articulos de Carmen Posadas
La timidez, esa tonta enfermedad crónica

Oye, pero si es simpática y todo...”. “Fíjate, de cerca no parece tan tonta...”. “Pues para mí que es una estirada, no hay más que verla”.
Sospecho que nunca llegamos a conocernos realmente y menos aún logramos conocer la opinión del resto de las personas sobre nuestro carácter y personalidad. Lo digo porque, desde que empecé a tener una cierta presencia pública, y más aún desde que los viajes me permiten tener contacto con gente muy diversa, descubrí, gracias a sus comentarios, que bastante gente me ve o (quiero creer) me veía, como una persona soberbia y distante. En pocas palabras, como una antipática presuntuosa.

Claro que también he conocido a otras que no; pero el hecho de que algunos me pudieran catalogar como una tontaina de esas que van por el mundo de divinas, no solo me ha hecho pensar sino ratificar un temor muy antiguo en mí. Aquellos de ustedes que se consideren tímidos seguro que comprenderán lo que voy a decir.

Nosotros, los tímidos, los que vamos por la vida con la incómoda carga de este estúpido defecto. Los que como yo, al entrar en un recinto lleno de personas, tenemos que respirar hondo, colgarnos una sonrisa trémula y recitar mentalmente algo así como “vamos Carmencita, no te cortes, adelante, tú puedes” sufrimos una doble maldición. Por un lado lo pasamos muy mal ante el simple hecho de tener que saludar o dirigirnos a alguien, y por otro, al no ser muy hábiles en tal empresa, nuestra timidez acaba confundiéndose con frialdad, antipatía e incluso con soberbia. Recuerdo que cuando dejé la infancia para convertirme en adolescente, creía que la timidez era un defecto que se curaba con la edad. Por eso, cuando un chico me hablaba y yo en respuesta acababa derramándole encima un vaso de coca-cola de puro nerviosa, me consolaba pensando que más adelante mejoraría. También pensaba “no importa, ya se me pasará” cuando, al tener que expresar una idea en voz alta en una reunión, no acertaba a decir nada más que una sarta de sandeces atropelladas. Pero no se me ha pasado.

El único descubrimiento que he hecho es que mi timidez desaparece sólo en ciertas ocasiones relacionadas con mi profesión. Ante una cámara de televisión, por ejemplo, en entrevistas mano a mano, o a la hora de firmar libros. Alguna vez he llegado a pensar que la razón de una timidez tan selectiva, es porque, en esas ocasiones, no tengo más remedio salir al ruedo. Supongo que algo parecido debe ocurrirle a los toreros: se abre la puerta del toril y no tienen más remedio que torear o les pilla el Miura; sin embargo no creo que esta sea la explicación correcta.

Lo más plausible, pienso yo, es que, llegada la edad adulta, a uno le producen timidez ciertas cosas y otras no. A mi ex marido, por ejemplo, que es uno de los hombres más desinhibidos que conozco, le da un corte terrible ir al supermercado y que lo puedan ver con el carrito lleno de lentejas, verduras o cajas de Dixan. Otra amiga muy extrovertida dice que ella, si le pusieran una cámara de televisión delante, no podría articular palabra y no comprende por qué yo, que en la vida normal soy casi muda (no es broma, lo soy), hablo por los codos cuando salgo en la tele. Cada cual tiene su momento de rubor incontenible y la timidez, mucho me temo, es una enfermedad crónica: no se cura, ni siquiera se mejora, pero uno sí puede buscar situaciones que no le resulten embarazosas y que le permitan exponer su mejor “yo”. Por el contrario, intentar vencerla es tarea inútil, créanme, llevo años intentándolo y no lo consigo. Lo más que se logra es pergeñar algunos trucos para no se note tanto. Así que, si alguna vez me encuentro con uno de ustedes y no me lanzo a sus brazos como un político en campaña electoral, por favor no me lo tengan en cuenta, no es soberbia sino, simplemente, timidez estupida.

