articulos de Carmen Posadas
Otros amores que matan

Ahora que tan tristemente de moda está el SAP (hay que ver cómo nos gustan las tontas siglas) o, lo que es lo mismo, el síndrome de alienación parental, me gustaría decir que el fenómeno, aunque parezca nuevo, es viejo como el mundo. Ya Eurípides, cinco siglos antes de Cristo, recogió una historia según la cual Medea, hija del rey Eetes, sacrificó a sus hijos para vengarse de Jasón, su marido y famoso héroe de los argonautas. Se cuenta que cuando él la abandonó por otra mujer, Medea degolló a sus dos hijos y a continuación exclamó ante sus cadáveres: “¡Oh, niños! Cómo habéis perecido por culpa de la locura de vuestro padre. Pero no os destruyó mi mano, sino su ultraje y su reciente boda”.
Hay que decir, para hacer honor a la verdad, que Jasón era un tramposo y un mentiroso. En efecto, engañó a Medea ocultándole incluso que se había casado con Glauca (en esto de los desamores, ya se sabe, nadie es del todo inocente) pero no cabe duda de que la respuesta de Medea a sus engaños fue brutal, por no decir desquiciada. La historia sirve ahora para reflexionar sobre esos progenitores a los que metafórica –o no tan metafóricamente– no les importa sacrificar a sus hijos con tal de hacer daño a su ex pareja. Sobre personas que utilizan la fácilmente manipulable personalidad de un niño para volverlos contra la que fue su pareja sin importarles el daño que con ello ocasionan a sus hijos. El caso es grave y recién ahora, gracias a varias sentencias judiciales, se comienza a hablar de sus particularidades y de sus efectos. Sin embargo, a mí me gustaría ir un poco más allá y hablar de otro SAP o síndrome de Medea mucho menos conocido. Me refiero a un fenómeno que se produce incluso dentro de familias bien avenidas. Entre parejas que viven juntas y que dicen quererse. En este caso el SAP (empiezan a cargarme las siglas de marras, pero en fin) se manifiesta de un modo que parece casi inofensivo. “Esto que has hecho” –dice por ejemplo una madre a su hijo– “no se lo vamos a contar a papá; será un secreto entre nosotros, porque si llega a enterarse…” O bien “No le digas a tu madre tal o cual cosa. Mejor que no lo sepa, ella no lo entendería; yo en cambio te comprendo y te apoyo”. Piensan quienes así actúan que están ayudando a su hijos. Dicen (y tal vez lo crean con aparente buena fe) que su cónyuge es insensible a los problemas del hijo, o intolerante, o estúpido y de todo ello tienen que proteger al retoño. No se dan cuenta de que tales mensajes, en apariencia bien intencionados, esconden varios mensajes que no dicen nada bueno de ellos mismos. Para empezar, revelan una debilidad de carácter que precisa reforzarse monopolizando el cariño del hijo. Implican también que se rivaliza insanamente con la pareja y que por tanto existen por ahí muchos esqueletos en el armario. Pero significa además que ese padre o madre tan preocupado por “ayudar” a su hijo y encubrir sus pequeñas travesuras, es tan manipulador como los progenitores que alienan a sus hijos alejándolos de su ex pareja. El fenómeno, aunque en menor escala, es exactamente el mismo y por tanto no baladí. Porque, también en este caso, intentando supuestamente hacerles un bien, se está haciendo un mal. El mensaje que ellos creen que recibe el niño es “yo te quiero y te comprendo mejor que él o ella”. El que reciben en realidad es: “tu padre o madre no te quiere” o “ tu padre o madre es tonto/ malo/ insensible”. Sin embargo, como en esta vida siempre ha habido justicia –aunque sea solo poética–, lo que ignoran todos los alienadores parentales es que, tanto en el caso de los ex cónyuges que manipulan a sus hijos tras un divorcio, como los que los alienan mínimamente con su “yo te quiero mas”, al final los perdedores serán ellos. Puedo decir por experiencia directa que es así. Y es que, como decía Oscar Wilde, los niños comienzan amando a sus padres, más tarde los juzgan, y raras veces los perdonan. Que los sepan pues todos los “sapistas” que con tanto ahínco se empeñan en emular a Medea.

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  Comentarios
claudia - 30/04/2009
Bueno no lo habia visto de este modo.....pero yo creo que el SAP puede ser medido...es decir tambien puede ser con buenas intenciones.
Mirian Zambrana Cordero - 04/08/2008
La manipulación que se hace con los hijos desde los sentimientos es lo mas cruel y los traumas psicologuicos traen muchas consecuencias en la formación de sus personalidades. Es incomprensible, el haber convivido durante 22 años con una persona y luego en el transcurso del divorsio, ante tus hijos acusarte de todos los problemas y para peor, el que tenga nueva pareja acusas a tu hijo, de la responsabilidad de haver aseptado que entrase a la casa, mí hijo se sentia tan culpable de todos los problemas que llevo más de 3 años sacando esas culpas que él nada tiene que ver con mis o las disiciones de los demas.
TATIANA - 16/01/2008
La situación puede ser aún más grave. Por desgracia lo conozco de primera mano: un hijo crece y por diversas razones se hace consciente de la manipulación que está sufriendo y decide no tolerarla. Ahora se convierte en otro objetivo a destruir. Y el SAP se vuelve contra él. La madre utiliza al menor de los hermanos ya no sólo contra el ex sino tambien contra su propio hijo.
Anna - 28/10/2007
La manipulación de los hijos por parte de las madres cuando estos ya son mayores también se da, y de que manera! Esta si la he sufrido. Pero en este caso, creo que ya los hijos tienen parte de la culpa. Tenía un novio y ambos teníamos unos 24 años. Yo ejercía el periodismo y el trabajaba en un negocio familiar. Su madre, al principio muy amable conmigo, tardó tres años en que yo me fuera del lado de su hijo, tres años pero lo consiguió. No quería a una nuera periodista (parece ser que es un trabajo malo), no quería a una nuera independiente, no quería a una nuera inteligente (destrozaba sus planes de manipulación), en definitiva no sé lo que quería, lo único que consiguió con su supuesto amor de madre fue destrozarme a mí por un tiempo. Su hijo siguió sus pasos, deduzco que nunca me quiso, pero me queda la duda sobre que poderoso y maligno efecto tenía aquella madre. Que pena!
susana - 18/10/2007
Estaba el otro día hablando precisamente del poder que tienen especialmente las madres para manipular los afectos de sus hijos. Una persona normal no lo haría, pero no te piden un certificado para ser madre. Las consecuencias en las vidas de sus hijos duran toda la vida. No se trata sólo de perjudicar al padre, sino a otros hermanos, e incluso, a sus futuros yernos y nueras.
Anna - 15/10/2007
Afortunadamente no he tenido que vivir esta situación pero si lo he oído en casa de mis amigas. Me acuerdo cuando batallaban por la hora de llegar a casa un sábado por la noche, por ejemplo, y cómo disfrutaban, al ver que el padre tenía un viaje de negocios o similar y así esa noche podrían disfrutar hasta las tantas "sin que se entere papá". "No le vayas a decir que te dejé hasta las cinco, que si no me mata", que flaco favor.
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