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Los hombres que aman a las mujeres |
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Cada año a principios de marzo, y alrededor del Día internacional de la Mujer, suelen publicarse diversos estudios que analizan cómo anda la causa femenina y cuánto se ha avanzado en la tan traída y llevada igualdad entre los sexos. Algunas de las cosas que se publican son impenitentemente optimistas y afirman que vamos por muy buen camino. Se resalta entonces la mayor presencia de la mujer en la vida pública y su peso en la sociedad. Pero el dato optimista por excelencia es el cambio de actitud de los hombres. Así, cuando se les pregunta a ellos su opinión sobre nosotras, lo que se lleva hoy es que se deshagan en elogios diciendo que las mujeres somos más trabajadoras, más inteligentes y por supuesto más sensibles que el sexo opuesto. Los pesimistas, por su parte, suelen argumentar de manera muy diferente. Insisten en que, a pesar de que soplan nuevos vientos, estamos muy lejos de la igualdad. Lo estamos en los sueldos que cobran las mujeres, por ejemplo. Lo estamos en lo que respecta al famoso y hasta el momento impenetrable techo de cristal. Y lo estamos sobre todo en ese terrible nuevo estigma de la mujer que todos conocemos por violencia doméstica o machista. Yo personalmente suscribo tanto lo que dicen los optimistas como lo que dicen los pesimistas, pero me gustaría añadir algo de lo que no suele hablarse muy a menudo y que, tal vez, explique ciertas actitudes. Me parece que, a pesar de que se ha avanzado mucho en la causa femenina (hablo por supuesto del Primer mundo, en el Tercero seguimos casi igual que en la Edad Media) aún existe un lastre que es muy difícil de erradicar. Se trata de lo que podríamos llamar machismo residual, y paso a explicarme rápidamente, porque el palabro no me gusta demasiado. Lo que quiero decir es que creo sinceros a los hombres cuando dicen que admiran a las mujeres. Les creo cuando afirman que nos consideran más inteligentes y sobre todo más sensibles. También está de moda ahora que ellos cultiven su lado femenino. Esto se traduce, por ejemplo, en que intentan tener un rol paterno que se parece mucho al materno, una proximidad con los hijos que se traduce en cambiar pañales, dar de comer, bañar al niño o niña, etcétera. Los más consecuentes con su nuevo papel igualitario incluso comparten faenas domésticas y cocinan, hacen camas, o pasan la aspiradora. Por supuesto hay todavía mucho recalcitrante por ahí que no pega ni chapa pero, por lo general, puede decirse que existe una nueva generación de hombres que sí “aman a las mujeres”. Sin embargo, es muy difícil cambiar patrones de conducta absolutamente ancestrales y mucho más hacerlo de la noche a la mañana. Y es ahí donde entra ese machismo residual del que les hablaba hace un momento y del que no nos libramos ni siquiera nosotras las mujeres. ¿Quién no se ha sorprendido, por ejemplo, al sufrir las sucesivas y reiteradas tentativas de una señora por aparcar diciendo esa frase machista por excelencia que reza “Mujer tenías que ser"? (Yo sí). ¿Quién, al ir a visitar a unos amigos y encontrarle a él muy afanado con la plancha, no ha pensado “Pelín calzonazos Manolo"? (Yo sí). ¿Y, por fin, a quién no se le ha escapado decir a un niño: "No llores que es de chicas"? (También mea culpa). Por eso soy de la opinión de que falta aún mucho tiempo para que se borren ciertas conductas, ciertos estúpidos prejuicios que casi llevamos tatuados en el ADN. ¿Quiere eso decir que tenemos que darnos por vencidos y decidir que nunca llegaremos a la igualdad? Claro que no, pero esta carrera no es un sprint sino una maratón. Por eso estos días en que se celebra el Día internacional de la Mujer, yo, en vez de felicitar a mis congéneres y contribuir al autobombo y al "me cachis qué listas somos" (en lo que desde luego no creo), quiero agradecer a los hombres. A los que valoran su lado femenino sin dejar por eso de ser muy masculinos. A los muchos, muchísimos que están haciendo un esfuerzo por cambiar, por entendernos. Y a todos los hombres que aman y, sobre todo, que respetan a las mujeres. |
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Sussie Alonso - 07/08/2010
Estimada Carmen,
No podría estar más de acuerdo contigo. La base sobre la que tenemos que construir el futuro - sin olvidar lo que nos costó llegar a esta situación - es entender que ambos, hombres y mujeres, siendo bien diferentes tanto biológica como psicológicamente - algo probado - se necesitan mutuamente para hacer avanzar a la sociedad. Es en ese punto donde los chicos jóvenes de mi edad se vez realmente desorientados y no saben muy bien como tratar, por ejemplo a una chica. De ahí pueden partir potenciales conductas de violencia al no entender muy bien cuál es su rol, y creer que se es más "hombre" si refuera esos patrones violentos - casos violencia contra chicas muy jóvenes-.