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  Comentarios
Cristina - 26/05/2010
Soy una adolescente que está constantemente diciciendose a sí misma: "eso se mejorará, dejaré de ser tímida cuando llegue a adulta..." Mis esperanzas de que esto se pueda hacer realidad se basan en que la experiencia me dice que soy menos tímida que cuando tenía doce años. Ahora que tengo dieciséis, espero fervorosamente el día en que dentro de cuatro años pueda decir lo mismo respecto al pasado.
Llegué hasta aquí mediante un texto que he leído en mi libro de texto de Lengua y Literatura (a mí me haría mucha ilusión que pusiesen mi texto allí!) Y precisamente hablaba sobre la timidez, y que los defectos pueden tener aspectos positivos como la autosperación. A mí realmente me encantó ese texto y por eso estoy aquí.

No sé si vas a leer este comentario, ni cuando, pero realmente me sentí identificada con aquella chica que se volvía "oro y grana" cuando un chico le miraba, etc. Me encantó tu forma de escribir, y de ver que una persona que siempre ha sido tímida haya podido triunfar en un mundo en el que su figura está al ojo de todos.

Pero he de decir que nunca me daré por vencida, y dejaría de ser yo misma si pensase que no puedo mejorar mis defectos con el paso del tiempo. Creo que depende de una misma, y me decepcionaría a mí misma si decididamente, un día me levantase y me dijese que jamás podré cambiar las barreras de la timidez, porque es algo muy bueno soñar, y como tú dijiste, en una frase que siempre guardaré, "la voluntad y la fé, que vienen siendo muy parecidas, mueven montañas".
Y me encantó lo de "Si Napoleón hubiese medido 5 cm menos no hubiera conquistado el mundo".

El libro que te cita es el de la editorial SM :)
Muchos besos y sigue triunfando.
ignacio - 27/01/2010
Desearia contactar con Carmen Posadas.
José Ignacio Arribas - 14/11/2009
En mi caso es cierto lo que dices en la introducción, yo te tenía por una persona distante y quizá con un punto de soberbia, sin conocerte, hasta que leí la entrevista que te hizo Manuel Vázquez-Montalván para su libro "Un polaco en la corte del rey Juan Carlos" y de repente descubrí una persona totalmente distinta, inteligente, culta y modesta.

Con el resto del artículo me indentifico y además identifico también a otras personas, estoy de acuerdo con que a las personas nos da más o menos timidez distintas situaciones.
Patricia - 03/04/2008
Hola Carmen,

hacía años seguía tus artículos en una revista de tirada nacional, si bien no siempre estaba/estoy de acuerdo con tu opinión, en este caso no podría estar más de acuerdo. Has descrito perfectamente lo que sufrimos las personas tímidas. Teniendo que soportar continuamente comentarios como "No tiene lengua" o ser persistentemente etiquetadas como frías, o soberbias etc. Sé lo que es pensarlo varias veces antes de entrar en una tienda a preguntar algo... y lo más curioso, es que soy tímida con unas personas solamente, ya sea que las conozco de varios años. Se pasa mal pero se aprende a vivir con ello, por la cuenta que nos queda.
Greffier - 15/02/2008
Realmente se ha pasado del trato desigual,de no ser sujeto sino objeto de derecho (sui iuris) de la autorización marital a la polisémica venia uxoris, a la agresividad feminista más allá de la igualdad jurídica, la mujer avasalla y el varón se calla, se doblega, teme, se acobarda. El llamado sexo débil hace tiempo dejó de parecerlo. El hombre se amilana y cede día a día ante la fuerza arrolladora d ela mujer. Por favor, tímidos o tímidas no caigamos nunca en la uniformidad, en la aberrante contradictio in terminis et in essentia igualdad de género.
Anna - 15/10/2007
Querida Carmen, yo tengo un problema contigo. Me encantaría conocerte en persona, porque aunque me cueste decirlo, si me ha parecido, en alguna ocasión, viendo videos de entrevistas, que eras un poco soberbia y nada tímida. Tampoco lo he tenido mucho en cuenta porque lo que me interesa más que el autor es la obra, y además porque no se puede juzgar a alguien sin conocerle, pero me dejas más tranquila, al conocer aquí tu problema.
Bernabe Galan - 07/09/2007
BORRADOR DE UNA IMPRESION

