articulos de Carmen Posadas
Cuando no es posible callar

De todo el terrible caso Mariluz hay un dato que me estremece especialmente, el incomprensible papel que juega en la historia la mujer del pederasta Santiago del Valle. Ahora sabemos que ella fue testigo cómplice de los abusos continuados que el individuo infligía a su hija de cinco años. Como el foco mediático a menudo es estrecho y yo diría que también obtuso, prácticamente no ha habido cobertura de esta segunda infamia, excepto en un interesante artículo de Virginia Ródenas. Gracias a él he podido saber que la actitud de la mujer de del Valle no es en absoluto un caso aislado, sino que hay muchas historias negras de mujeres encubridoras. Como en mi infancia yo tuve noticia directa de una situación parecida en la persona de mi mejor amiga, me ha sorprendido (y aterrado) la similitud que existe entre todos casos. Lo primero que hay que señalar es el trágico pacto de silencio que rodea estas actitudes intolerables. Ni las víctimas, en este caso un niño o una niña, ni los hermanos, que casi siempre lo saben, ni tampoco la madre se atreven a hablar. ¿Las razones? En los dos primeros casos la respuesta es fácil: el miedo y también la vergüenza. En el segundo, en cambio, los factores que intervienen son de índole más compleja. En el caso de mi amiga, yo fui testigo de cómo actuaba su madre. Era una mujer muy guapa, madre atenta y compresiva, perteneciente a una familia convencional. Mi amiga, como tantos otros niños, jamás se atrevió a confesarle la verdad más que a través de veladísimas alusiones, pero esta señora tenía una forma muy eficaz de despejar todas las insinuaciones. Consistía en hablar a menudo de la “calenturienta” imaginación de su hija. “Mariana es Antoñita la fantástica, ni te imaginas las cosas que se le ocurren, seguro que va para escritora” –decía, y derramaba sobre su hija y sobre mí una deliciosa sonrisa antes de proponer llevarnos al cine y a merendar–. Los psicólogos que estudian estos casos coinciden en señalar que tan voluntaria (y yo diría criminal) ceguera se debe a dos desgraciados fenómenos. Uno es la dependencia económica que en muchas familias las mujeres todavía tienen de los hombres. La segunda es que el hecho de reconocer que algo tan terrible está ocurriendo es tanto como reconocer que ella ha hecho algo mal. Que ha fracasado como madre, porque no ha sabido proteger a sus hijos. Que ha fracasado como mujer, puesto que su marido se fija en otra, nada menos que en su propia hija. Y por fin, que ha fracasado como persona, porque su familia y su matrimonio son una farsa que todo el mundo descubrirá cuando se destape el escándalo. Los vericuetos de la mente son tan tortuosos que muchas veces nos llevan a las peores infamias. Ahora que el asunto Mariluz ha puesto de relieve el terrible drama de la pederastia, no es superfluo señalar que más del 80 por ciento de las agresiones sexuales a menores son cometidas por un familiar o conocido de la víctima. De aquéllas, únicamente el 15 por ciento se da a conocer a las autoridades y apenas el 5 por ciento acaban en un proceso judicial. De ahí que lo peor sea el silencio. Al igual que en el caso de las mujeres maltratadas, hasta hace poco lo que ocurría de puertas adentro se consideraba un “caso privado” en el que no había que meterse, otro tanto ocurre con los abusos infantiles. Y no hace falta que se trate de abusos sexuales. Hablo también del bulling y de otras humillaciones que los niños sufren en silencio porque no se atreven a hablar puesto que está feo chivarse. Vivimos en una sociedad en la que siempre se ha desdeñado a los que van con el cuento. Chivato, soplón, delator, acusica... hemos inventado multitud de palabras para describirlos a cual más despectiva. Y sin embargo no siempre es posible el silencio, ni mirar hacia otra parte, ni decir no es asunto mío. En estos y en otros sucesos menos graves, a veces hay que implicarse. Echando la vista atrás yo también podría haber hecho algo por ayudar a mi amiga y nunca lo hice. Dondequiera que esté espero que ese terrible secreto que ninguno la ayudamos a sobrellevar sea ya en su vida tan sólo una (aparentemente) lejana pesadilla.

