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articulos de Carmen Posadas
Pelmazos de Verano

Los pelmas son como las moscas, existen todo el año pero en verano se vuelven realmente insufribles. Yo no sé si será la confraternización, o tal vez la fiaca o simplemente el calor, pero lo cierto es que en el estío (que diría un cursi) nuestras vidas se llenan de pelmazos. Yo los tengo bastante catalogados y paso a hacerles a ustedes un muestrario para que se anden con ojo y al menor atisbo de uno pongan pies en polvorosa. Existe, en primer término, el plasta veraniego por excelencia, el más clásico, el prototípico, el que podríamos llamar el pelma-lapa. Este es el que, cuando uno llega a una playa solitaria y se instala en la más remota de las dunas allá en las Quimbambas, el pesado de marras, que tiene toooda la playa para elegir, planta sombrilla a medio metro y se pone a jugar a la pelotita ante nuestras narices. (Segunda variante de pelma-lapa: cuando uno está tranquilamente desayunando a solas con el periódico, el P-L se desparrama en una silla vecina y comienza a dar la brasa con su cháchara impidiendo la lectura). Luego está el plasta informativo. El plasta informativo es ese que siempre está dando el parte de cosas que a uno le importan una higa. ¿Te has enterado? ¿Ah, pero no te han lo han contado todavía? Pues es que mi primo ha pescado un pulpo así de grande, lo menos mide un metro, ni te imaginas ¡es algo increíble! Ahora está pensando en prepararlo a la gallega ¿tú sabes como se hace el pulpo a la gallega? (En este momento es menester darse el piro porque si no el plasta informativo pasa a explicar con todo lujo de desagradables detalles cómo se prepara el pulpo a la G). Otro plasta para mí todavía más agotador es el I know best, es decir, el yo-lo-sé-todo. Este modelo de coñazo es el que siempre lo hace todo mejor que uno. Y da igual que se hable de comida, de coches, de cónyuges o de hoteles. Su paella siempre es más rica, su buga más aerodinámico, su Jose Mari o su Mari Jose mucho más enrollado/a ¿ y su hotel? Uy, tú eres un pringao , chico, mira que pagar 300 eurazos por esa birria. Mi Mari Jose y yo tenemos una junior suite con jacuzzi terraza privada y vistas al golf por 100 pavos y encima nos dan pases gratis para el spa.

Si sobrevive uno a todos estos pelmas antes mencionados sin armar el petate y volverse a la ciudad a toda milk, aún puede tener la mala fortuna de topar con otro pelmazo inconmensurable. Me refiero al plasta-pincha globos. Ese al que le chifla arruinarle a uno cualquier placer, cualquier plan. Si se nos ocurre comentar, por ejemplo, que al día siguiente vamos a ir de excursión a la montaña con la familia, va el pincha-globos y dice: ¿A la montaña? Chico, pero a quién se le ocurre ¿No sabes lo que les pasó a los Martínez? A la niña, sí, a la pequeña de cuatro años le picó un alacrán y acabó en la UCI. A continuación el pinche P-G pasa a contar una historia para no dormir en la que glosa todos los peligros y acechanzas de la susodicha montaña y cuando acaba, nuestra familia dice que a la montaña va ir su tía la de Burgos. Pero no acaba ahí el catálogo de pelmazos veraniegos que uno puede encontrar ya sea en el mar, la montaña, el spa, la aldea, el yate de veinte metros o cualquier otro lugar en el que uno tenga a bien vacacionar. Según las circunstancias de cada persona, puede uno ser atacado por estos otros plastas integrales: el ligón indesmayable (¿qué tal princesa? Sí, soy yo otra vez. Ya lo dijo mi madre, el que la sigue la mata). El amigo no deseado. (¿Qué tal Roberto? Sí, soy yo otra vez. Casi te me escapas por la puerta de servicio ¿eh? Ah, pillín). Y luego está el plasta fantasmón que cuenta mil y una batallas. Y el que le da por hacer de pinchadiscos a las cuatro de la mañana. Y el borracho del quinto o el niño que llora; y el tipo que ahuma con la barbacoa y el que aparca bloqueando la salida del garaje y... y... y tantos pesados, coñazos, plastas, plomos, pelmazos y cataplasmas que (casi) le hacen a uno desear que por fin llegue ¡oh Dios mío! septiembre.

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  Comentarios
Lairetam - 21/10/2008
Qué pena que ésta sea la antítesis de la soledad....

Cuánta gente habrá que abusa de la cortesía y la confianza ajenas para su provecho, machacando indirectamente a otra gente que por timidez, imposibilidad sensorial y otros hándicaps dependan de esa cortesía para saber la hora, dónde se encuentra una calle, o en el mejor de los casos, pasar un rato agradable sin más.

Injusto, triste, pero real como el aire que respiramos.
CARLOS - 21/10/2008
A pesar de la crisis....
susana - 21/10/2008
Qué gusto saber contar las cosas con ese sentido del humor. Marcharse de vacaciones significa a menudo tener que soportar molestias que no aguantarías en tu vida cotidiana, porque se supone que hay que pasarlo bien y no enfadarse con tonterías. Un saludo.
PEDRO RODRIGUEZ PINILLA - 20/10/2008
Flojito.
¡Vamos Carmen, tú puedes!
Deneuve - 17/10/2008
Todos esos pelmazos veraniegos que tuve que sufrir cuando era niña, (uno, por ser obediente y hacerle caso a mi abuela, que era una santa, se ha pasado veinte años llamándome por teléfono) son los culpables de que hoy yo sea una antipática casi patológica. Menudos veranos me daban en aquellos tiempos en que yo parecía una sueca en la playa y era el blanco perfecto para toda esa patulea de pelmazos. Por eso desde hace más de veinte años en cuanto veo que la sombra que me rodea mengua, aunque sea un milímetro, pongo cara de poquísimos amigos, me aprovecho de que la naturaleza me ha dotado con uno ojos muy verdes que con el sol se convierte casi en amarillos y me dedico a asustar a los plastas veraniegos. La gente me mira como si fuera un demonio, pero esas desconfiadas miradas me permiten mirar aliviada al horizonte, leer el periódico sin escuchar batallitas y además como nunca he querido ir al cielo pues no está demás ira haciendo méritos para tener un privilegiado lugar en el averno.
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