En definitiva, agradecer a los hombres que nos ayuden en ese camino, pero que no pierdan de vista que ellos deben también continuar su camino de realización personal y avanzar en esa nueva sensibilidad para construir juntos una sociedad más libre y justa.
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bla - 29/04/2010
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bla - 29/04/2010
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luis - 21/04/2010
El tema puede ser una maratón,como se dice el artículo,creo en la igualdad entre ambos sexos, pero es muy difícil. No concibo que haya hombres que no amen a la mujer en general; no podría nombrar todas las virtudes y cualidades que son capaces de tener la mayoría de las mujeres. De la misma manera que no puedo entender la violencia de genero.
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Neptune - 20/04/2010
Bueno Carmen, me alegro de estar esta vez totalmente de acuerdo contigo. (Espero que no me odies por mi anterior comentario, el de ''me gustan los hombres'') =)
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José María - 18/04/2010
Podemos decir sin duda que el papel de la mujer en la sociedad ha mejorado constantemente, excepto, por supuesto, lo que ocurre en el Tercer Mundo. También en el hogar, las mujeres han mejorado su posición con la ayuda de su esposo en las labores domésticos. Pero, por desgracia, todavía hay algunos casos de violencia doméstica, que ya no deberían existir. En este caso, también a la mujer ya ha demostrado más valentía para denunciar estas situaciones y salir de casa. Por supuesto, hay todavía un largo camino por recorrer, especialmente para mejorar la situación social de las mujeres. Pero como la autora del artículo, Carmen Posadas, esta carrera no es un sprint sino una maratón.
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lo esencial es invisible a los ojos - 18/04/2010
Estoy convencida, Issa, como demuestra tu experiencia que la reflexión es la base del entendimiento sin el cual es imposible una convivencia basada en el respeto. A partir del momento en que hacemos nuestro el conocimiento y empezamos a PENSAR sobre la realidad , podemos actuar en consecuencia y si dicha realidad no nos satisface, intentar cambiarla desde dentro. Sin embargo, a ningún gobierno le interesa -ni ahora ni nunca- gobernar un pueblo pensante ni a ninguna sociedad de consumo perder ciegos consumidores. El resultado es éste : una manipulación feroz desde un sistema supuestamente democrático que nos impide crecer como personas con los brazos abiertos, un sistema educativo fabricante de mentes anestesiadas en una sociedad "logotomizada" donde al final la disidencia es amordazada por aquéllos de cualquier color político que consideran estar en posesión de la verdad y del bien, titiriteros todos ellos a cuyo servicio, sin darse cuenta acaban estando periodistas o escritores... ¡porque de algo tienen que comer! (...como Carmen Posadas). De qué sirven, por ejemplo, esos famosos "días de" sino para hacer creer que existe una voluntad de cambio, de mejora , para lavar conciencias o inculcar a la fuerza lo que hemos de pensar o hacer. La desigualdad no es EL problema como pretenden hacernos creer, ni tan siquiera el lenguaje ; qué trivial la batalla " lenguaje sexista vs no sexista" . El problema son esos mensajes con los que nos bombardean día tras día , que crean falsos ideales y esclavos de los mismos, personas frustradas y desmotivadas porque no consiguen alcanzar los patrones ( físicos, intelectuales,económicos, sociales... y hasta genéticos y linguísticos ) y que de repente estallan porque ,educastrados y enajenados, solamente la violencia les devuelve el control sobre sus propias vidas. Cuando dejemos de fomentar lo superfluo, tal vez empecemos a acercarnos a la esencia , a comprender y a comprendernos. Pero qué lejos estamos...
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Issa - 17/04/2010
Llevo talleres para jovenes de diez nacionalidades diferentes, y han internalizado el buen trato hacia la pareja, de modo tal que han realizado videos de prevencion de noviazgos violentos guionado a modo de music hall
o sea, no hay cultura ni siquiera la arabe, que luego de informarse, pueda relacionarse de manera correcta en relacion al tema expuesto.