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  Comentarios
Isa - 16/06/2008
Cada uno hace lo que puede, desde su lugar. Podrias dirigirte a quienes corresponde para que se destinaran numeros telefonicos al que los niños pueden denunciar esos casos.
Nunca es una lejana pesadilla lo acontecido, pues está latente
cuando se acercan personas con alguna caracteristica ....un beso a vuestra humanidad.
mirian natty - 12/06/2008
Cuando eres, victima y en tú entorno familiar,no te creen o no te quieren creer lo que haces es culparte ,e todo lo que te pasa:Los traumas te quedan por el resto de la vida tal como las preguntas.
¿poqué no me creyerón?, ¿Era yó la culpable de todo?, Creo que a las madres nos falta madurar en cuanto a saver ser madre y amiga de las/os hijas.
Deneuve - 05/06/2008
En este país como en otros tantos si hablas eres un chivato, un mal hijo, una mala mujer, etc..pero yo creo que cuando se trata de ahorrarle dolor a alguien la palabra chivato es el sinónimo de la palabra valiente. Lo que pasa es que en éste y en otros países los valientes están en sus horas bajas porque ahora los valientes son los que pegan y graban a sus compañeros de colegio siendo humillados, los que violan, queman y atropellan a una discapacitada por el mero hecho de estar sola a altas horas de la madrugada en una parada de autobús o aquellas madres que callan ante los abusos porque lo manda el sagrado Sacramento del matrimonio. "En lo bueno y en lo malo.... hasta que la muerte nos separe." Estoy de acuerdo con Antonia sobre la necesidad que habría de regular la paternidad y la maternidad, pero no estoy de acuerdo en que la marginalidad conlleve siempre a la maldad, hay gente humilde, sin estudios que ha pasado mucha hambre y que no se ha comido a su vecino. La maldad existe por si sola, independientemente del lugar en el que hayas nacido, de la educación recibida, de los maltratos, etc... Hay hombres y mujeres en lugares privilegiados de la sociedad que son auténticas fieras a pesar de todo. Si el pobre Rosseau levantara la cabeza se sentiría mal al ver que después de los siglos su teoría del buen salvaje sigue siendo una memez.

Saludos
Judith Hernández - 03/06/2008
Ahora parece que está en auge estas noticias desde por la mañana hasta por la noche.!Qué miedo tener un hijo! ¡qué miedo! pensar que mientras trabaja a tu hijo lo están violando o el marido de tu hermana le pega una paliza... Muy duro. No sé si la culpa la tiene la justicia o pensar que ya no tenemos principios y hemos perdido la libertad. Para mi no todo vale, me afecta tanto ver lo que está pasando a mi alrededor que no se si seré capaz de educar a un niño que este lo suficientemente capacitado para enfrentarse al mundo, no quiero que viva desconfiado, ni solo, me encantaría que creciera en la solidaridad y amor, pero educandolo así, puede que un día me llamen y me digan que ha desaparecido.....
susana - 03/06/2008
Soy testigo de que a veces llega un momento en la vida en que una persona no tiene ya el derecho a callarse, porque ha llegado el momento y el lugar de opinar sobre algo más importante que su propia vida: el bien y el mal, la justicia y la verdad. Sabe que al hablar está arriesgando tal vez su trabajo, sus amigos, incluso su familia, pero si no lo hace se convierte en cómplice del delito, es decir, en culpable. Espera en su corazón que alguien le reconozca su valentía, su fuerza, su entrega desinteresada, pero ocurre que, a veces, sólo recibe a cambio críticas, incomprensión e ignorancia.
Se daría por satisfecha con que sólo una persona la hubiera apoyado en su cruzada solitaria. Pero, no siendo así, no le queda más remedio que retirarse, volver al profundo anonimato del que nunca debió salir, intentar olvidar ese tema sin conseguir, y consolarse pensando que tal vez, después de todo, no merecía la pena.
No se trata sólo de la pederastia o la violencia infantil. La sociedad española tiene otros monstruos escondidos en el armario y nadie quiere abrir la puerta. Un saludo.
antonia vergara gil - 03/06/2008
Me parece de justicia localizar ,denunciar y corregir los problemas tan duros que sufren familias en silencio y con total desamparo.La pederastia ,la crueldad ,mujeres victimas del machismo.Pero tambien las desigualdades sociales ,la falta de recursos, familias que no tienen nada y por no terer nada el no poder llevar a sus hijos a formarse , a educarse .Tal vez muchas situacionespodrian evitarse si en muchos hogares no tuviesen tantas carencias, ni de hambre ni de educacion ni de afecto.Un saluso.Antonia
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