“Ahora todo el mundo tiene que convertir su vida en un ‘reality'”

Carmen Posadas (Montevideo, Uruguay, 1953) regresa con una nueva novela, La maestra de títeres (Espasa, 2018), que tiene un ambicioso objetivo: retratar más de medio siglo de historia de España a través de la jet-set y la alta burguesía madrileña. Lo hace a través de tres mujeres -abuela, madre y nieta- que marcan los valores de tres momentos -el final de los 50, la Transición y el presente-. En su viaje aparecen personajes reales de la historia de España y ficticios que recuerdan a reales, secretos y mentiras,…

Recupera un ambiente que vivió cuando llegó a Madrid…

Llegué a España en el año 65 y aquel país se parecía mucho al de finales de los 50. Lo que más me interesaba en esta novela contada en tres tiempos -los 50, la Transición y el presente- era reflejar el cambio tan grande que sufrió España. Aquella frase de Alfonso Guerra de “a este país no lo va a reconocer ni la madre que lo parió” fue absolutamente profética. Los 60 y la Transición fueron para este país casi un Bing Bang, una explosión de modernidad. Yo quería que cada época retratada en la novela reflejara los valores o la ausencia de ellos de cada una. Pero ese retrato lo hago con humor, un elemento que siempre manejo. Es importantísimo porque me permite tratar cosas que de otra manera no sería posible.

Venir de fuera quizá le dé una ventaja a la hora de retratar aquellos cambios…

La gente que viene de fuera siempre tiene ventaja frente a quién está inmerso en una sociedad: quien mejor retrata una sociedad es un viajero. En España lo hicieron maravillosamente Dumas, Mérimée,…

Beatriz Calanda, esa socialité, esa mujer misteriosa y llena de secretos que articula casi toda la historia, ¿tiene algo de personajes reales y conocidos?

Todos los escritores tomamos de la realidad elementos que nos interesan. Quería mujeres y personajes que representaran cada época en concreto. Y si algo representa la actualidad es gente que vive de su imagen: la gente del mundo del corazón o los influencers. Alguien que se hace una foto, la cuelga en Internet y se convierte en un personaje mundial. Es algo que me interesa mucho: cómo se vende, en el mejor sentido de la palabra, un personaje.

¿La prensa del corazón, que aparece en la novela, y la literatura responden, cada una a su manera, al mismo instinto de voyeur, al del querer conocer secretos y vidas que nos están vedadas?

Claro. Las mismas mujeres que antes leían novelas románticas ahora siguen la vida de Belén Esteban como si fuera una obra por entregas. Hay verdaderas profesionales: pienso en las Kardashian, ¡son unas genios! Han logrado crear una verdadera saga familiar. Tienen que estar alimentando al personaje constantemente, y de repente el padre se convierte en mujer. Son cosas imbatibles. Se inventan su novela; Dickens no lo haría mejor.

Entonces, su profesión y la de ellas tiene mucho en común, crean ficciones…

Sí, pero ellas ganan muchísimo más dinero que yo. Aunque no sé yo si me gustaría ganarlo a ese precio, por vender mi vida así. Me quedo como estoy.

Leí una vez que decía que haber salido en la prensa del corazón perjudicó a su carrera como escritora, ¿le habría pasado igual a un escritor varón?

Mira que a las mujeres se nos suelen juzgar más duramente en todo, pero sospecho que a ningún escritor se le ocurre salir en una revista del corazón. Sería un error garrafal.

El epílogo de la novela es una entrevista de un medio del corazón digital…

Es un fenómeno de nuestra época: nos hemos vuelto unos cotillas cibernéticos. Es algo para mi bastante incomprensible: entras en Instagram y ves a una persona que ha puesto su cafetera al fuego. ¿A quién le importa? Pero de repente tiene 4.000 likes. Nos hemos vuelto locos.

Antes se seguía a gentes de dinero, alcurnia o poder… Ahora seguimos a cualquiera.

Es un fenómeno nuevo: cómo todo el mundo tiene que convertir su vida en un reality.

En este momento de ultracorrección política y lucha feminista, construye un personaje que es un genio de la manipulación. ¿No teme que la acusen de perpetuar el tópico de la mujer manipuladora?

La manipulación es un tema literario apasionante: desde Las amistades peligrosas hasta Retrato de una dama, Proust, Dickens, Austen… Da para mucho. Siempre me ha interesado porque soy una nulidad, nunca consigo manipular a nadie en mi vida. Admiro esa habilidad.

Los hombres aparecen retratados como víctimas de esa manipulación...

Hombres y mujeres, todos son víctimas, porque quien manipula no distingue. Pero de esta novela, donde los tres protagonistas son femeninos, mis personajes masculinos son mis favoritos. He creado unos personajes masculinos bastante potentes para que den la réplica a estas mujeres de gran personalidad. A mí no me interesa hacer novela femenina ni feminista.

¿Ni feminista?

No, poner la literatura al servicio de cualquier causa, por noble que sea, es un error. Tienes que escribir una novela y ella dejará traslucir tus filias y fobias. Pero hacer una novela para demostrar que las mujeres son mejores que los hombres… Fracaso total, te sale un bodrio.

Dicen muchos escritores que la literatura ahora más que entre libros, compite contra el smartphone y Netflix , ¿eso cambia su manera de escribir?

Ha creado una forma nueva de reflexionar. La gente no es capaz de mantener la atención más de cinco minutos. Todas las novelas del XIX con un tempo tan lento, como Henry James que se tira tres páginas describiéndo los canales de Venecia,… No, olvídate, hoy con eso has perdido al 90% de los lectores. Tiene que ser todo como spots publicitarios, por impulsos, por eso ahora las historias son fragmentadas, saltan de una época a otra. El lector no te aguanta 500 páginas sólidas de un solo personaje.

Las tres épocas de su novela las refleja a través de una relación abuela-madre-nieta bastante tormentosa…

En las relaciones familiares cabe todo, lo mejor y lo peor. Hacer una novela sobre una madre y una hija que se llevan fenomenal no funciona, salvo si eres Dostoyevski. Y ni siquiera él lo consiguió, tras El idiota decía que nunca lo había pasado tan mal porque es la historia de un hombre bueno que es aburridísima. Son más interesantes los conflictos. Pero entre madre e hija además hay un elemento de rivalidad que no aparece entre padre e hija. Además, hoy en día esa rivalidad es más notable: ahora la madre se pone una minifalda y un piercing, liga más que la hija y eso crea muchos conflictos.

No es la primera vez que usa contenido autobiográfico en sus ficciones, ¿no es un campo de minas?

Muchas veces me tengo que cortar. Escribir es hacer un estriptis con un sombrero ridículo en la cabeza. Estás expuesto a la impudicia y al ridículo. Cuando empecé, recuerdo que me costaba mucho escribir ciertas cosas: yo adoraba a mi padre y cuando escribía una escena de sexo, pensaba “¿qué pensará papá?” Así no se puede hacer literatura. Me quité rápidamente aquella manía tan poco útil. Y ahora me he vuelto demasiado impúdica y me voy autocensurando un poco. Si no, sería un desparrame.

Esta es una novela muy madrileña, ¿es un homenaje a la ciudad en la que vive?

No es deliberado, pero Madrid es una ciudad muy literaria. Todo el mundo lo piensa sobre Barcelona porque tiene, no sé si más calidad, pero sí más cantidad de novelas. Me hacía ilusión homenajear a esta ciudad que tanto me ha dado.

>> Leer la entrevista en 20minutos.es<<

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