Pisar fuerte, con firmeza, digan lo que digan los demás...
susana - 02/12/2008
Se dice que en España, la envidia es el deporte nacional. Todo el que alcanza un cierto nivel es víctima de la sospecha. Habría que decir que a menudo resulta cierto que las influencias han tenido algo que ver, tanto en el caso de hombres como en el de mujeres. Lo que realmente es injusto es que se encuentren en el mismo nivel aquellos que se lo han ganado de forma justa, y los que han sido favorecidos por otras circunstancias. Un saludo.
A.D. - 02/12/2008
Querida Carmen, como casi siempre, admiro tu capacidad para hacernos disertar sobre temas tan en actuales.
Añado, además a tu excelente comentario, una pequeña apreciación: ¿No seremos responsables todos de que los estereotipos de mujeres deseados sean los representados por "Floreros"?. Y es que si la publicidad, la televisión, las revistas y los medios de comunicación en general, seleccionan determinados perfiles femeninos para promocionar un producto es porque venden.
Para mí como mujer es insultante que determinados personajes disfruten de un "status" privilegiado por el simple hecho de "restaurarse físicamente". Posibilidad de la que disfrutan además por haber sabido "bien casarse" o "bien juntarse".
Abogo por el reconocimiento de la formación intelectual y del uso de la inteligencia a la hora de conceder méritos. Todo ello además es absolutamente compatible con nuestra naturaleza femenina, con nuestra coquetería, de la que podemos hacer uso de la forma que tengamos por conveniente.
Siempre se ha dicho que la belleza es un estado interno que se refleja externamente. Cuando poseemos y acumulamos conocimientos, experiencias y formación nuestro rostro se ilumina! Qué interesante nos resultan las personas con quienes se puede mantener una conversación!
Enhorabuena por tu trabajo! Estoy orgullosa de que hayas demostrado con creces a todos los que pretendieron encasillarte, " mal intencionadamente", dentro de un grupo de señoras con las que nada tienes que ver, que eres una mujer preparada, trabajadora, luchadora incansable, sensible, femenina y "real"!!! no "divina" como las otras intentan hacernos creer.
Antoine - 01/12/2008
Sin amigo fuerte o influyente, sin amistades peligrosas o grupos de presión, el empeño y la constancia pueden y deben suplir la inicial dificultad o prejuicio de la promoción femenina. Hay tiempo para todo y espacio para todos, la envidia corroe y tiende al enojo por el bien ajeno, es injusto achacar otros defectos o carencias afectivas o amatorias a la mujer sobresaliente, de actuaciones notables, llevadas a cabo no sólo por su alta autoestima sino también por su coraje y tesón individual. La rémora del "padrino" (físico o individual, empresarial o societario) debe olvidarse como un lastre vetusto y afortunadamente superado. Hoy no siempre sólo se bautiza quien tiene padrino o un buen árbol que le cobija. La mujer es más tenaz, voluntariosa y cree más en la victoria.
Greffier - 01/12/2008
Efectivamente cuesta convencer al respetable público que el éxito profesional femenino es única y exclusivamente atribuible a los méritos propios. No hace falta un patrocinador (masculino o femenino) que sea el artífice del triunfo personal, no es preciso un "sponssor" que promociones y garantice el buen fin de una obra literaria o ejecutivo. Resulta anacrónico la necesidad de buscar un conseguidor, menospreciando la autosuficiencia de la individualidad o singularidad de una mujer. No siempre detrás de una gran mujer hay un gran hombre o mujer, la autarquía masculina socialmente no se cuestiona, por qué el hombre puede obtener un reconocimiento institucional, social, laboral y público y sin embargo a la mujer, se le demanda e incluso exige ese complemento personal o afectivo. ¿Es machismo o discriminación no querer aplaudir la valentía de una dama o fémina independiente, capaz de ser admirada o respetada sin novio o novia?
Fernando Plaza - 01/12/2008
Yo creo que lo primero también le ocurre a los hombres, la gente tiene la virtud de preguntar siempre por aquello que te `falta´: independientemente de tu sexo. Por suerte a los hombre es raro que nos vengan con frases de poco gusto como: "se te va a pasar el arroz"...

Me encanta la frase de "la mediocridad necesita siempre una coartada"
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