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Susana - 17/04/2010
Le aconsejo que busque otros datos. Lo de la discriminación salarial, por ejemplo, es muy discutible. Depende del cargo, el número de horas, la responsabilidad, el riesgo laboral...Parece mentira que en los países desarrollados no quejemos cuando en el resto del mundo queda todo por hacer. Me parece que existe mucho victimismo femenino.
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Yenina - 17/04/2010
Amen!!!
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Adriana - 17/04/2010
Qué aburrido un mundo de seres indiferenciados. De ninguna manera me apetece renunciar a cohabitar con seres del otro sexo porque lo dicten las modas. Disfraces, no gracias, con la máscara diaria ya tengo. Las mujeres ya han demostrado no ser un sexo débil, y querer mantener la reinvidicación a estas alturas en términos de "yo soy más que el otro" es síntoma de complejos residuales, no solo de machismo residual. Los hombres no son machistas por naturaleza y tampoco feministas las mujeres. Qué esfuerzo cabe hacer si no es el de dejar de escuchar discursos caducos , uniformizantes que pretenden decidir por nosotros y nosotras cómo hemos de pensar y sentir y actuar en función de nuestro sexo o peor , en función del sexo opuesto?¿ La libertad de ser uno mismo o una misma , sin duda, nos está quedando cada vez más lejos porque el camino está lleno de desvíos en forma de mensajes culpabilizantes, entre otros! No me siento culpable por hacer las tareas domésticas lo mismo que espero que los hombres dejen de sentirse culpables por ceder su asiento. / Quizás, sea el respeto el que lleva a la igualdad y no la igualdad al respeto... pero no lo quiero decir demasiado alto no vaya a ser que alguien tome nota y se le ocurra crear un nuevo ministerio!! Amados hombres y amadas mujeres , por favor no cambien. Seamos diferentes en el respeto. Amémonos por lo que somos , no por lo que nos digan que hemos de ser.
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Antoine - 16/04/2010
Se cuestiona la realidad del amor hacia las mujeres, será objeto de sanción o prohibición gubernativa o mediante resolución judicial. Me gustaría que en muchos aspectos externos e internos no seamos clónicos.
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Greffier - 16/04/2010
Aunque no resulte tan moderno o progresista, residualmente un sector "machista" viril o masculino conserva el ancestral instinto del amor femenino. la presunción de inocencia es un Derecho o libertad fundamental, incluso para los hombres, no todos y no siempre son violentos maltratadores. La mujer es igual al hombre, tratamiento legal, oportunidad laboral igualitaria, pero sin dejarla asexuada, castrando al varón..Ninguna mujer debería molestarse ante un elogio, halago o piropo, realzando la belleza, donosura, gracejo o atractivo estético.
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Antonio Escribano Escobar - 16/04/2010
Los hombres que aman a las mujeres nunca deben ser objeto de censura o crítica desfavorable, mejor respetar que despreciar o discriminar. Hay un temor machista que se intenta suplir, superar o combatir con la minusvaloración, con la infundada incapacidad femenina, la presunta inutilidad del sexo, sojuzgando a las damas. Complejos y temores reverenciales, timidez sexual e impotencia larvada disimulada con prepotencia, con agresividad laboral, profesional, familiar, física o psíquica ( las "sevicias" o malos tratos de obra o de palabra, incluso morales, del antiguo código canónico)
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Balayer - 16/04/2010
Pero todavía hay hombres tan osados que aman y respetan a las mujeres, podrían ser políticamente incorrectos. A riesgo de ser discriminados, se puede y se debe ceder el paso, el sitio, el asiento a una dama. La galantería y la buena educación, la cortesía nunca debería confundires con el machismo, con la discriminación peyorativa, con la violencia física o psíquica, perseguible legal y judicialmente.
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Antonio Escribano Escobar - 16/04/2010
Los hombres que aman a las mujeres nunca deben ser objeto de censura o crítica desfavorable, mejor respetar que despreciar o discriminar. Hay un temor machista que se intenta suplir, superar o combatir con la minusvaloración, con la infundada incapacidad femenina, la presunta inutilidad del sexo, sojuzgando a las damas. Complejos y temores reverenciales, timidez sexual e impotencia larvada disimulada con prepotencia, con agresividad laboral, profesional, familiar, física o psíquica ( las "sevicias" o malos tratos de obra o de palabra, incluso morales, del antiguo código canónico)
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