Querida Carmen:
Después de leer tu artículo, perdón por mi falta de tiempo, aunque un poco tarde, llego a la conclusión de que te has curado casi del todo de tu timidez, si es que alguna vez la padeciste.
Desde que sentí por primera vez tu enigmática mirada, te he seguido. He querido conocerte personalmente, e incluso entablar amistad, porque en esa mirada intuyo que hay mucha vivencia escondida, que me gustaría conocer para enriquecer mi conocimiento de las personas.Pero soy un pobre y sencillo Médico rural que, renunciando a hospitales seguros y laboratorios de investigación, decidió en su momento servir como "misionero" en el pueblo donde ha decidido terminar sus días (fin lejano, espero) entregado a engrandecer a las personas y a hacerlas felices.
Pero, dejando mi historia, que es apasionante (lo digo yo porque mis abuelos fallecieron ya hace años), pasemos a hablar de tu timidez.
¿Timidez? Te he leído decir que cuando pequeña eras un poco pasada de kilos. Me da la impresión de que aunque estuvieras "acomplejada" (que no lo creo) por aquella figura, interiormente alimentabas tu espíritu con ese "ya verán" que te hizo producir en tu interior una serie de reacciones neuroendocrinas que llevaron a transformarte. Tu "timidez" de entonces no era timidez, sino (ni siquiera complejo) falta de sincronización formal: tu forma física no coincidía con tu forma espiritual, si con tu sentimiento vital.
Termino y no distraigo más tu atención. Si no he conseguido variar en algo tu opinión acerca de tu timidez, te ruego perdones mi atrevimiento por pensar y escribir como lo he hecho, y sobre todo por haberte hecho perder tu p`precioso tiempo.
Un beso.
Bernabé Galán
P.D. Ah! yo también tengo un blog (http://bernabegalan.blogspot.com) donde voy a ir plasmando lo que escribo para los demás (esto es solo para tí, por lo que no pienso colgarlo sin tu permiso) y lo que he escrito hasta ahora, iré poco a poco incluyéndolo.
Salud.
Clara - 25/07/2007
Pues yo no sé si soy tímida o no, en algunas ocasiones más que en otras, pero lo cierto es que no está reñido el ser tímido con ser amable con las personas que te quieren, te admiran, te piden un autógrafo,...Es una tontería escudarse en la timidez para justificar que uno no es cariñoso con la gente que debería serlo. Si yo fuera escritora de tanto éxito y vería a gente que me sigue y quiere algo tan inocente como charlar conmigo o pedirme un autógrafo o simplemente comentarme algo, me rendiría a sus pies. Ellos me leen, luego sigo escribiendo gracias a ellos. El público educado merece el mayor respeto del mundo.
susana - 03/07/2007
De una tímida a otra, de una " falsa soberbia" a otra. Es verdad que no se cura, sólo aprendes a sobrellevarlo. Pero de vez en cuando te pilla desprevenido y lo pasas fatal.
Gringu - 26/06/2007
Carmen, me cuesta creer que una persona de tu inteligencia y experiencia esté tan segura de que la timidez no se puede vencer por qué estás equivocada.
Yo te puedo asegurar que si se vence y te lo digo habiendo tenido la experiencia de vencer el mal genio que la sabiduría popular (en este caso más bien estupidez) dice que tampoco se puede vencer.
¿Como lo hice? pues simplemente queriendo hacerlo. Después de una vida plagada de problemas auto inflingidos decidí que ya había tenido suficiente y a los 52 años lo hice y ahora con 57 solo me recrimino no haberlo hecho antes.
¿El secreto? Querer y creer que puedes. Como dijo Henry Ford "tanto si crees que puedes como si crees que no puedes estarás en lo cierto"
Sigo disfrutando tus artículos y aunque no he leído nunca uno de tus libros no descarto hacerlo aunque soy más lector de titulares.
Salud y éxitos (incluyendo el de vencer la timidez). Gringu.
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