ADN

Carmen Posadas tiene al público en vilo cada año al abrir la plica con el ganador del Premio Planeta. Y seguirá teniéndolo en suspense con su nueva novela, Invitación a un asesinato (Planeta), en la que Olivia, una pija cuarentona y desencantada con la vida, zarpa en velero con ocho de sus mayores enemigos para provocar su asesinato en alta mar.

¿Cree que es verosímil que alguien planee su asesinato?

Pues mientras escribía la novela, en Guatemala un periodista contrató a unos sicarios para que lo asesinaran, y así probar que el presidente del país era corrupto. Durante mucho tiempo se creyó que el presidente los había mandado.

¡Ostras!… ¿Y ha conocido a alguien como Olivia, capaz de cualquier cosa?

He conocido a varias personas así [risas]. Olivia es terrible: acaba de pasar por su quinto divorcio, su marido se ha arruinado y a ella no le interesa seguir viviendo sin esos lujos y partiendo de cero. Pero Olivia al final tiene dos actos de generosidad. Hasta un reloj parado da la hora exacta dos veces al día, decía mi madre.

¿Con cuál de los posibles asesinos simpatiza más?

El que más me divierte es la emigrante peruana, una ex prostituta que llegó a España para servir y fue prosperando. Me interesan los personajes que no son buenos buenísimos ni malos malísimos. Ella podría querer asesinar a Olivia porque le robó a su hija el amor en el altar.

¿Y cuál se le parece más?

Ágata, la hermana de Olivia, se parece mucho a mí porque yo era la fea de la familia. Tengo dos hermanas rubias, de ojos verdes, monísimas, y yo era la mayor, morena, gorda, fea, … Como un conguito.¡No sería para tanto!Sí, sí, … Íbamos por la calle vestidas iguales y la gente decía: «¡Qué ojos tan divinos tiene Mercedes! ¡Qué pelo tan maravilloso tiene Dolores!» Y luego se hacía una pausa siniestra y decían: «Bueno, y la mayor es muy alta». Yo era el patito feo.

¿El libro tiene ecos de las comparaciones con sus hermanas?

Quería escribir sobre la rivalidad entre hermanas, que es inevitable. La primera persona con quien nos comparamos es una hermana. En mi caso, había un poco de complejo.

Las pistas para encontrar al asesino rezuman un estilo digno de Agatha Christie o Alfred Hitchcock. ¿Hasta dónde llega el homenaje?

Es un homenaje a las novelas clásicas del género negro, a las anglosajonas. A pesar de que está muy de moda la novela nórdica, que tiene cosas buenas, no me interesa porque no tiene sentido del humor. Las anglosajonas son capaces de hablar de cosas terribles pero siempre envueltas en el celofán del humor.

¿Y qué tal ha ido la incursión?

No ha sido un camino de rosas. Iba por la mitad y cambié de asesino. Dije: «Carmencita, esto va al fracaso total». Y cambié de personaje.

Entonces no será fácil descubrir quién es el asesino…

Yo me curro los finales, porque como lectora de novela de misterio me da mucha rabia quedarme hasta las cuatro de la mañana leyendo y luego que la resolución del enigma sea una estupidez. Así que trato de que sean sorprendentes y difíciles de averiguar.

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